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Las fábulas egipcias y griegas (1 de 8)

DESVELADAS Y REDUCIDAS A UN MISMO PRINCIPIO, CON UNA EXPLICACIÓN DE LOS JEROGLÍFICOS Y DE LA GUERRA DE TROYA   Dom Antoíne-Joseph Pern...

Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
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04 mayo 2016

(Versículos temáticos de El Mensaje Reencontrado)


Hay dos maneras de salirse de toda cosa, o bien por arriba o bien por abajo.

Quien sale del mundo por arriba es santo y salvado. Quien sale por abajo está loco y condenado.

II


6'. La corteza terrestre extravía a los más sutiles observadores, pero el mar interior ilumina al hombre simple y creyente.

III


92. Si la verdad alegra e ilumina al hombre Sabio, hiere y extravía al ignorante; por eso permanece velada en el mundo.

92'. Quien busca el secreto de Dios encontrará la vida si permanece simple y recto, si no, la locura y la muerte le dispersarán en los abismos.

V


68'. El misterio de Dios es un tesoro que hay que guardar cuidadosamente en uno mismo hasta el tiempo del juicio universal, so pena de ser muerto por el mundo o de matar al mundo.

VII


32'. El agua preciosa parece despreciable en su simplicidad, por eso el mundo la abandona; pero la tierra muerta, que parece adornada con tantas promesas, cuesta la vida a los hombres sometidos a la apariencia.

39'. El hombre Sabio emplea el fuego para madurar, los demás lo usan para matar.

VIII


48'. Hay aquí una gran perdición para los astutos, pero también una gran recompensa para los corazones sencillos y desapegados.

54'. El fuego de Dios edifica la vida. El de los hombres la consume. No obstante, la suavidad del segundo puede manifestar la virtud del primero.

XII


40. La ciencia de los hombres ha puesto el mundo a sangre y fuego. ¿Qué ocurriría si la ciencia de Dios cayera en manos de los malvados?

XIII


37'. Quien penetra el conocimiento se arriesga a la muerte, a la locura o a la ceguera, pero si vuelve a salir indemne, protegido por el amor, Dios lo establece en su eternidad y en su realeza.

39'. La maldición de Dios es como ignorar o devolver su bendición. Así, jamás es él quien condena, sino nosotros que permanecemos estúpida y orgullosamente sepultados en la soledad de la muerte.

XVII


27. ¡Cómo violentan los hombres sus cuerpos! ¡Cómo torturan sus espíritus y cómo vejan sus almas!
«Demos gracias a Dios por la buena criatura y alabémosle por el fruto excelente».

27'. Abandonando los espejismos del mundo y consagrándose a la búsqueda de la unidad divina, el Sabio evita muchas complicaciones, muchos excesos y muchos dolores inútiles.

62. Nuestros malos pensamientos, nuestras malas palabras y nuestras malas acciones son lo que da entrada en nosotros a los demonios de la desdicha, del desespero y de la muerte y, por encima de todo, la curiosidad imprudente de nuestros primeros padres.

62'. Nuestros buenos pensamientos, nuestras buenas palabras y nuestras buenas acciones son lo que nos salva de la mezcla infame y de la muerte putrefacta; pero, por encima de todo, es el amor de Dios lo que nos ilumina y purifica del veneno antiguo.

XIX


7. Como no soportamos la verdad simple, desnuda y perfecta es necesario que el Señor la adorne con follajes y flores para contentarnos. Pero también le ha puesto espinas a fin de alejar a los superficiales y a los inconstantes.
«La corona del Señor bien puede dejar tuertos a los imprudentes y a los presuntuosos que se lanzan desconsideradamente a su cabeza, en lugar de adorar sus pies santos y perfectos».

37'. ¡Cómo hace germinar al creyente la palabra del Señor y cómo endurece al impío! «¡Oh, profundidad!, ¡oh, misterio!, ¡oh, juicio secreto del Perfecto!»

62'. El Señor abre el entendimiento de quien es dócil a su voz, y todo le sale bien sin esfuerzo, pero ciega al insensato que sólo escucha su propio consejo y le conduce a su perdición.

XX


8. Hay dos maneras de salirse de toda cosa, o bien por arriba o bien por abajo.
Quien sale del mundo por arriba es santo y salvado. Quien sale por abajo está loco y condenado.

XXII


5. Juzgáis con vuestra malicia, creyendo sorprender la vigilancia del Señor, pero vuestra malicia os ciega y os conduce a la fosa de perdición, y reís sarcástica y estúpidamente cuando se os habla de la simplicidad rectísima que engendra la luz de vida.
Vuestra razón se ha vuelto como un veneno mortal, y vuestra inteligencia es como un escorpión que se inocula su propio veneno.

73. Los revolucionarios son quemados por Dios, pero no lo saben. ¿Quién les revelará la proximidad asombrosa del Único? ¿Quién les pondrá cara a cara con el fuego divino a fin de que reconozcan a su Señor? ¿Quién les reconducirá hacia la justicia divina, la única que puede contentarlos plenamente?

XXIV


3. Buscando el mundo agonizante, nos convertimos en imanes de muerte y moriremos.

3'. Buscando al Único viviente, nos convertiremos en imanes de vida y viviremos.

XXVII


6. No hay ningún peligro en rezar a fin de recibir el don de Dios, pero hay uno considerable en intentar descubrir el secreto del Único. Muchos han encontrado en ello la impiedad, la locura o la muerte.

46'. Según suba o descienda, el NOMBRE de Dios es una bendición o una maldición, pues tiene un anverso y posee un reverso. Así, el mismo NOMBRE puede producir la vida o hacer aparecer la muerte, según la manera en que se presente a nosotros y también según la manera en que nos presentemos a él.

48'. La palabra de Dios puede salvarnos de la esclavitud y de la muerte donde agonizamos, así como puede precipitar en ellas a los hipócritas y a los impíos que nos agobian con su seguridad y su suficiencia impías.

XXIX


41. Ciertos Nombres de Dios consumen y otros riegan; ciertos Nombres de Dios matan y otros dan la vida; ciertos Nombres de Dios suben y otros descienden.

XXX


3. Todo lo que viene del cielo y no es recibido por los hombres yerra sobre la tierra y se desborda sobre la naturaleza.

3'. La bendición que no es recibida y absorbida se desborda y se convierte en maldición para los ingratos.

15. El soplo del Espíritu Santo es un soplo de vida y de luz que expulsa la muerte y sus tinieblas.

15'. Es un soplo de amor que consuela a los humildes, pero también es un soplo de justicia que quiebra a los orgullosos.

16. Es un soplo que da la vida a los creyentes, pero que puede herir de muerte a los impíos, porque es el soplo de Dios que desciende y sube, que reposa y palpita, que sopla donde quiere, sin que nadie pueda adivinar de donde viene ni a donde va.

37. Así, los santos bendicen los raudales desbordantes de la gracia celeste que los colman, mientras que los impíos maldicen el exceso que no han recibido y que los engulle.

37'. Del mismo modo, los santos bendicen el fuego del amor celeste que los madura y consolida, mientras que los impíos maldicen la superabundancia del amor que no han albergado y que los consume.

XXXVI


2. Quien busque el misterio de unión y de vida sin la bendición y sin el amor de Dios, no encontrará más que la dispersión y la muerte. Ciertamente, estas palabras son verídicas.

34'. La bendición de vida que no es recibida se convierte en maldición de muerte para los malvados. Así, dominaremos a los malvados siendo mejores que ellos en todo y para todo.

35'. Si nuestra fe y nuestro amor en Dios son perfectos, convertiremos a nuestros perseguidores, o bien, el fuego del cielo los consumirá ante nosotros.

36'. Bendigamos a nuestros perseguidores en nuestros corazones en nombre de Dios, pues según lo que sean en realidad, la santa piedra los iluminará y elevará, o bien, los cegará y aplastará.

94. Los nombres de Dios deshacen subiendo lo que han hecho bajando. Así, no hay que torcerlos ni exponerlos, como hacen los ignorantes que no conocen lo que baja sobre la tierra ni lo que sube al cielo.

XXXVII


50. Los incrédulos que intentan forzar el secreto de Dios y los que tratan de violar la santa naturaleza, serán destruidos desde dentro y desde fuera por su propia malicia y por su propia rebeldía.

50'. Los creyentes que oyen la palabra de Dios y que la realizan ayudando la santa naturaleza, serán salvados dentro y fuera por su propia simplicidad y por su propia obediencia.

XXXX


22. Nuestra gran inteligencia y nuestra sutil malicia nos alejan de la salvación de Dios con tanta seguridad como la estupidez y la grosería de los brutos establecidos aquí abajo.


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18 marzo 2016

[...] Sabiduría  para  reconocer la  diferencia.
Extracto de la Plegaria de la Serenidad
San Francisco de Asís

Comparativa con El Mensaje Reencontrado:

I

45. La verdadera sabiduría consiste en separar lo que es bueno de lo que es malo y en unir lo que es bueno con lo que es mejor.

II

67. La reflexión debe necesariamente preceder a toda experimentación para llegar al verdadero conocimiento.
67'. El final de la duda:
La experiencia de Dios por el conocimiento de la naturaleza y del hombre.

III

10. Acostumbrarse a la muerte del espíritu nos oculta los milagros de Dios y de la naturaleza.

IV

54'. Es mejor no ser instruido por Dios que obstinarse en no oírle.
«Reposa y serás animado, vacíate y serás llenado».

V

40. Quien descubre la verdad de Dios sonríe incluso a la desgracia y a la muerte.
40'. Cuando poseamos la verdad unida, ninguna contradicción ni consentimiento harán vacilar nuestro juicio.

VI

12'. Lo que desciende a lo más bajo es lo mismo que sube a lo más alto, para reunir el Universo esparcido.

VII

38'. La sabiduría es preferir la cualidad oculta de cada cosa a la vestidura tenebrosa del mundo.

VIII

46. Todo lo que no es intensamente sentido, ardientemente deseado y animado por la fe es nulo y sin efecto.

IX

2'. He buscado la verdad hasta en la corrupción del mundo y he separado la vida de la muerte.

X

7. Toda ciencia, toda religión y toda jurisdicción que se aparta de las leyes naturales y divinas es falsa y conduce a la muerte.

XI

63'. Quien se ha librado de la voluntad de obrar bien y del miedo de obrar mal está cerca de la libertad de Dios.

XII

10. La acomodación al mundo es como el olvido de Dios.

XIII

14'. Interroguemos al Señor en cualquier circunstancia y conoceremos la verdad acerca de todo.

XIV

22. Examinemos el bien y el mal que ocurren a los demás y a nosotros mismos, y alabemos al Señor por la forma magistral con que enseña a los ciegos y a los clarividentes.

XV

8'. La buena voluntad en Dios es lo que nos salva de la muerte y la buena voluntad en nosotros mismos es lo que nos precipita en ella. En efecto, si bien ambas son ciegas, la primera, sin embargo, es guiada y se vuelve receptiva y organizadora, mientras que la segunda es errante y se vuelve anárquica y destructora.

XVI

3. Haznos humildes, pacientes, amantes, inocentes y puros a fin de que seamos plenamente fecundados por tu amor y conducidos hasta tu gloria imperecedera, Señor magnánimo y perfecto.

XVII

17'. Si no somos lo bastante fuertes como para convertir a la mala compañía, huyamos de ella antes de que nos haya pervertido y echado a perder por completo.

XVIII

8'. La inteligencia nos ha sido dada para que la cabalguemos y sirva para nuestra liberación y no para que nos aplaste y nos encadene en este mundo mezclado.

XIX

1'. No adaptemos las Escrituras santas a nuestros pequeños pensamientos, ya que al final todo irá mal para nosotros.
Dobleguemos, más bien, nuestros deseos a la palabra de Dios para gozar de la protección y de la ayuda del Todopoderoso.
«Si nos aferramos ciegamente a nuestras opiniones, ¿cómo podrá Dios instruirnos en la vida?»

XX

22. Prescindiremos fácilmente del mundo exterior el día en que ya no podamos prescindir del Señor interior.

XXI

11. Nunca discutamos vanamente para tener razón; más bien, interroguemos con humildad y luego experimentemos la verdad de la respuesta en nuestro espíritu y en nuestro corazón.

XXII

14. Contrariamente a lo que piensa mucha gente, los verdaderos realistas son los creyentes que buscan la vida substancial y esencial que no perece, mientras que los delirantes abstractos son los que se apegan a la materia perecedera.
Tal vez, esto haga reflexionar a algún inteligente que ama a Dios y que lo busca en su corazón.

XXIII

58. Cuanto más nos agitemos, más nos hundiremos en el mundo.
Cuanto más reposemos, mejor flotaremos en el cielo.

XXIV

41'. «Resignaos y morid», es la palabra del enemigo.
«Buscadme y vivid», es la palabra del amigo.

XXV

49. La caída del hombre tiene una finalidad divinamente elevada, que es la adquisición de un cuerpo bajo y su glorificación en Dios.
49'. Los que predican el rechazo del cuerpo también pierden el espíritu y tienen que volver a soportar la encarnación en unas tinieblas todavía más opacas.

XXVI

47. La fe, la simplicidad y la sobriedad nos mantendrán en vida con más seguridad que la ciencia, que el progreso y que la abundancia del mundo profano que va a la muerte sin saberlo. «¿Recibiremos el don de Dios con inteligencia?»

XXVII

4. Apegarse a la casa, a la oficina, al taller, al cuartel o al monasterio es lo mismo.

XXVIII

8. No nos dejemos distraer de nuestra búsqueda por las imágenes del mundo y aún menos por las imágenes de las imágenes del mundo, que son como una vanidad de la vanidad. Contemplemos, más bien, la imagen del Señor en nuestros corazones purificados, hasta que lo encarnemos triunfalmente en la vida que no perece.

XXIX

22. La duda y la impiedad nos son transmitidas por simple contacto como las enfermedades contagiosas, y morimos como apestados en el horror y en el hedor. ¿La fe de algunos no nos salvará del mismo modo?

XXX

26. Con Dios, henos aquí por encima de todo. Sin Dios, henos aquí por debajo de todo.
26'. La cosa es fácil de verificar en nosotros y alrededor nuestro.

XXXI

5. ¿Sabemos bajo qué figura el Señor se nos presentará? Y ¿estamos seguros de reconocerle a tiempo?
5'. Todas las formas le pertenecen por excelencia, porque él las manifiesta y las disuelve sin esfuerzo en su creación continua.

XXXII

41. Buscar el mundo y servir al Señor es imposible.

XXXIII

2. ¿Quién llegará al último grado de la santa pirámide de la jerarquía divina?
2'. ¿Quién será identificado con la piedra celeste que la corona y la termina?

XXXIV

11. Examinemos cuidadosamente lo que dicen los profetas de Dios, y desconfiemos de lo que los intérpretes les hacen decir.

XXXV

1'. ¿Quién osaría intervenir en los asuntos profanos de los hombres, cuando ni siquiera el Señor Dios pone la mano en ellos? ¿Acaso cada uno no debe creer, rezar, buscar y encontrar para sí mismo?

XXXVI

2. Quien busque el misterio de unión y de vida sin la bendición y sin el amor de Dios, no encontrará más que la dispersión y la muerte. Ciertamente, estas palabras son verídicas.

XXXVII

19. Todo lo que hacemos para el mundo no nos da ningún derecho sobre el mundo, pero aumenta nuestros deberes y nuestras cargas para con él.
19'. Todo lo que hacemos para Dios nos somete toda su creación y nos vuelve libres en ella.

XXXVIII

3'. Los verdaderos hijos de la palabra de Dios permanecen libres, despiertos, amantes, sobrios, creyentes y buscan el todo en todas las cosas, incluso en nada.

XXXIX

31. La ciencia profana ha conquistado incluso el corazón de los religiosos, que se alían con ella sin darse cuenta de que les devora sin perdón.
31'. Porque han despreciado la ciencia de Dios que se ha retirado de ellos, y ahora son ridiculizados por la ciencia del demonio a la que adoran públicamente.

XL

9. Practicaremos ciega y estúpidamente los consejos del maestro que nos dice que recemos por nuestros enemigos y bendigamos a nuestros perseguidores, que amemos, socorramos y soportemos a los demás y a nosotros mismos, que no juzguemos y no condenemos, que pidamos nuestra vida a Dios todos los días y que le demos gracias y le alabemos por este don inestimable, perdonando a todos y haciendo el bien en secreto, sin preocuparnos demasiado de los asuntos del mundo.

Nuestro más sincero agradecimiento a Anna Mª F. por su colaboración.

Parte 2/3 Inicio
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06 febrero 2016

[...] el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar...
Extracto de la Plegaria de la Serenidad
San Francisco de Asís

Comparativa con El Mensaje Reencontrado:

I

1'. Sea cual fuere lo que haya­mos de­ci­dido hacer, perseveremos hasta que el absurdo o la luz de Dios nos libere y nos haga li­bres en el acto y en el re­poso.
La verdad que separa y que une. Unos. Dos. Uno y nada más.   

II

1. Los hombres nuevos provocan siempre escándalo.

III

75. La mediocridad asegura contra los dolores y las alegrías excesivos.

IV

18'. El ancestro de los días nos sonríe a través de la muerte, pero permanece sin nombre y sin rostro en la eternidad.

V

26’. El santo que ruega a Dios en su corazón es más eficaz que todos los ejércitos del mundo reunidos.

VI

48’. La verdadera rebeldía contra este mundo sólo se hace conocer a Dios, quien la vuelve muda y paciente en extre­mo.

VII

28. El deseo ferviente dirigido por una voluntad paciente se convierte en una fuerza que puede separar y unir, matar en el mundo y vivificar en Dios.

VIII

37’. «La verdad de Dios nunca coincide con las pasiones del mundo».
Se precisa una audacia inaudita para escuchar la voz interior que nos contraría siempre, pero hace falta el valor de un idiota para obedecer ciegamente sus santas exhortaciones.

IX

10. Todo conocimiento no experimentado es nulo porque no tiene efecto.
10'. Los Hijos de Dios liberan de la miseria, de la enfermedad, de la vejez, de la duda y de la muerte. Es la señal que no engaña.

X

30’.  Quien es instruido se mantiene en la soledad, en el despojamiento y en la paz del ser perfecto.

XI

59. Quien lo ha dejado todo venir y lo ha dejado todo partir puede vol­ver­se útil­men­te hacia Dios, pues ya está en él.

XII

75. Olvidarse de uno mismo no es ex­cluirse del mundo y de la humanidad, es fundirse en ellos hasta poder amarlo todo y no juzgar nada.

XIII

16. Enséñanos las plegarias vigorosas como el celo del amor.
- Danos los impulsos que llevarán nuestras almas más allá del abismo.
- Cántanos el NOMBRE que fuerza las puertas de la muerte.
- Nútrenos con la esencia que arrastra el oro vivo.
- Ofrécenos el sol redentor de nuestras vidas extraviadas.

XIV

50. El más adelantado de entre los transeúntes de este mundo es el que soporta sin murmurar las vicisitudes de la vida encarnada y ya nunca se plantea esta pregunta: ¿cómo? y ¿por qué?, pues la fe que reposa en la Providencia de Dios no interroga.

XV

10. Ejercitémonos en soltar las pequeñas cosas, a fin de que cuando las grandes nos dejen permanezcamos serenos, pues seremos ricos en Dios.

XVI

67. Exigiendo mucho de uno mismo y muy poco de los demás, se logran todas las victorias deseadas.
67'. Examinándose naturalmente hasta el corazón y reposando en el mundo, se llega rápido hasta Dios.

XVII

20'. Nombraremos nuestra esperanza con fe contra toda apariencia contraria y contra toda razón que se oponga, eliminando así la duda y el miedo que matan el alma.

XVIII

2'. Es duro creer sin haber visto y, sin embargo, ¿quién puede ver sin haber creído locamente lo increíble?

XIX

43. Todo lo que pidamos con fe y perseverancia se realizará algún día ante nuestros ojos, aquí abajo.

XX

18. ¿Cómo creer en Dios en este mundo absurdo cuando no se ha visto lucir la luz del Perfecto?

XXI

20'. Si no vamos audazmente hacia el Señor con los ojos cerrados, el Señor no vendrá a nosotros y no quitará la venda que nos ciega y que impide nuestra aproximación a la luz asombrosa del Único.

XXII

4'. Estudia el Libro y mendiga tu pan si es el camino más corto para ti, ya que sólo cuenta el precioso hallazgo del Señor y sólo la ciencia del Único da el peso de la vida que no perece.

XXIII

29. ¡Oh, mi Señor!, regocíjate en mí y así todo estará bien, pues tu alegría sumerge toda ansiedad e incluso hace reír de la muerte.

XXIV

3. Buscando el mundo agonizante, nos convertimos en imanes de muerte y moriremos.
3'. Buscando al Único viviente, nos convertiremos en imanes de vida y viviremos.

XXV

2'. Sólo la encarnación palpable del Señor de vida puede liberarnos de todo mal y de toda muerte.

XXVI

14'. Vencer o morir, tal es la alternativa que Dios nos propone. El cielo saluda con sus cantos a los renunciados-liberados, pero adora a los vencedores-encarnados.

XXVII

54. Frecuentemos el mundo y cosecharemos el salario del mundo, que es la muerte.
54'. Frecuentemos a Dios y recibiremos el salario de Dios, que es la vida salva.

XXVIII

20. Es verdaderamente fuerte quien no teme parecer débil, poniéndose de acuerdo con su adversario antes del tiempo del juicio.

XXIX

8'. ¿No tenemos que someternos cada vez más a la voluntad de Dios y a la reprobación del mundo?

XXX

42. No basta con que creamos obrar bien, es absolutamente necesario que obremos bien para ser salvados.

XXXI

7. No es bueno triunfar, ni brillar, ni siquiera tener razón frente a nadie en este mundo tenebroso, envenenado por la envidia y el odio.

XXXII

5. El deseo ardiente de la salvación de Dios imanta al Señor del cielo hasta dentro de nuestros corazones.

XXXIII

Hipógrafo 2º: ¡Oh, hombres nacidos de la tierra!, ¿por qué os habéis entregado a la muerte, cuando tenéis el poder de participar en la inmortalidad? HERMES TRISMEGISTO

XXXIV

18'. El amor y la caridad sólo pueden ser entendidos y practicados por los que primero han entendido y practicado la tolerancia hacia ellos mismos y hacia los demás.

XXXV

20. En el infierno no se reza, sino que se aúlla con los malditos. Permite que comprendamos la lección, Señor, antes de que seamos precipitados ahí brutalmente.

XXXVI

21. Si no escuchamos la voz que nos vuelve a llamar a la vida, seremos despertados a puntapiés y degollados en el matadero de la muerte, a pesar de nuestros aullidos de bestias brutas. Desgraciadamente, el infierno no es un cuento de niños.

XXXVII

7. ¡Oh, amigos!, el Señor está oculto en vosotros, y espera de la fe de vuestra inteligencia y de la buena voluntad de vuestro amor que le dejéis llegar a ser el compañero todopoderoso que libera de las manos de la muerte. ¿No os dejaréis ayudar a nacer en la vida, por las manos muy expertas del Único?

XXXVIII

54'. La mayor inteligencia en Dios es como la mayor sabiduría en Dios y como la mayor locura en el mundo.

XXXIX

15. En todo lo que sembramos y en todo lo que crece y se multiplica, pensemos en la parte de los servidores y de los pobres de Dios, y nuestros bienes crecerán y se multiplicarán proporcionalmente a esta parte concedida a los hijos del Altísimo.

XL

7'. Iremos a los humildes, a los pobres, a los desheredados, a los abandonados, a los ignorantes, a los sencillos, a los pequeños, a los vagabundos, a los oprimidos, a los inválidos, a fin de que sean enriquecidos, liberados, honrados, instruidos, curados y resucitados en el Señor que viene.

Nuestro más sincero agradecimiento a Anna Mª F. por su colaboración.

Parte 1/3
Parte 3/3
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10 enero 2016

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar...
Extracto de la Plegaria de la Serenidad
San Francisco de Asís

Comparativa con El Mensaje Reencontrado realizada por Anna Mª F.:


I

66'. La libertad se conquista sobre las pasiones, los deseos y la muerte.

II

6'. La corteza terrestre extravía a los más sutiles observadores, pero el mar interior ilumina al hombre simple y creyente.

III

18'. El olvido de uno mismo engrandece al hombre hasta el origen sin límite, del que se reviste el Desconocido.

IV

12. El Sabio habla poco, lo observa todo y pocas veces actúa. Conoce la inanidad de todo lo que no acaba en Dios.
12'. La sabiduría consiste en no prejuzgar nada del mundo, sino considerar lo que lo transforma a fin de descubrir lo que es.

V

56. Quien está instruido considera el mundo como el velo que cubre la realidad  viva de  Dios.

VI

14. La desgracia mantiene despierto al hombre en el medio mismo de la muerte.

VII

62'. Quien permanece en la adoración secreta es llevado por el agua del Señor.

VIII

3. El Padre del mundo, que habita la Madre universal, es inaccesible a la mancha de las tinieblas exteriores.

IX

48. Ejercitémonos desde ahora a abandonarlo todo y a volvernos hacia Dios, antes de que todo nos abandone y se vuelva contra nosotros.

XI

45'. El Sabio actúa gratuitamente porque sabe que todo está en Dios.

XII

18. Sin las lecciones de la desgracia y sin los fracasos de este mundo, cuántos hombres estarían hundidos en la muerte para siempre?

XIII

29. No nos conmovamos por nada, pero estemos atentos a todo lo que sobreviene al mundo y a nosotros mismos, a fin de aprender a distinguir la realidad divina de las apariencias de la creación mezcla­da.

XIV

22. Examinemos el bien y el mal que ocurren a los demás y a nosotros mismos, y alabemos al Señor por la forma magis­tral con que enseña a los ciegos y a los clarividentes.

XV

30'. Si pensáramos primero en la luz del Señor soterrada en el fondo de cada ser, soportaríamos con más facilidad las contradicciones y la ceguera de sus tinieblas exteriores, y estaríamos confundidos por nuestro propio oscurecimiento interior.

XVI

39'. Roguemos al Señor para que nos permita alcanzar el fondo de las cosas y de nosotros mismos a fin de poder acceder a su grandeza divina y a su santísimo reposo.

XVII

10. La prueba del origen divino de la creación es su rebeldía ante la muerte y su habituación innata a la vida que no perece.

XVIII

40'. La plegaria y la alabanza no son un fin en sí mismas, sino más bien el apren­dizaje del silencio en Dios, que es lo único que nos instruye plenamente.

XIX

44. Hagamos todo lo necesario para agradar a Dios y soportemos pacientemente los juicios ciegos del mundo, sin desafío ni justificación profana.

XX

18. ¿Cómo creer en Dios en este mundo absurdo cuando no se ha visto lucir la luz del Perfecto?

18'. ¡Oh, misericordia infinita de la fe ciega! ¡Oh, asombrosa seguridad del amor divino!

XXI

11'. ¡Oh, Preciosísimo!, danos la inteligencia de las sentencias misteriosas enunciadas por los Sabios de tu casa y haz florecer nuestra vida oculta.

49. ¡Oh, mi Señor!, eres mi padre y mi madre, eres mis hermanos y mis hermanas, eres mi compañera y mis hijos. Eres el bien y el amigo indefectible que se acuerda de sus bienamados en este mundo.

XXIII

34'. El que no violenta nada dentro ni fuera lo ve crecer todo en él y alrededor suyo sin esfuerzo.

XXIV

8. Ya no hay soledad, ni tristeza, ni abandono para el que conversa en su corazón con el Perfecto.

XXV

45'. Los fracasos y las privaciones sólo sirven útilmente a los que tienen  la voluntad de buscar a Dios, porque esto les evita perderse en el mundo.

XXVI


16'. La paz de las bestias preconizada por algunos jamás podría ser la paz de  Dios propuesta por Dios.

XXVII


1. Toda desgracia que nos golpea aquí abajo es una maravillosa ocasión de ascesis para volver a Dios, si sabemos aceptarla alegremente en vez de rechazarla. Pero muchos prefieren volver a revolcarse en el barro del mundo.

XXVIII


28. Pocos hombres son capaces de soportar sin morir la libertad de Dios, y pocos hombres son capaces de soportar sin desfallecer el libre albedrío que les ha sido otorgado aquí abajo.

XXIX

8. ¿El Señor no lo ha soportado todo por amor al Único y por amor a los hombres extraviados en la muerte?

XXX

2. Un pequeño hilo de las grandes aguas apenas llega hasta nosotros ahora, y agonizamos en el mundo pidiendo gracia.
2'. Un día, nadaremos en la inmensidad del mar celeste, y todo nos será dado con profusión, incluso antes de que lo pidamos.

XXXI

13. Que quien se sienta solitario y abandonado en el mundo que se anime, que ruegue al Señor y a sus santos en su corazón y recibirá lo que haya pedido.

XXXII

47'. Pues el Señor es un buen jardinero que nos poda, nos riega, nos ilumina y nos fecunda según su ARTE que es perfecto.

XXXIII

46'. La aceptación, la soledad y el ocio nos son útiles por encima de todo para buscar el joyel que nos salvará de la dispersión de la muerte, pues una nos libera de los cuidados del mundo, la otra nos evita sus preocupaciones y el último nos da el tiempo necesario para la santa búsqueda de la vida.

XXXIV


9. Soportaremos con paciencia nuestra sequedad y la humectaremos con la lectura de las Escrituras reveladas que liberan de la duda.

XXXV


21'. La humildad es acordarnos siempre de que estamos en equilibrio inestable al borde del abismo, donde nadan el sufrimiento, la locura y la muerte.

XXXVI


44. Roguemos a Dios a fin de que abra nuestros ojos y roguémosle a fin de que destape nuestros oídos.
44'. Pero roguémosle sobre todo para que desligue nuestros corazones de la mugre de la muerte y los ligue en su luz de vida.

XXXVII


21'. El Señor Dios ha trazado una vía misteriosa y muy evidente, a fin de que todos podamos salir del barro donde hemos caído por desobediencia a su santo mandamiento. Él la revela a sus hijos arrepentidos que hacen su voluntad y realizan su obra.

XXXVIII


19'. Nuestra fe radica en la certeza de la naturaleza divina encarnada en la carne del mundo.
Nuestra fe se nutre de la esperanza de reencontrar esta naturaleza divina sepultada en el pecado de muerte.
Nuestra fe se anima por la efusión del Espíritu Santo que fecunda la naturaleza divina y así nos rehace hijos de Dios, a imagen de Dios mismo.

XXXIX

16. Ofrezcamos todos los días de nuestra vida una nueva alabanza al Señor de vida,como pondríamos un grano de trigo en un saco, y nos asombraremos de habernos hecho semejante tesoro tan fácil y rápidamente.

XL

2. ¡Oh, Señor de libertad!, danos la inteligencia suprema que es la obediencia a tu santa voluntad, a fin de que tu creación esté sometida a nosotros por el amor que tenemos por ella, como estamos sometidos a ti por el amor que nos tienes.



Parte 2/3
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17 mayo 2015

(Versículos temáticos de El Mensaje Reencontrado)

IV


19. Los Hijos de Dios son enviados por el amor para reconducir a su manantial a los hombres extraviados en las tinieblas inmóviles de la muerte.
Rechazar o matar a uno de estos mensajeros es devolver a Dios su perdón y condenarse al exilio para siempre.
19'. La luz del sol, de la luna y de las estrellas fecunda perpetuamente el agua del cielo que lleva la simiente hasta las profundidades de la tierra, de donde surge la vida de los seres y de las cosas.

V


5. El enviado de Dios no experimenta ninguna prudencia cuando el fuego del Señor le posee.
5'. El santo preserva la existencia de los demás sacrificando la suya.

41. Quien obedece a Dios desagrada a los hombres vulgares.
41'. Dios imanta a sus Hijos hasta liberarlos del exilio antes del tiempo señalado.

IX


9. Los santos permanecen en el barro para ayudar a sus hermanos, que son una parte de sí mismos, así como ellos son una parcela de Dios.
9'. Quien se expone por los demás recibe mil salivazos por una flor. Es la ley del rescate.
«¿Quién no se expondría por el Señor de amor?»

X


34. El hombre puro y perfecto no recibirá más de nueve mujeres nítidas y no menos de tres.
34'. Un santo enviado de Dios justifica, equilibra y fecunda a todo un pueblo de creyentes unidos por la gracia y por el amor.

XIV


12'. Imantaremos en nosotros la luz del Perfecto para la salvaguarda y para la renovación de toda la creación.
¿Quién puede verificar esto ahora?
¿Quién puede experimentar la verdad del Libro aquí abajo?
¿Quién puede tener en su mano el peso de la altura?

52. La recompensa y la alegría de los santos y de los Sabios es ofrecer a Dios los agradecimientos, las alabanzas y el amor de los que han retirado de la muerte por su enseñanza, su ejemplo y su sacrificio.
52'. Los locos trabajan contra la creación y la perjudican, pero no lo saben.
Los Sabios liberan la creación y la dan a luz, pero conocen la finalidad de sus esfuerzos.

XIX


65'. A un viviente se le perdona todo, excepto estar presente entre los agonizantes de este mundo.
«¡Oh, sacrificio santísimo de los Hijos del Único!»

XXVII


16. Creemos correr tras Dios, pero Dios aún corre mucho más tras nosotros.
16'. ¿Acaso no está con nosotros incluso en la cloaca del mundo, para sacarnos de ella?

XXXV


17'. Ahora, Señor, henos aquí reconciliados con todos los seres caídos en el barro del pecado, sin distinción, y nuestro corazón está unido para siempre a los corazones de los desgraciados que sufren en la gehena.

19. Tú nos sumerges en la gehena con los condenados, Dios mío, y después nos retiras de ella, a fin de que comprendamos que también debemos visitarlos y reconfortarlos en tu NOMBRE.
19'. Tus lecciones son duras, Señor, y muchos no las comprenden, pero para tus hijos es un enriquecimiento sin fin. ¡Oh, buen Señor!, enséñanos suavemente y con paciencia, porque este mundo es malvado y el dolor habita en él.

25. Tú nos mezclas con los condenados y te retiras de nosotros a fin de que mesuremos nuestra nada. Realmente, Señor, no estamos orgullosos de nosotros aquí abajo.

36. Señor del cielo ¿cómo escaparemos, sin tu ayuda, del embrutecimiento de las necesidades de la vida exiliada en la tierra?
36'. Este mundo es una terrorífica batalla de bestias brutas que no conviene a los pacíficos hijos de Dios.

37. Los Hijos de Dios no poseen nada en este mundo perecedero, porque su reino está en el sol bienamado.
37'. Por eso, nos predican el desapego del mundo terrestre y el retorno al mundo celeste donde la vida no está contaminada por la muerte.

38. El hombre es ingenioso para organizarse en esta tierra de exilio, pero no puede salir de ella sin la ayuda de Dios.
38'. Verdaderamente, el reino de Dios no es de este mundo, por eso los Hijos de Dios parecen errantes y pobres en la tierra.

41. No, este no es un Libro para los saciados del mundo que se han instalado definitivamente en la cloaca de la muerte.
41'. Es un Libro para los hambrientos del cielo que buscan llorando su patria perdida.

XXXVI


49. Dios nos envía un profeta antes del golpe que nos va a hundir en el embrutecimiento ciego y sordo de la muerte.
49'. ¿Dónde están los creyentes de Dios que se convierten al amor de Dios y de los hombres, a fin de escapar del aniquilamiento que viene?

95. ¿No estamos enviado por Dios y encargado de preparar la vía real del advenimiento santísimo del Señor victorioso y glorioso, que va a someter toda la tierra a su ley de amor y de paz?
95'. ¿No tenemos en nosotros el Espíritu de Elías y no somos precursor del Señor resucitado en su gloria, que viene al mundo entenebrecido para el juicio tan temido por unos y tan esperado por otros?
95". Llamamos a los creyentes de Dios y volvemos a llamar a los hijos de Dios, pero no tenemos que convencer a nadie en el mundo.
Así pues, ¡que quien vacile y dude pida a Dios una señal en su corazón, que le iluminará plenamente!

XXXVIII


60. El don de Dios permanece solitario en nuestro corazón y en nuestras manos, porque este pueblo se ha vuelto imbécil a fuerza de creer en su propia inteligencia, y se sacia de las obras de la muerte, y rechaza la obra de vida que le es ofrecida gratuitamente.
60'. Nos retiraremos, pues, de esta nación a la que somos enviado, pero que no nos acepta, a fin de que nuestra predicación no sea motivo de escándalo o de maldición para nadie, ya que no puede ser motivo de edificación y de bendición para nadie en ella.
60". Si el Señor está con esta nación seremos, ciertamente, excluido; pero si él está con nosotros, ¿no será excluida esta nación? ¡Que el Señor se las arregle, pues, directamente con ella o que la arregle con sus demasiado inteligentes y sus demasiado astutos, y que nuestras manos estén limpias de su sangre corrompida y rebelde!

XXXIX


34. ¡Oh, dolor! Nuestra voz es ahogada por la multitud de lisiados que se hunden alegremente en la muerte hedionda del infierno, y permanecemos solo, sin medios ni auxilio para hacer oír la última advertencia del Señor de justicia que nos envía al mundo, como el grano bajo la rueda de molino.

36. ¡Oh!, ¿quién se ayudará a sobrevivir ayudándonos en nuestra misión que se ha vuelto imposible por la indiferencia de todos?

37. ¿Cómo nos recibirá nuestro Señor si ni siquiera conseguimos hacer oír su amonestación en este mundo agonizante y profanador?
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29 enero 2015
(Versículos temáticos de El Mensaje Reencontrado)


Si no vaciamos el cuerpo por el ayuno, el espíritu por la oración y el alma por la contemplación, ¿cómo podrá el Señor colmarnos de su presencia triple y única?
XIV: 49'

III


3'. Todos ven al ancestro, algunos lo reconocen, uno sólo lo despierta y libera el mundo del pecado.
«Danos tu NOMBRE secreto, ¡oh Señor!, si juzgas que nuestros corazones son lo bastante puros como para no morir por ello».

IV


22. ¡Señor, concédenos el amor y el conocimiento que podamos soportar sin morir y perdona nuestra ceguera lamentable!

V


66'. El Espíritu Santo hace aparecer el alma pura y exalta el cuerpo nítido.
«¡Oh santa trinidad, sol admirable de la gracia, del amor y del conocimiento!»

VIII


45. Nadie es más libre que un Sabio y nadie está tan ocupado como un loco.

45'. Más allá de las plegarias, en el reposo del espíritu, es donde Dios manifestará su gloria en nosotros.

X


60'. Os adoramos, Agua, madre de las aguas, pues el fuego viviente está en vuestro centro y sois excelente sobre todas las demás luces. El sol es vuestra producción magnífica. Santa Madre del fuego, socorrednos ahora y en la hora del paso difícil. ¡Que así sea!

65'. ¡Oh! ¿quién nos dará la fe absurda y la perseverancia loca?
¡Oh! ¿quién nos enseñará la simplicidad irrisoria y la humildad totalmente desnuda?
¡Oh! ¿quién hará brillar ante nosotros la santa luz de Dios a fin de que nos volvamos como el oro del Perfecto?

XI 


26'. Que los creyentes que aman el Libro oren en sus corazones y digan: «Que quien nos ha hablado de tu gracia, de tu amor y de tu ciencia esté ebrio de ti para siempre, ¡oh Señor!»

XIII


16. Enséñanos las plegarias vigorosas como el celo del amor.
-Danos los impulsos que llevarán nuestras almas más allá del abismo.
-Cántanos el NOMBRE que fuerza las puertas de la muerte.
-Nútrenos con la esencia que arrastra el oro vivo.
-Ofrécenos el sol redentor de nuestras vidas extraviadas.

5'. Soportar las injusticias, injurias y vejaciones personales no impide contestar a las que se hacen a los débiles y a los santos.
«El tentador y el tentado se reunirán un día en el que tienta, como el amante y la amada subsistirán finalmente en el Amén».
«Sólo oímos el eco de tu voz, sólo percibimos el reflejo de tu claridad, y henos aquí del todo estupefactos, cegados y sin fuerzas ante tu grandeza».

XIV


47'. ¡Oh, mi Señor secreto!, todo mi progreso en ti eres tú quien lo realiza en mí, y mi desnudez permanece como mi único ornamento ante tu esplendor.

XVI


19'. Ahora, Dios mío, si hemos hablado según tu verdad santa y si hemos actuado según tu recta vía, deja fluir tu bendición y haz llover tu amor sobre tus hijos bienamados. Concede tu reposo a tus servidores obedientes. Proporciona tu paz a tus héroes abnegados. Comunica tu sabiduría a tus amigos fieles. Multiplica tu amor en tus amantes Hijos. Haz brotar tu vida pura en tus imágenes oscurecidas.
Envía tu salvación a tus huesos dormidos.

20'. Ahora, Señor, que hemos labrado y que hemos preparado tu cosecha, concédenos las primicias de tu abundancia y danos las prendas de tu gloria sin par.

XVII


2'. Satán lleva tanta ventaja que los santuarios de Dios le sirven ahora de bancos y agencias de propaganda sin que lo sepan.
«¡Oh, Señor compasivo!, ¿quién nos salvará del infierno si tú no vienes rápidamente a socorrernos?»

39. ¡Oh, Señor!, perdona a los ignorantes, a los extraviados y a todos los pecadores arrepentidos, pero golpea a los hipócritas que fingen públicamente piedad y virtud, y que están llenos de odio, disimulo y orgullo.

XVIII


19'. ¡Oh, bello Señor de compasión, ven a nosotros que te rogamos desesperada y locamente en nuestros corazones exiliados!
-Libera a tus pequeños bienamados antes de que el horror los trague por completo.

36'. ¡Oh, santa luz de vida que luces en las tinieblas del fin!, ¿cuántos han visto tu salvación? Y ¿cuántos la verán antes del juicio definitivo?

37'. ¡Oh, vida fugitiva, el Señor del cielo te fecundará y te fijará en la paz del oro santo, y tu gloria iluminará los mundos y tu virtud apagará la sed de los creyentes del Universo grandioso!

39. Señor, proporciónanos la ausencia de nosotros mismos para que gocemos de tu presencia santa y para que encontremos tu verdad oculta que salva de la muerte.

39'. Haz que no oigamos más que tu voz verídica, haz que no veamos más que tu faz radiante, haz que no recibamos más que tu soplo vivificante, ¡oh, belleza santa y velada!

40'. La plegaria y la alabanza no son un fin en sí mismas, sino más bien el aprendizaje del silencio en Dios, que es lo único que nos instruye plenamente.

56'. Después de haber rogado al Señor generoso, añadamos siempre esto: «Satisfaz mi deseo, Padre todopoderoso, si ello no ha de perjudicarme ni perjudicar a tus hijos».

XIX


52'. Señor, enséñanos la humildad de tu santa búsqueda, colócanos una pesada carga sobre la espalda y tierra en la boca hasta que consideremos el tocón de donde hemos sido sacados y hasta que tu bendición nos libere del hedor del pecado y de la oscuridad de la muerte.
Señor, por compasión, haz que callemos y que no expliquemos nada profana y vanamente a nadie.

XX


73". Hay una plegaria importante y urgente que debemos repetir todos los días de nuestra vida exiliada: «Libéranos, Padre Todopoderoso, de la mugre inmunda que nos sumerge por todas partes, a fin de que resplandezcamos de nuevo en tu pureza, y fecúndanos con tu santo amor, a fin de que seamos fijados en ti por la eternidad».
AMÉN.

XXI


4'. Confesémonos así al Altísimo: «Me acuso de haber caído aquí abajo por mi culpa y de encontrarme en el estado lamentable en que me ves, pero quiera tu voluntad liberarme del horrible barro del pecado de muerte y quiera tu voluntad revestirme de tu santa luz de vida, ¡oh, Misericordioso!, cuyo corazón es una hoguera de perdón y de amor, tú, eterno Amante de almas amadas».

6'. ¡Oh, Señor todopoderoso y misericordioso!, quita el saco que nos ciega y ensordece, rompe la canga que aprieta nuestros cuellos y nuestras manos, y desanuda las ligaduras que traban nuestros pies para que caminemos en tu luz de vida publicando tus bondades y elevando nuestras manos en ofrenda hacia tu santísima faz. ¡Loado seas, tú, que nos liberas del afuera por lo de dentro, oh, Viviente, pues ridiculizas toda muerte para siempre!

74'. Ten piedad de los supervivientes de tu pueblo y agrúpalos en tu santa luz de vida, para que abrasen la montaña de muertos que les rodean y oprimen miserablemente. Permite que tus santos atraigan tu bendición sobre estas osamentas inertes, para que vivan de nuevo ante ti en el arrepentimiento, en la obediencia y en la alegría del amor reencontrado.

XXII


10'. ¡Oh, Señor, que ves en los corazones!, libéranos de los rebeldes y de su malignidad que mata la gracia, la fe y el amor que nos hacen vivir en ti; y haznos conocer a los creyentes que te aman y te alaban en sus corazones, pero, por encima de todo, haznos encontrar a quienes tú hablas en secreto.

11. ¡Oh, Señor muy bueno y sapientísimo!, libéranos de los brutos, de los criminales, de los locos y de los astutos, y fustiga a los mediocres satisfechos de ellos mismos; vuelca en el polvo la ignorante vanidad de los razonables del mundo; golpea en la boca a los imbéciles triunfantes que nos explican todo lo que no entienden.

21. ¡Tu búsqueda es demasiado ardua, Señor, y si tú no vienes a socorrernos sin duda fracasaremos, ya que nuestros oídos están sordos, nuestros ojos están ciegos, nuestras manos son impotentes y tu salvación es propiamente increíble!

42. La oposición y la reprobación del mundo son desoladoras y desalentadoras, pero el juicio y la condena de nuestros allegados son crueles, aún cuando el Señor nos sostiene en nuestra santa empresa.

42'. ¡Oh, Señor misericordioso!, redime al menos los instrumentos de nuestro suplicio cuando nos dejes por fin tomar aliento, antes de recibirnos en tu seno bienaventurado y gloriosísimo, si tú lo quieres.

43'. «La fe en Dios y en su resurrección es rentable de inmediato, ya que nos ayuda a soportar lo que desespera y aplasta a los impíos. Nútrela y fortifícala en nosotros hasta el día luminoso del fin y del comienzo, Señor de bondad».

51'. Haznos conocer la alegría perfecta en nuestro descubrimiento en ti.
Haznos conocer la libertad perfecta en nuestra obediencia a tu santa voluntad.
Haznos conocer la seguridad perfecta en nuestra observancia de tu santa ley.
Haznos conocer la paz perfecta en nuestro abandono en ti.
Haznos conocer la vida perfecta en nuestro amor en ti.
Haznos conocer la satisfacción perfecta en nuestro reposo en ti.

52. Ábrenos el corazón y purifícalo, Señor, para que podamos recibirte por entero, y refuerza nuestro amor para que pueda unirse al tuyo sin ser abolido en tu gloria.

56'. Si existen mujeres irreprochables que aman según el amor que se da y no según el que lo toma todo, háznoslas conocer, Señor clarividente, dánoslas en herencia, para que nuestros hijos sean hechos a tu santa semejanza.
«Danos, Señor, la que es hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne, según tu santa ciencia».

XXIII


4'. El que puede permanecer fuera del mundo hace igual de bien, a condición de que no se violente, pues en este caso es un demonio rabioso que prospera bajo la piel de una oveja y la última caída será peor que la primera el día del juicio, cuando las cortezas estallen y se manifieste lo de dentro de todo ser y de toda cosa.
«Señor, líbranos de la estupidez triunfante de los imbéciles; líbranos de la compañía de los rebeldes irreductibles; líbranos de la satisfacción ciega y beata de los mediocres».

8. ¡Oh, Misericordioso!, ven a socorrernos a pesar nuestro, pues nuestra estupidez nos impide incluso gritar hacia ti.
¡Oh, Todopoderoso!, despierta en nosotros la fe en la inmortalidad y orienta nuestros corazones hacia tu santa faz, a fin de que seamos reengendrados en tu pureza y en tu incorruptibilidad.

11. Buscar los secretos del mundo es como para volverse imbécil, pero correr tras el secreto de Dios es como para volverse realmente loco. ¡Oh, Señor!, devuélvenos la pureza, la incorruptibilidad y la paz de tu jardín de Edén.

11'. Purifica nuestros corazones por el fuego de purgación y fecúndanos con tu amor celeste, por medio de tu gracia viajera, ¡oh, Magnánimo dador de vida!

64'. Señor magnífico, que habitas la tierra santa y la purificas del pecado de muerte, invádeme e inspira mi espíritu y mi alma, a fin de que esté sometido a tu gracia liberadora y a tu amor fecundante como todas las criaturas angélicas que cantan tus alabanzas eternamente, ¡oh, Purísimo!, ¡oh, Perfectísimo!, ¡oh, Graciosísimo!, ¡oh, Sapientísimo!, ¡oh, Bondadosísimo!, ¡oh, Dulcísimo!, ¡oh, Amantísimo!, que ERES.

XXIV


4. ¡Oh, mi Señor!, ¿no oyes a los pastores ignorantes que, para halagar a los mediocres y a los hipócritas, aclaman en el lugar santo la ciencia profana y a sus sabios mercenarios?
La violencia, la ignorancia y la vanidad han invadido sus manos, sus espíritus y sus corazones, y helos aquí extraviando y corrompiendo los rebaños confiados a su protección.
Ilumina a estos ciegos, buen Señor, o vuélvelos mudos, a fin de que la violencia de la ciencia impía no destruya tus imágenes santas y preciosas.
¡Oh, ven, santo Señor!, con tu látigo y tu báculo, con tu vara y tu espada, con tu criba que tría y que separa el buen grano de la cizaña.

24'. ¡Oh, tú, el Resplandeciente!, permite que te encontremos y te comamos, a fin de que vivamos en tu eternidad y en tu gloria sin par.

37'. ¡Oh, santo Genitor!, consume en nosotros la putrefacta extranjera y líbranos de las escorias tenebrosas, a fin de que luzcamos en la luz de vida donde haces tu nido.

XXVIII


15'. Dame, Señor, el cuerpo imperecedero y puro, el único que puede sostener sin perjuicio tu mirada amorosa y penetrar hasta el reposo de tu santa profundidad.

16. ¡Oh, divina facilidad de toda creación!, obras y no te fatigas. Reposas y no te aburres. Te ríes de la muerte, porque tu risa es la vida imperecedera de la eterna Juventud.
¡Oh, Señor Padre!, dame tu pureza, dame tu inocencia, dame tu libertad, dame tu gracia, dame tu amor, dame tu potencia, dame tu luz, dame tu generosidad, dame tu belleza, dame tu vida, dame tu eternidad, si place a tu santo perdón.

16'. Oye mi plegaria, tú, cuya luz es toda inteligencia, todo amor y toda potencia de vida. Ven a mí sobre tu rayo penetrante y despierta mi vida dormida en las tinieblas del exilio. Reanímame y sálvame del horror de la muerte, ¡oh, maravilloso Padre que prodigas tu simiente santa incansablemente!
«Los que dan al Señor otro nombre que el de Único nacido de Aquel que ES, se engañan y engañan al mundo».

XXX


47. Hemos creído en nuestra inteligencia, en nuestro trabajo, en nuestra voluntad y en nuestro saber en este mundo, pero ahora henos aquí a tus pies, Señor santo y perfecto.

47'. Como agonizantes, despojados de todo, que naufragan en la gran noche, tu luz graciosa y tu amor precioso son nuestra única esperanza en este estado lamentable.

XXXI 


31'. Señor, henos aquí destrozados y yacentes a tus pies como un montón de cenizas donde no brilla más que la fe de nuestro amor por ti, pero donde ya nada se mueve por sí solo.

32'. Si no vienes a reanimarnos por tu santa encarnación, henos aquí dormido hasta el día de tu juicio, bello Señor de misericordia.

33'. Y ¿no colocarás de nuevo los libros santos sobre el altar del esplendor celeste descendido hasta ti?

51. ¡Oh, Amigo de los hombres!, ¿nos abandonarás y nos dejarás organizar en la mugre de la muerte que conduce al caos del absurdo?

51'. Henos aquí abandonados y entregados a nosotros mismos en las tinieblas del exilio, y tu estrella se ha escondido de nosotros y te has retirado al cielo.

52. ¡Oh, Misericordioso que incluso perdonas nuestra elección imbécil de la muerte!, ¿no nos volverás a enviar a un Hijo bienamado antes del resplandor insostenible de tu juicio?

52'. A fin de que manifieste de nuevo entre nosotros tu santa luz de vida como la prenda de tu perdón y como las primicias de tu gloria sin par.

53. ¿No nos enviarás una vez más tu esencia y tu substancia santas que son todo tú?

53'. A fin de que seamos iluminados, consolados y tranquilizados en tu maravillosa salvación.

54. Pues nuestras tinieblas se espesan y se vuelven cada vez más opacas, como el anuncio del fin de los tiempos.

54'. Pero sabemos que tu día está próximo, pues sentimos tu luz moverse en nosotros como el niño que va a nacer.

XXXII


33. ¡Oh, bello Señor de compasión y de amor!, ¿no te manifestarás a tus niños bienamados antes de las tinieblas del fin?
¿No les tenderás una mano auxiliadora y tranquilizadora?

33'. ¿No permitirás a uno de tus Hijos escogidos manifestar tu santo perdón que quita el pecado de muerte, que da la salud a los agonizantes, la fe a los incrédulos y la vida a los muertos?

34. ¡Oh, bello Señor de misericordia!, ¿no nos darás una vez más las arras de tu salvación, a fin de que seamos reconfortados en tu santo amor antes del derrumbamiento del fin que viene?

34'. ¿No permitirás a uno de tus Hijos liberados manifestar tu santa luz de vida que ilumina los espíritus y que salva las almas y los cuerpos? ¿No manifestarás un pequeño resplandor de tu Omnipotencia en beneficio de tus niños diezmados?

XXXIII


47'. ¡Oh, mi Señor!, ¿cómo obtendremos el ocio y la paz tan necesarios para la búsqueda de tu evidencia santa?

XXXIV


4. ¡Oh, Señor resplandeciente!, ¿habrán hablado en vano tus profetas de tu santa ciencia que da la vida y de tu santo amor que la realiza en nosotros?

4'. ¿Ya no queda entre nosotros ninguna inteligencia atenta y ni un corazón depurado para realizar tu unidad santa y perfecta?

5. Tus Hijos penan duramente aquí abajo para hacer oír tu salvación a los hombres exiliados.

5'. Pero están sentados a la mesa en tu sol, donde festejan tu eternidad como un día de alegría que no se acaba.

13'. ¿Quién volverá a ser lo bastante sencillo y lo bastante puro para creer, para oír y para ver la verdad del misterio revelado?
«¡Oh, Señor magnánimo!, multiplica a tus hijos y a tus hijas, y dales tu tierra santa donde nada perece».

24. Quizá seremos echados a latigazos por el Señor el día de la confrontación, pues nuestra obra aquí abajo es ínfima y perdemos en los cuidados del mundo mucho del tiempo que se nos concede.
«Ahórranos la confusión de los malvados, ¡oh, bondad santa y perfecta!»

24'. ¡Oh, Señor de bondad y de perdón, concédenos el tiempo necesario para la búsqueda de tu santo secreto y permite que saboreemos aquí abajo las primicias de la vida eterna que nos has prometido desde el comienzo! ¡Oh, ven para nuestra salvación, Santísimo, y desciende en nuestros corazones purificados!

25. No nos dejes agonizar en el mundo y no nos entregues a la burla de los ignorantes que te rechazan, Señor de compasión.

25'. Pues nuestra fe vacila bajo los golpes de la muerte y nuestro amor languidece en las tinieblas del exilio.

37'. ¡Oh, cuan maravillosa e increíble es tu verdad de vida, Señor! Y ¡cuan pocos de entre tus hijos son capaces de creer en ella y buscarla aquí abajo!

42'. Abrévanos, Señor del cielo, con tu santo rocío que regenera las almas, los espíritus y los cuerpos desunidos por el juicio de la muerte del mundo.

42". ¡Oh, Santísimo!, permite que oigamos y realicemos tu gran misterio antes del juicio general que lo pondrá todo al descubierto.

43. ¡Oh, Señor de conocimiento!, ¿por qué tantos hombres se duermen en el barro del mundo? Y ¿por qué los que permanecen un poco más despiertos buscan tu secreto fuera de ti?

43'. ¡Oh, Señor de justicia!, ¿por qué tantos hombres se duermen en tu palabra? Y ¿por qué los que permanecen un poco más despiertos te buscan con tanto esfuerzo?

44. Porque éstos no han germinado en mí, dice el Señor del secreto.

44'. Porque éstos no han buscado la buena almendra que está oculta bajo la corteza, dice el Señor del misterio.

XXXV


1. ¡Oh, Señor nuestro y Dios nuestro!, confirma en el cielo nuestra palabra y nuestra visión terrestres, como nosotros confirmamos aquí abajo tu santo Nombre y tu santa presencia celestes.

17'. Ahora, Señor, henos aquí reconciliados con todos los seres caídos en el barro del pecado, sin distinción, y nuestro corazón está unido para siempre a los corazones de los desgraciados que sufren en la gehena.

18'. ¡Oh, señor de vida!, danos la salud del cuerpo y el contento del corazón, pero, por encima de todo, danos el amor de tu ser, es decir, el amor loco que nos transporta a tu santa eternidad.

19. Tú nos sumerges en la gehena con los condenados, Dios mío, y después nos retiras de ella, a fin de que comprendamos que también debemos visitarlos y reconfortarlos en tu NOMBRE.

19'. Tus lecciones son duras, Señor, y muchos no las comprenden, pero para tus hijos es un enriquecimiento sin fin. ¡Oh, buen Señor!, enséñanos suavemente y con paciencia, porque este mundo es malvado y el dolor habita en él.

25. Tú nos mezclas con los condenados y te retiras de nosotros a fin de que mesuremos nuestra nada. Realmente, Señor, no estamos orgullosos de nosotros aquí abajo.

26. Si nos abandonas, Señor, henos aquí perdidos, porque ya ni siquiera podemos pedirte socorro, tan grande se ha vuelto nuestra debilidad.

26'. No nos entregues al mal, bello Señor de vida, mas libéranos antes de que nuestros corazones sean marcados por la duda que mata el alma.

36. Señor del cielo ¿cómo escaparemos, sin tu ayuda, del embrutecimiento de las necesidades de la vida exiliada en la tierra?

40. Buen Señor de caridad, libéranos de este mundo donde todo se compra y se vende o se intercambia sórdidamente.

40'. Recíbenos en la vida generosa de tu santo amor que nunca se agota.

XXXVI


24. ¡Oh, Todopoderoso que permaneces en unidad durante la eternidad de las eternidades!, danos hijos innumerables y preciosos como las estrellas de tu cielo de gloria.

24'. A fin de que pueblen para siempre tu reino reservado a los hijos reencontrados, que hacen tu santa voluntad y manifiestan tu santo amor.

97. Los impíos y los hipócritas están excluidos de este Libro y nada bueno les llegará de él, pues su malicia jamás lo penetrará, sino que recaerá sobre ellos y al final los aplastará.

97'. ¡Oh, Señor de justicia!, haz que el saco de tinieblas los envuelva estrechamente por todas partes y que el barro infecto los vuelva ciegos, sordos y estúpidos hasta el tiempo de su arrepentimiento sincero.

97". ¡Oh, Señor santo y perfecto!, permite que tus creyentes sean reconfortados en su espera y confirmados en su fe por el Libro de tus revelaciones, y permite que tus hijos sean guiados en su búsqueda y consolados en su esperanza por el Libro de tus maravillas.

108. Estamos enfermos de tu búsqueda, Señor, y agonizamos por tu ausencia, pues el mundo y sus distracciones nos hastían y ahora nuestro deseo está solamente en ti.

108'. Llueve, llueve, Señor de bendición, a fin de que resplandezcamos de tu luz de vida y a fin de que seamos rehechos a tu imagen santa y perfecta.

108". Releamos sin cansarnos las palabras santas y Sabias, pues cada tiempo será para nuestros corazones como un rocío siempre más abundante y siempre más nutritivo.
Todo el Universo y nosotros mismos somos tinieblas y muerte sin tu amor, Señor.
Mientras que sin nuestro amor, permaneces vivo y resplandeciente para siempre ante nuestra agonía miserable.
¡Oh, mi Señor y mi Dios!, por tu amor por nosotros que es infalible, permite que jamás desfallezca nuestro amor por ti. ¡Oh, mi Rey!, haz que nuestros rostros ya no se aparten de tu rostro, hasta que entres en nosotros y hasta que penetremos en ti para siempre.
AMÉN.
(Este es el versículo del perro o de la fidelidad, que nos rememora la humildad, la fe y el amor en el Señor. También es el versículo de la bendición y de la adquisición que proporciona la abundancia de Dios).

XXXVII


6'. ¡Oh, Dios mío!, yo soy un pobre miserable, ignorante y débil entre todos, y tú me colmas más allá de todo límite; esta es tu manera maravillosa de burlarte y reírte de mí, que lloro tanto y tanto por tu belleza y tu bondad sepultadas en el corazón de mis hermanos exiliados.

8'. ¡Oh, mi Señor!, tu alegría me invade como un dique que se rompe, y heme aquí barrido, andando sobre la cabeza, con toda mi razón hundida y titubeando como un borracho, con gran escándalo de los biempensantes que me miran con desprecio.
¡Y los dos nos reímos sin ni siquiera poder decir una palabra!
«Un día negaremos, por todos los bienes del mundo, lo que ahora ofrecemos gratuitamente».

9. Henos aquí enfermos, envejeciendo e inclinándonos cada vez más hacia la tumba, pero nuestra alma espera locamente tu socorro y tu favor, ¡oh, Magnánimo que distribuyes el oro de la vida a tus bienamados!

9'. ¡Tú, el Impecable y el Perfecto, devuélvenos la salud, la juventud y la inmunidad de nuestros cuerpos, a fin de que, revestidos de tu gloria, te alabemos santamente en tu eternidad!

10. Tu humor no es tan cruel, Señor de justicia, pues los corazones de los hombres están cerrados a causa de su buena voluntad en explicar y organizar el mundo sin tu amor, sin tu obra, sin ti, y la ceniza de las ruinas recubre su inteligencia y se traga su coraje sin que se cansen de ignorarte.

10'. Señor del amor loco, te das sin medida y debemos callar y esperar tu gran juicio como impotentes y como pobres, llevando tu secreto que nos colma más allá de toda expresión. Y ya resplandecemos de tu luz, pero las tinieblas no lo ven.

15. Rezaremos así para la comida: «Gracias Señor, que te entregas para nuestro alimento bajo el velo tenebroso de las criaturas terrestres. Haz que la digestión se realice en nosotros perfectamente, a fin de que recibamos tu vida preciosa y que rechacemos el veneno de la muerte».

15'. Rezaremos así para la comunión: «Gracias Señor, que te das a nosotros para nuestra salvación, bajo el velo luminoso de la criatura celeste. Haz que tu vida gloriosa resplandezca en nosotros para siempre, después de haber aniquilado la abominación del pecado de muerte que nos mantiene en la agonía del exilio».

XXXVIII


6. ¡Oh, mi Señor y mi Dios, salva al menos a tus hijos amantes y obedientes, reúnelos bajo tu ala y repárteles los despojos de los impíos y de los insensatos que ahora te desafían!

6'. ¡Oh, mi Señor y mi Dios, abre el espíritu y el corazón de tus hijos amantes y obedientes, a fin de que reconozcan a su Madre y a su Padre santísimos unidos en el Salvador y que vivan en ti!

6". ¡Oh, mi Señor y mi Dios, abre el espíritu y el corazón de los rebeldes y de los locos que saquean estúpidamente tu creación y que la violentan sin piedad, antes del golpe que va a desmenuzarles en la muerte sin retorno!

20. ¡Santa MADRE de DIOS, guiad nuestra búsqueda e iluminad nuestra vía en las tinieblas de este mundo de exilio, a fin de que accedamos por vuestra gracia hasta el Señor encarnado, que nos liberará del pecado de muerte donde agonizamos miserablemente!

20'. ¡Santa MADRE de DIOS, dignaos revelaros a vuestros hijos amantes y cándidos, entreabriendo sólo para ellos, con el permiso de nuestro Señor Dios, el velo oscuro que extravía a los malvados y a los orgullosos sectarios del mundo entenebrecido!

23. Mi alegría desborda como un torrente vivo y el deseo de tu amor es lo único que subsiste en mí, porque el mundo está como inundado por tu luz que sube de todas partes, ¡oh, Señor de resurrección!

23'. Mi alegría es mi conformidad con tu voluntad santa, ¡oh, Señor de la vida invasora! Así, mi alegría es tu alegría, mi voluntad es tu voluntad, mi amor es tu amor, y heme aquí en ti, por ti, para ti inexpresablemente.

XXXIX


4. ¡Oh, mi Señor y mi Dios!, nos pones cruelmente a prueba hasta el final de nuestra búsqueda y hasta el final de nuestro extravío, porque estamos desviados y te buscamos afuera en el mundo, en lugar de buscarte adentro de nosotros mismos.

8. ¡Oh, pura esencia, incluida en la pura substancia, que gimes con el hombre caído!, permite que el Libro que habla de nuevo de tu amor aparezca en el mundo, a fin de que tus hijos enlutados perciban una vez más tu llamada antes del juicio aterrador que viene.

8'. ¡Oh, Amada que contienes al Amado!, permite que el Libro de tu esplendor imante de nuevo a la multitud de tus hijos caídos en el barro, que yerran miserablemente tranquilizándose con tu antigua promesa, sin hacer nada para penetrarla ni para ponerla en práctica verdaderamente.

8". ¡Oh, Padre-Madre-Hijo santísimos!, quieras iluminar a tus agonizantes antes de que sea demasiado tarde.

13. Tus servidores y tus hijos están en la penuria, Señor, y si a duras penas pueden mantener su casa, es por un milagro siempre renovado, aunque observen tu ley y trabajen para la vida de todos.

13'. Mientras que los impíos inútiles y estériles son mantenidos con holgura por el mundo, en proporción a su inutilidad e incluso a su nocividad, porque las mejores prebendas están reservadas a los que trabajan para la muerte de todos.

14. ¡Oh, Señor de inteligencia!, ¿hasta cuándo dejarás pasar por idiotas e incapaces a los que te sirven y te buscan aquí abajo con las lágrimas de la agonía y de la esperanza?

14'. ¡Oh, Señor todopoderoso!, ¿hasta cuándo abandonarás a la mendicidad a los que descuidan asegurar su fortuna en este mundo para buscarte mejor en sí mismos?

14". ¡Oh, Señor de justicia!, ¿hasta cuándo dejarás pisotear y reducir a nada a quienes prefieren rogarte y alabarte, antes que despabilarse en este mundo infectado por la muerte?

17. Tú nos sumerges en las tinieblas y en la desolación, Señor, pero es porque te abandonamos, porque renegamos de ti y te traicionamos; ya que eres todo gracia y todo amor, ¡oh, Resplandeciente!, y nos consuelas, nos socorres y nos iluminas al mínimo impulso que tenemos hacia ti.

17'. Nuestra buena voluntad en ti es lo que desencadena tu socorro en el cielo.
Nuestra fe en ti es lo que lo manifiesta en el mundo. Nuestro amor en ti es lo que lo reconoce en nuestros corazones y lo alaba en nuestras bocas, ¡oh, Santísimo, que te entregas por nuestras vidas desfallecientes y perdidas!

XXXX


2. ¡Oh, Señor de libertad!, danos la inteligencia suprema que es la obediencia a tu santa voluntad, a fin de que tu creación esté sometida a nosotros por el amor que tenemos por ella, como estamos sometidos a ti por el amor que nos tienes.

2'. ¡Oh, Señor de fundación!, danos la fe todopoderosa que coagula y que disuelve tu santa luz de vida, a fin de que seamos establecidos señores y guardianes fieles de tu creación maravillosa en la eternidad de tu gloria.

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25 febrero 2014

Versículos temáticos de 'El Mensaje Reencontrado'.


I


3’. La muerte separa lo que la vida ha unido, y el agua libera al prisionero de sus cadenas.

59. La ciencia divina utiliza las leyes naturales como medio.
Lo transforma todo y no mata nada.
Consolida el esperma y multiplica el germen.
Manifiesta la vida sirviéndose de la muerte.

II


6. La ciencia de los hombres es un estiércol recubierto de oropel.
La ciencia de Dios es un oro recubierto de barro.

16. ¿Cuántos reflexionan sobre la obra general de Dios?
¿Cuántos son enseñados por la renovación de todas las cosas?
¿Cuántos realizan la obra particular del Señor?
16’. El gran trabajo que da miedo, el que libera de la sombra de la muerte, el que nivela las montañas, el que hace germinar la tierra, el que hace brillar la vida y la fija en el Señor glorioso.

III


9. Del huevo incubado sale un pollo, pero nadie se percata de ello.
9’. La luz de los astros brilla en el cielo y en el interior de la tierra.

78’. Sublime virgen revestida de terror.
Alimento vivo del mundo.
Nodriza del sol.
Santa Madre de los hombres.

IV


7. Aprisionado en la muerte, sólo puede ser liberado por su parte que ha permanecido pura y libre en Dios.
7’. En el agua que bañó al leproso es donde se oculta la claridad de las estrellas.

81’. Cuando el cuerpo es vencido, el espíritu aparece puro y libre, y el alma santa los une en Dios para siempre.

V


89. Dios puede liberar nuestra vida del barro que la aprieta por todas partes y que la ahoga hasta la muerte.
Sólo él puede fecundarla y conducirla hasta la perfección de una generación infinita.
89'. Extraer el perfume y rechazar el veneno.
Reducir la tierra en agua y rehacer el agua en tierra.
Cocer el cielo y la tierra hasta el alumbramiento del sol perfectísimo.

94'. Bajo el hedor de la muerte se oculta el perfume de la rosa.

VI


22’. Quienes conocen el movimiento y el reposo del Ser, las tinieblas y la muerte del no ser, son los únicos que pueden enseñar sin envejecer y sin fallar.

27’. Quien alcanza al Señor ya no sabe conducirse; Dios es quien le lleva hacia la verdad oculta en la humildad primera, despreciada por los ignorantes y por los sabios del mundo.

VII


26’. Esforcémonos en llegar a ser como el oro, que es incorruptible y dúctil en extremo en su preciosa pureza.

32’. El agua preciosa parece despreciable en su simplicidad, por eso el mundo la abandona; pero la tierra muerta, que parece adornada con tantas promesas, cuesta la vida a los hombres sometidos a la apariencia.

VIII


13. Nadie puede examinarse exteriormente sin encontrar la oscuridad de la mentira. ¿Cómo podría alguien conocerse interiormente sin encontrar la luz verdadera?
13’. Quien apacigüe el mar del mundo descansará en el núcleo vivo del oro puro.
¡Oh esplendor! ¡Oh milagro del agua y el fuego unidos en Uno!

56. Los hombres vulgares fingen estar orgullosos del trabajo que se les impone y al que se dan, a fin de disimular la pobreza espiritual que les abruma. Se engañan y engañan a los ignorantes.
«Sólo la preciosa sangre del Hijo celeste y terrestre puede liberarnos del veneno antiguo introducido en el mundo presente por la mujer desviada».

IX


30. Todo lo que se destruye rápidamente es del mundo.
Todo lo inmutable es de Dios.
30’. Para alcanzar la vida esencial primero tendremos que volvernos ausentes como muertos.

44. Cuando lo que es superior abandona lo que es inferior, el cuerpo se descompone por completo.
Pero cuando lo que es superior se une a lo que es inferior, el cuerpo se recompone en su integridad.
44’. El agua nos sostendrá cuando hayamos abandonado toda tierra, y el fuego nos consolidará hasta la isla santa del amor y del conocimiento.

X


26. La mujer dulce y nítida es una bendición olorosa del Señor.
La mujer áspera y mancillada es una maldición maloliente del infierno.
26’. La vida y la muerte se ríen de nuestra estúpida ceguera, que no sabe separar ni unir la maravillosa luz del Señor.

65. No cambiaremos la naturaleza de los seres y de las cosas mediante nuestros pequeños trabajos y, si la contenemos un momento, surgirá después más fuerte que nunca.
Pero Dios es todopoderoso, pues cambia incluso las tinieblas en luz de vida.
65’. ¡Oh! ¿quién nos dará la fe absurda y la perseverancia loca?
¡Oh! ¿quién nos enseñará la simplicidad irrisoria y la humildad totalmente desnuda?
¡Oh! ¿quién hará brillar ante nosotros la santa luz de Dios a fin de que nos volvamos como el oro del Perfecto?

XI


28. ¿Quién liberará su alma de la tierra extranjera? Y ¿quién hará descender al Señor en la tierra santa?
28'. Cuando la forma desaparece, la substancia del agua emerge del caos y manifiesta la esencia del fuego divino.

72. Vencer al mundo combatiéndolo o huyendo de él, tal es la alternativa aparente que se ofrece a todos si queremos evitar los aplastamientos, las desgarraduras y el enfangamiento.
 Sin embargo, el Sabio conoce una tercera solución que libera de todo mal, de toda servidumbre y de toda ignorancia, pues es la que separa pacientemente en nosotros la vida de la muerte.
72'. La perfección del Uno manifestado emana de la unión de la joya de oro y del loto luminoso, surgidos por la potencia del soplo divino del caos tenebroso y oculto.
 «El último en nacer es el hijo querido del Padre y de la Madre y el hermano bienamado de las grandes almas».

XII


5. El hombre ha sido hecho de la mejor parte del cielo y de la tierra y, si fuera limpiado de su mugre, se le vería resplandecer como las estrellas, como la luna y como el sol.

43'. Nos reuniremos con el tesoro de Dios y permaneceremos en su esplendor y en su paz para siempre.
 «Únicamente el agua santa puede lavarnos de la mugre tenebrosa y hacernos revivir en la luz del Señor».

XIII


28. La mugre extrínseca y la substancia intrínseca del Universo son increadas, infinitas y contienen a aquel que sólo puede ser nombrado por el silencio. Pero las formas emanadas del centro secreto son creadas, finitas y temporales en el mundo mixto.
28'. Todas las olas de la creación pasan y desaparecen, pero el mar del gran mundo y aquel que lo anima subsisten eternamente.
 «El colmo del reposo desemboca en el acto creador, el colmo del movimiento conduce al reposo regenerador».

29'. Roguemos a Dios en nosotros mismos para reconocer el medio que permite descubrir la substancia oculta bajo la costra de la tierra extranjera.

XIV


1. Cuando seamos instruidos por el Señor, nuestra mugre nos horrorizará y la de los demás nos espantará. Entonces, rogaremos para que nuestra mancha sea borrada y para que la carga de todos sea aligerada.
1'. Cuando conozcamos que somos ciegos, sordos y estúpidos, el temor de Dios ya no será un enigma para nosotros. Y cuando veamos su luz, el amor del Señor nos iluminará y nos vivificará para siempre.

29'. Sólo hay un crimen ante Dios: ser mediocre y no amar nada libremente, ni siquiera a uno mismo. Igualmente, sólo hay un pecado: la falta de vida pura, olorosa y luminosa en nosotros. Y sólo hay una sanción: la muerte hedionda y tenebrosa que nos estrecha por todas partes.

XV


30. Si consideráramos primero el mal aparente u oculto que corroe a cada ser aquí abajo, estaríamos más atentos a sus quejas, seríamos más pacientes con sus gritos, más compasivos con sus debilidades y más caritativos con sus dolores.
30'. Si pensáramos primero en la luz del Señor soterrada en el fondo de cada ser, soportaríamos con más facilidad las contradicciones y la ceguera de sus tinieblas exteriores, y estaríamos confundidos por nuestro propio oscurecimiento interior.

62'. Nuestro Dios es un Dios que se come, que se bebe, que comunica la vida, la mantiene, la libera y la restituye en su primacía admirable. Es un Dios que se da para salvar en nosotros lo que subsiste de vida extraviada en la muerte.

XVI


28. El que mira con humildad a su Señor deja al tiempo el cuidado de decantar el barro del pecado donde languidece miserablemente, pues los que quieren orgullosamente analizarlo no hacen sino volverlo aún más opaco y maloliente.
28'. El conocimiento de la obra santa es la obtención de la gracia, es la posesión del amor, es la entrada en la gloria y en el reino de Dios.

62'. Para separar la almendra de la mugre que la rodea siempre hay que lavar, y es un gran secreto que la naturaleza pone diariamente en evidencia ante todos. Sin embargo, hace falta la inspiración de Dios para comprender la evidencia de la ciencia divina.

XVII


19'. Defendamos la joya, pero no defendamos la mugre que la recubre; rechacémosla más bien resueltamente, teniendo, sin embargo, mucho cuidado de no rechazar la joya al mismo tiempo.

62. Nuestros malos pensamientos, nuestras malas palabras y nuestras malas acciones son lo que da entrada en nosotros a los demonios de la desdicha, del desespero y de la muerte y, por encima de todo, la curiosidad imprudente de nuestros primeros padres.
62'. Nuestros buenos pensamientos, nuestras buenas palabras y nuestras buenas acciones son lo que nos salva de la mezcla infame y de la muerte putrefacta; pero, por encima de todo, es el amor de Dios lo que nos ilumina y purifica del veneno antiguo.

XVIII


5. El maligno nunca dice su nombre francamente, prefiere ocultarse bajo una falsa identidad o bien dice «YO».
 «La corteza».
5'. Soy la esencia, soy la substancia y soy el nudo, dice el Señor del centro.
 «La almendra».

9. El que empieza a ver claro en sí mismo realmente no está orgulloso de su vida en este mundo; después, cuando conoce la debilidad de su condición de criatura encarnada en el barro tenebroso y maloliente, ni siquiera se avergüenza de ello.
9'. El pecado es lo que engendra en nosotros el hedor de la miseria, del crimen, de la enfermedad, de la decrepitud y de la muerte.
 «¿Quién puede vanagloriarse de habitar el estercolero aquí abajo? Y ¿quién puede alardear de haberse purificado de su mal olor?»

XIX


1. Los profetas nos han hablado de la substancia y de la esencia de Dios, ¡pero nosotros escudriñamos sus textos para descubrir en ellos la historia, la moral, la poesía o la adivinación!
 ¡Oh, estúpida ceguera de los inteligentes y de los sabios!
 ¡Oh, mediocridad satisfecha de los creyentes!

60. El mundo esencial y substancial será separado del mundo excremencial, y el primero será glorificado con los santos de Dios, mientras que el segundo será desechado con los rebeldes y los malvados.
60'. En el comienzo crepuscular del fin, las estrellas serán reunidas para formar con el sol, la luna y los santos la tierra de los vivos fecundada por Dios; y a continuación habrá el medio tenebroso del fin.

XX


22'. Dos cosas nos desconsuelan: nuestro alejamiento del Señor y nuestra estupidez ante su creación, pero una tercera nos espanta: la mugre que nos enmascara la luz del Perfecto.

73". Hay una plegaria importante y urgente que debemos repetir todos los días de nuestra vida exiliada: «Libéranos, Padre Todopoderoso, de la mugre inmunda que nos sumerge por todas partes, a fin de que resplandezcamos de nuevo en tu pureza, y fecúndanos con tu santo amor, a fin de que seamos fijados en ti por la eternidad».
 AMÉN.

XXI


4'. Confesémonos así al Altísimo: «Me acuso de haber caído aquí abajo por mi culpa y de encontrarme en el estado lamentable en que me ves, pero quiera tu voluntad liberarme del horrible barro del pecado de muerte y quiera tu voluntad revestirme de tu santa luz de vida, ¡oh, Misericordioso!, cuyo corazón es una hoguera de perdón y de amor, tú, eterno Amante de almas amadas».

27. Los que son capaces de escrutar la verdad de Dios, incluso a través del horror de la muerte, son los únicos que merecen ver brillar la lámpara del Perfecto. 
27'. ¿Quién ligará el espíritu? 
 ¿Quién encarnará el alma? 
 ¿Quién purificará el cuerpo? 
27". ¡Oh, divino sol de Dios, nos siembras en la muerte, nos haces crecer en la vida y nos estableces para siempre en tu gloria sin par!

XXII


20. Hemos disuelto y purgado nuestros humores en el barro húmedo, y los hemos confortado y perfeccionado en la luz del cielo.
20'. Veremos el esperma aparecer y crecer como el rocío de la mañana, y veremos el germen encarnarse en su pureza y cambiarla en su propia naturaleza fija y perfecta.

58. El agua de la gracia es lo que funde el corazón mortificado y separa en nosotros la vida pura de la mugre de la muerte.
 El fuego del amor es lo que fecunda el corazón depurado y lo multiplica en la gloria de Dios.

XXIII


21. Sí, ciertamente, la bendición del Señor nos lavará del pecado de muerte y su espíritu nos enderezará en nuestras tumbas, y alabaremos su santo Nombre para siempre.
21'. ¿No es preciso que quememos primero el hedor agresivo que nos ata y envenena por todas partes? Pues es lo que obstaculiza la unión del amor divino.

75'. La mugre hedionda será destruida por el fuego y la mugre oscura será separada por el agua.

XXIV


37'. ¡Oh, santo Genitor!, consume en nosotros la putrefacta extranjera y líbranos de las escorias tenebrosas, a fin de que luzcamos en la luz de vida donde haces tu nido.

39'. No rechacemos lo que nos parece oscuro al comienzo, pues sin duda es lo que nos iluminará al final.
 «¡Oh, santa luz, que consiente habitar nuestra muerte a fin de resucitar nuestra vida!»

XXV


10. Muy astutos, habéis encontrado el jabón para limpiar la piel, pero la mugre de dentro permanece sin remedio ante vuestra malicia.

58. Las RAÍCES del árbol de vida...
58’. Son como el TRIO VIL que une el cielo y la tierra.

XXVI


4. ¡Oh, el capullo de rosa!
¡Oh, las hojas en el suelo!

41. «Nada de mugre dentro, pero tampoco nada de mugre fuera». Más vale un santo purificado recubierto de barro que un malvado perfumado lleno de inmundicia, sin embargo, el Sabio se mantiene nítido por dentro y por fuera.

XXVII


11. La piedra del fundamento es la más despreciada porque es oscura, pero es la más preciosa, pues todas las demás están ocultas en ella.

30’. Sólo el que busca y encuentra al Señor encarnado ya no es vano ante Dios, pues adquiere la substancia divina y ya no está sujeto a los accidentes de la muerte que aplastan al hombre caído.

XXVIII


16’. Oye mi plegaria, tú, cuya luz es toda inteligencia, todo amor y toda potencia de vida. Ven a mí sobre tu rayo penetrante y despierta mi vida dormida en las tinieblas del exilio. Reanímame y sálvame del horror de la muerte, ¡oh, maravilloso Padre que prodigas tu simiente santa incansablemente! «Los que dan al Señor otro nombre que el de Único nacido de Aquel que ES, se engañan y engañan al mundo».

45’. ¡Oh, santo barro del abismo despreciado por los inteligentes del mundo!, en ti se esconde el oro precioso que ennoblece a los simples hijos de Dios.

XXIX


2. La Bestia devora a los hombres a fin de subsistir en su cloaca de muerte tenebrosa y hedionda.
2’. Dios consume la mugre que nos ciega y nos mata a fin de establecernos en la vida eterna y pura.

13. ¿Hay algo común entre la luz y las tinieblas?
13’. ¡Nada en substancia! ¡Los mundos mixtos en una mezcla!

XXX


38. Hay que estar profundamente hundido en el estado bestial para encontrarse bien en el hedor de la muerte que nos habita y que rezuma por todos lados.
38’. ¿Cómo es posible permanecer ahí cómodo? ¿Cómo es posible instalarse ahí confortablemente? ¿Cómo es posible descansar ahí tranquilamente? ¿Cómo es posible aferrarse a ello frenéticamente?

39. ¿No es a causa de la herencia divina que subsiste milagrosamente en nosotros bajo la ignominia de la mugre extranjera?
39’. ¿No haríamos mejor en separar estas dos en la santa contemplación de Dios, antes que mezclarlas cada vez más en la vana agitación del mundo?

XXXI


11’. Desechemos las ropas estrechas y consumamos la mugre del pecado que nos mantiene en las tinieblas de la muerte.

37. Así, es preferible para nosotros pedir el consejo y el auxilio del Señor en todas las circunstancias, y ponernos con fe en sus manos milagrosas...
37’. Que separan suavemente en nosotros la vida del veneno que la ahoga y que la mata cada vez más, pues el Señor sabe rechazar el pecado y sabe infundir en nosotros su salvación santa y perfecta.

XXXII


22. La mujer se ha vuelto profana desde que ha introducido el pecado en ella y desde que lo ha comunicado al hombre.

52. Frecuentaremos al Señor en las asambleas, primero para recibir, después para dar.
52'. Asimismo, frecuentaremos al Señor en el secreto de nuestros corazones, primero para ofrecer y después para recibir.
52". Pero jamás omitiremos alabarle, en público y en particular, por su encarnación santa y perfecta.

XXXIII


48’. Sólo el ARTE de Dios puede liberarnos de la infamia putrefacta del pecado de muerte.

49. Nadie debe equivocarse: la creación de Dios es magnífica, es espléndida, es perfecta y es única en substancia y en esencia.
49’. Ya que incluso caída y mezclada con el barro de afuera, todavía es hermosa y nos enseña la vía del retorno al Único Esplendor.

XXXIV


10. Escuchemos al insensato de Dios que nos habla: «En el día de la restitución de todas las cosas, los elegidos de Dios ya no conocerán la mugre de la muerte, ni el dolor, ni la enfermedad, ni el trabajo servil, ni la suciedad, ni la pobreza, ni la duda, ni el miedo, ni el odio, ni las tinieblas del exilio».
10’. Sus vestiduras serán de un blanco inmaculado y sus rostros resplandecerán como el oro en fusión; sus deseos les serán concedidos incluso antes de que los formulen, y la alegría de su paz será unánime en el Único Esplendor. No es una vana promesa la que se nos hace aquí.

36’. Es una sal, pero también es un azúcar. Es una tierra, pero también es un fuego. Es un agua, pero también es un aire. Es una luz, pero también es un abismo.

XXXV


41. No, este no es un Libro para los saciados del mundo que se han instalado definitivamente en la cloaca de la muerte.
41'. Es un Libro para los hambrientos del cielo que buscan llorando su patria perdida.

46. Que nuestra fe en la Omnipotencia de Dios sea ciega e idiota, a fin de que se vuelva clarividente y espiritual por la encarnación del verbo divino que libera de las tinieblas de la muerte.
46’. Los que reciben la palabra de vida participan de la gracia de Dios que libera de la esclavitud del mundo. Ningún trabajo servil les será impuesto y la muerte misma será rechazada lejos de ellos, porque su lote es la vida libre e imperecedera donde permanece el Señor de eternidad. 

XXXVI 


54’. ¿No es la mujer quien ha dado entrada al mal entregándose a él? Y ¿no es así como la muerte ha penetrado en nosotros por el canal de la vida?
54". ¿No es también el Señor descendido del cielo quien se encarna en la mujer y nos devuelve la vida entregándose a la muerte que nos habita?

79. La vida y la muerte están inextricablemente mezcladas en el mundo caído, y nuestras ciencias profanas son impotentes para separarlas y para exaltar la vida pura hasta el reposo de Dios.
79’. Así, todos nuestros sutiles pensamientos, todas nuestras bellas palabras y todos nuestros grandes trabajos van a la muerte, pues nuestros espíritus, nuestros corazones y nuestras manos están oscurecidos por la mezcla infame. 

XXXVII


15. Rezaremos así para la comida: «Gracias Señor, que te entregas para nuestro alimento bajo el velo tenebroso de las criaturas terrestres. Haz que la digestión se realice en nosotros perfectamente, a fin de que recibamos tu vida preciosa y que rechacemos el veneno de la muerte».
15’. Rezaremos así para la comunión: «Gracias Señor, que te das a nosotros para nuestra salvación, bajo el velo luminoso de la criatura celeste. Haz que tu vida gloriosa resplandezca en nosotros para siempre, después de haber aniquilado la abominación del pecado de muerte que nos mantiene en la agonía del exilio».

26. Hemos hecho hincapié en la muerte que tiene al mundo entre sus garras ciegas, pero también hemos puesto el dedo sobre la vida que se renueva constantemente a través de ella.

XXXVIII


20. ¡Santa MADRE de DIOS, guiad nuestra búsqueda e iluminad nuestra vía en las tinieblas de este mundo de exilio, a fin de que accedamos por vuestra gracia hasta el Señor encarnado, que nos liberará del pecado de muerte donde agonizamos miserablemente!
20'. ¡Santa MADRE de DIOS, dignaos revelaros a vuestros hijos amantes y cándidos, entreabriendo sólo para ellos, con el permiso de nuestro Señor Dios, el velo oscuro que extravía a los malvados y a los orgullosos sectarios del mundo entenebrecido!

66'. Cuando el cuerpo maravilloso del Señor triunfante aparezca ante nuestros ojos deslumbrados, alargaremos santamente nuestras manos purificadas, por efecto de la fe agradecida y loca, a fin de constatar, para nuestra inmensa alegría, la realidad tangible del glorioso resucitado que vive más allá de toda muerte.

XXXIX


8. ¡Oh, pura esencia, incluida en la pura substancia, que gimes con el hombre caído!, permite que el Libro que habla de nuevo de tu amor aparezca en el mundo, a fin de que tus hijos enlutados perciban una vez más tu llamada antes del juicio aterrador que viene.
8’. ¡Oh, Amada que contienes al Amado!, permite que el Libro de tu esplendor imante de nuevo a la multitud de tus hijos caídos en el barro, que yerran miserablemente tranquilizándose con tu antigua promesa, sin hacer nada para penetrarla ni para ponerla en práctica verdaderamente. 

30'. ¿Hay algo más estúpido que el Estado anónimo? Y ¿no estamos bajo el reinado de la Bestia ciega y sorda? Y ¿no adoramos a la Bestia que nos tritura ciegamente?

XL


1’. Iré a ti, con el corazón purificado y el espíritu claro dentro de tu cuerpo resucitado, si me envías tu salvación desde este mundo, Señor de amor y de conocimiento verdaderos; porque sólo tu esplendor es recibido por tu esplendor y sólo tu santa unidad se funde en el Único.

16’. Felices quienes recuerdan que el Señor nació en un humilde establo, bienaventurados quienes reencuentran su huella en este mundo y muy felices quienes le calientan de nuevo como asnos sabios. 
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