Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.

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Tao Te King - 20

XX Cuando se abandona lo aprendido, desaparecen las contrariedades. ¿Qué diferencia hay entre «¡eh!» y «¡oh!» ¿Qué distinción puede hac...

29 enero 2015
(Versículos temáticos de El Mensaje Reencontrado)


Si no vaciamos el cuerpo por el ayuno, el espíritu por la oración y el alma por la contemplación, ¿cómo podrá el Señor colmarnos de su presencia triple y única?
XIV: 49'

III


3'. Todos ven al ancestro, algunos lo reconocen, uno sólo lo despierta y libera el mundo del pecado.
«Danos tu NOMBRE secreto, ¡oh Señor!, si juzgas que nuestros corazones son lo bastante puros como para no morir por ello».

IV


22. ¡Señor, concédenos el amor y el conocimiento que podamos soportar sin morir y perdona nuestra ceguera lamentable!

V


66'. El Espíritu Santo hace aparecer el alma pura y exalta el cuerpo nítido.
«¡Oh santa trinidad, sol admirable de la gracia, del amor y del conocimiento!»

VIII


45. Nadie es más libre que un Sabio y nadie está tan ocupado como un loco.

45'. Más allá de las plegarias, en el reposo del espíritu, es donde Dios manifestará su gloria en nosotros.

X


60'. Os adoramos, Agua, madre de las aguas, pues el fuego viviente está en vuestro centro y sois excelente sobre todas las demás luces. El sol es vuestra producción magnífica. Santa Madre del fuego, socorrednos ahora y en la hora del paso difícil. ¡Que así sea!

65'. ¡Oh! ¿quién nos dará la fe absurda y la perseverancia loca?
¡Oh! ¿quién nos enseñará la simplicidad irrisoria y la humildad totalmente desnuda?
¡Oh! ¿quién hará brillar ante nosotros la santa luz de Dios a fin de que nos volvamos como el oro del Perfecto?

XI 


26'. Que los creyentes que aman el Libro oren en sus corazones y digan: «Que quien nos ha hablado de tu gracia, de tu amor y de tu ciencia esté ebrio de ti para siempre, ¡oh Señor!»

XIII


16. Enséñanos las plegarias vigorosas como el celo del amor.
-Danos los impulsos que llevarán nuestras almas más allá del abismo.
-Cántanos el NOMBRE que fuerza las puertas de la muerte.
-Nútrenos con la esencia que arrastra el oro vivo.
-Ofrécenos el sol redentor de nuestras vidas extraviadas.

5'. Soportar las injusticias, injurias y vejaciones personales no impide contestar a las que se hacen a los débiles y a los santos.
«El tentador y el tentado se reunirán un día en el que tienta, como el amante y la amada subsistirán finalmente en el Amén».
«Sólo oímos el eco de tu voz, sólo percibimos el reflejo de tu claridad, y henos aquí del todo estupefactos, cegados y sin fuerzas ante tu grandeza».

XIV


47'. ¡Oh, mi Señor secreto!, todo mi progreso en ti eres tú quien lo realiza en mí, y mi desnudez permanece como mi único ornamento ante tu esplendor.

XVI


19'. Ahora, Dios mío, si hemos hablado según tu verdad santa y si hemos actuado según tu recta vía, deja fluir tu bendición y haz llover tu amor sobre tus hijos bienamados. Concede tu reposo a tus servidores obedientes. Proporciona tu paz a tus héroes abnegados. Comunica tu sabiduría a tus amigos fieles. Multiplica tu amor en tus amantes Hijos. Haz brotar tu vida pura en tus imágenes oscurecidas.
Envía tu salvación a tus huesos dormidos.

20'. Ahora, Señor, que hemos labrado y que hemos preparado tu cosecha, concédenos las primicias de tu abundancia y danos las prendas de tu gloria sin par.

XVII


2'. Satán lleva tanta ventaja que los santuarios de Dios le sirven ahora de bancos y agencias de propaganda sin que lo sepan.
«¡Oh, Señor compasivo!, ¿quién nos salvará del infierno si tú no vienes rápidamente a socorrernos?»

39. ¡Oh, Señor!, perdona a los ignorantes, a los extraviados y a todos los pecadores arrepentidos, pero golpea a los hipócritas que fingen públicamente piedad y virtud, y que están llenos de odio, disimulo y orgullo.

XVIII


19'. ¡Oh, bello Señor de compasión, ven a nosotros que te rogamos desesperada y locamente en nuestros corazones exiliados!
-Libera a tus pequeños bienamados antes de que el horror los trague por completo.

36'. ¡Oh, santa luz de vida que luces en las tinieblas del fin!, ¿cuántos han visto tu salvación? Y ¿cuántos la verán antes del juicio definitivo?

37'. ¡Oh, vida fugitiva, el Señor del cielo te fecundará y te fijará en la paz del oro santo, y tu gloria iluminará los mundos y tu virtud apagará la sed de los creyentes del Universo grandioso!

39. Señor, proporciónanos la ausencia de nosotros mismos para que gocemos de tu presencia santa y para que encontremos tu verdad oculta que salva de la muerte.

39'. Haz que no oigamos más que tu voz verídica, haz que no veamos más que tu faz radiante, haz que no recibamos más que tu soplo vivificante, ¡oh, belleza santa y velada!

40'. La plegaria y la alabanza no son un fin en sí mismas, sino más bien el aprendizaje del silencio en Dios, que es lo único que nos instruye plenamente.

56'. Después de haber rogado al Señor generoso, añadamos siempre esto: «Satisfaz mi deseo, Padre todopoderoso, si ello no ha de perjudicarme ni perjudicar a tus hijos».

XIX


52'. Señor, enséñanos la humildad de tu santa búsqueda, colócanos una pesada carga sobre la espalda y tierra en la boca hasta que consideremos el tocón de donde hemos sido sacados y hasta que tu bendición nos libere del hedor del pecado y de la oscuridad de la muerte.
Señor, por compasión, haz que callemos y que no expliquemos nada profana y vanamente a nadie.

XX


73". Hay una plegaria importante y urgente que debemos repetir todos los días de nuestra vida exiliada: «Libéranos, Padre Todopoderoso, de la mugre inmunda que nos sumerge por todas partes, a fin de que resplandezcamos de nuevo en tu pureza, y fecúndanos con tu santo amor, a fin de que seamos fijados en ti por la eternidad».
AMÉN.

XXI


4'. Confesémonos así al Altísimo: «Me acuso de haber caído aquí abajo por mi culpa y de encontrarme en el estado lamentable en que me ves, pero quiera tu voluntad liberarme del horrible barro del pecado de muerte y quiera tu voluntad revestirme de tu santa luz de vida, ¡oh, Misericordioso!, cuyo corazón es una hoguera de perdón y de amor, tú, eterno Amante de almas amadas».

6'. ¡Oh, Señor todopoderoso y misericordioso!, quita el saco que nos ciega y ensordece, rompe la canga que aprieta nuestros cuellos y nuestras manos, y desanuda las ligaduras que traban nuestros pies para que caminemos en tu luz de vida publicando tus bondades y elevando nuestras manos en ofrenda hacia tu santísima faz. ¡Loado seas, tú, que nos liberas del afuera por lo de dentro, oh, Viviente, pues ridiculizas toda muerte para siempre!

74'. Ten piedad de los supervivientes de tu pueblo y agrúpalos en tu santa luz de vida, para que abrasen la montaña de muertos que les rodean y oprimen miserablemente. Permite que tus santos atraigan tu bendición sobre estas osamentas inertes, para que vivan de nuevo ante ti en el arrepentimiento, en la obediencia y en la alegría del amor reencontrado.

XXII


10'. ¡Oh, Señor, que ves en los corazones!, libéranos de los rebeldes y de su malignidad que mata la gracia, la fe y el amor que nos hacen vivir en ti; y haznos conocer a los creyentes que te aman y te alaban en sus corazones, pero, por encima de todo, haznos encontrar a quienes tú hablas en secreto.

11. ¡Oh, Señor muy bueno y sapientísimo!, libéranos de los brutos, de los criminales, de los locos y de los astutos, y fustiga a los mediocres satisfechos de ellos mismos; vuelca en el polvo la ignorante vanidad de los razonables del mundo; golpea en la boca a los imbéciles triunfantes que nos explican todo lo que no entienden.

21. ¡Tu búsqueda es demasiado ardua, Señor, y si tú no vienes a socorrernos sin duda fracasaremos, ya que nuestros oídos están sordos, nuestros ojos están ciegos, nuestras manos son impotentes y tu salvación es propiamente increíble!

42. La oposición y la reprobación del mundo son desoladoras y desalentadoras, pero el juicio y la condena de nuestros allegados son crueles, aún cuando el Señor nos sostiene en nuestra santa empresa.

42'. ¡Oh, Señor misericordioso!, redime al menos los instrumentos de nuestro suplicio cuando nos dejes por fin tomar aliento, antes de recibirnos en tu seno bienaventurado y gloriosísimo, si tú lo quieres.

43'. «La fe en Dios y en su resurrección es rentable de inmediato, ya que nos ayuda a soportar lo que desespera y aplasta a los impíos. Nútrela y fortifícala en nosotros hasta el día luminoso del fin y del comienzo, Señor de bondad».

51'. Haznos conocer la alegría perfecta en nuestro descubrimiento en ti.
Haznos conocer la libertad perfecta en nuestra obediencia a tu santa voluntad.
Haznos conocer la seguridad perfecta en nuestra observancia de tu santa ley.
Haznos conocer la paz perfecta en nuestro abandono en ti.
Haznos conocer la vida perfecta en nuestro amor en ti.
Haznos conocer la satisfacción perfecta en nuestro reposo en ti.

52. Ábrenos el corazón y purifícalo, Señor, para que podamos recibirte por entero, y refuerza nuestro amor para que pueda unirse al tuyo sin ser abolido en tu gloria.

56'. Si existen mujeres irreprochables que aman según el amor que se da y no según el que lo toma todo, háznoslas conocer, Señor clarividente, dánoslas en herencia, para que nuestros hijos sean hechos a tu santa semejanza.
«Danos, Señor, la que es hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne, según tu santa ciencia».

XXIII


4'. El que puede permanecer fuera del mundo hace igual de bien, a condición de que no se violente, pues en este caso es un demonio rabioso que prospera bajo la piel de una oveja y la última caída será peor que la primera el día del juicio, cuando las cortezas estallen y se manifieste lo de dentro de todo ser y de toda cosa.
«Señor, líbranos de la estupidez triunfante de los imbéciles; líbranos de la compañía de los rebeldes irreductibles; líbranos de la satisfacción ciega y beata de los mediocres».

8. ¡Oh, Misericordioso!, ven a socorrernos a pesar nuestro, pues nuestra estupidez nos impide incluso gritar hacia ti.
¡Oh, Todopoderoso!, despierta en nosotros la fe en la inmortalidad y orienta nuestros corazones hacia tu santa faz, a fin de que seamos reengendrados en tu pureza y en tu incorruptibilidad.

11. Buscar los secretos del mundo es como para volverse imbécil, pero correr tras el secreto de Dios es como para volverse realmente loco. ¡Oh, Señor!, devuélvenos la pureza, la incorruptibilidad y la paz de tu jardín de Edén.

11'. Purifica nuestros corazones por el fuego de purgación y fecúndanos con tu amor celeste, por medio de tu gracia viajera, ¡oh, Magnánimo dador de vida!

64'. Señor magnífico, que habitas la tierra santa y la purificas del pecado de muerte, invádeme e inspira mi espíritu y mi alma, a fin de que esté sometido a tu gracia liberadora y a tu amor fecundante como todas las criaturas angélicas que cantan tus alabanzas eternamente, ¡oh, Purísimo!, ¡oh, Perfectísimo!, ¡oh, Graciosísimo!, ¡oh, Sapientísimo!, ¡oh, Bondadosísimo!, ¡oh, Dulcísimo!, ¡oh, Amantísimo!, que ERES.

XXIV


4. ¡Oh, mi Señor!, ¿no oyes a los pastores ignorantes que, para halagar a los mediocres y a los hipócritas, aclaman en el lugar santo la ciencia profana y a sus sabios mercenarios?
La violencia, la ignorancia y la vanidad han invadido sus manos, sus espíritus y sus corazones, y helos aquí extraviando y corrompiendo los rebaños confiados a su protección.
Ilumina a estos ciegos, buen Señor, o vuélvelos mudos, a fin de que la violencia de la ciencia impía no destruya tus imágenes santas y preciosas.
¡Oh, ven, santo Señor!, con tu látigo y tu báculo, con tu vara y tu espada, con tu criba que tría y que separa el buen grano de la cizaña.

24'. ¡Oh, tú, el Resplandeciente!, permite que te encontremos y te comamos, a fin de que vivamos en tu eternidad y en tu gloria sin par.

37'. ¡Oh, santo Genitor!, consume en nosotros la putrefacta extranjera y líbranos de las escorias tenebrosas, a fin de que luzcamos en la luz de vida donde haces tu nido.

XXVIII


15'. Dame, Señor, el cuerpo imperecedero y puro, el único que puede sostener sin perjuicio tu mirada amorosa y penetrar hasta el reposo de tu santa profundidad.

16. ¡Oh, divina facilidad de toda creación!, obras y no te fatigas. Reposas y no te aburres. Te ríes de la muerte, porque tu risa es la vida imperecedera de la eterna Juventud.
¡Oh, Señor Padre!, dame tu pureza, dame tu inocencia, dame tu libertad, dame tu gracia, dame tu amor, dame tu potencia, dame tu luz, dame tu generosidad, dame tu belleza, dame tu vida, dame tu eternidad, si place a tu santo perdón.

16'. Oye mi plegaria, tú, cuya luz es toda inteligencia, todo amor y toda potencia de vida. Ven a mí sobre tu rayo penetrante y despierta mi vida dormida en las tinieblas del exilio. Reanímame y sálvame del horror de la muerte, ¡oh, maravilloso Padre que prodigas tu simiente santa incansablemente!
«Los que dan al Señor otro nombre que el de Único nacido de Aquel que ES, se engañan y engañan al mundo».

XXX


47. Hemos creído en nuestra inteligencia, en nuestro trabajo, en nuestra voluntad y en nuestro saber en este mundo, pero ahora henos aquí a tus pies, Señor santo y perfecto.

47'. Como agonizantes, despojados de todo, que naufragan en la gran noche, tu luz graciosa y tu amor precioso son nuestra única esperanza en este estado lamentable.

XXXI 


31'. Señor, henos aquí destrozados y yacentes a tus pies como un montón de cenizas donde no brilla más que la fe de nuestro amor por ti, pero donde ya nada se mueve por sí solo.

32'. Si no vienes a reanimarnos por tu santa encarnación, henos aquí dormido hasta el día de tu juicio, bello Señor de misericordia.

33'. Y ¿no colocarás de nuevo los libros santos sobre el altar del esplendor celeste descendido hasta ti?

51. ¡Oh, Amigo de los hombres!, ¿nos abandonarás y nos dejarás organizar en la mugre de la muerte que conduce al caos del absurdo?

51'. Henos aquí abandonados y entregados a nosotros mismos en las tinieblas del exilio, y tu estrella se ha escondido de nosotros y te has retirado al cielo.

52. ¡Oh, Misericordioso que incluso perdonas nuestra elección imbécil de la muerte!, ¿no nos volverás a enviar a un Hijo bienamado antes del resplandor insostenible de tu juicio?

52'. A fin de que manifieste de nuevo entre nosotros tu santa luz de vida como la prenda de tu perdón y como las primicias de tu gloria sin par.

53. ¿No nos enviarás una vez más tu esencia y tu substancia santas que son todo tú?

53'. A fin de que seamos iluminados, consolados y tranquilizados en tu maravillosa salvación.

54. Pues nuestras tinieblas se espesan y se vuelven cada vez más opacas, como el anuncio del fin de los tiempos.

54'. Pero sabemos que tu día está próximo, pues sentimos tu luz moverse en nosotros como el niño que va a nacer.

XXXII


33. ¡Oh, bello Señor de compasión y de amor!, ¿no te manifestarás a tus niños bienamados antes de las tinieblas del fin?
¿No les tenderás una mano auxiliadora y tranquilizadora?

33'. ¿No permitirás a uno de tus Hijos escogidos manifestar tu santo perdón que quita el pecado de muerte, que da la salud a los agonizantes, la fe a los incrédulos y la vida a los muertos?

34. ¡Oh, bello Señor de misericordia!, ¿no nos darás una vez más las arras de tu salvación, a fin de que seamos reconfortados en tu santo amor antes del derrumbamiento del fin que viene?

34'. ¿No permitirás a uno de tus Hijos liberados manifestar tu santa luz de vida que ilumina los espíritus y que salva las almas y los cuerpos? ¿No manifestarás un pequeño resplandor de tu Omnipotencia en beneficio de tus niños diezmados?

XXXIII


47'. ¡Oh, mi Señor!, ¿cómo obtendremos el ocio y la paz tan necesarios para la búsqueda de tu evidencia santa?

XXXIV


4. ¡Oh, Señor resplandeciente!, ¿habrán hablado en vano tus profetas de tu santa ciencia que da la vida y de tu santo amor que la realiza en nosotros?

4'. ¿Ya no queda entre nosotros ninguna inteligencia atenta y ni un corazón depurado para realizar tu unidad santa y perfecta?

5. Tus Hijos penan duramente aquí abajo para hacer oír tu salvación a los hombres exiliados.

5'. Pero están sentados a la mesa en tu sol, donde festejan tu eternidad como un día de alegría que no se acaba.

13'. ¿Quién volverá a ser lo bastante sencillo y lo bastante puro para creer, para oír y para ver la verdad del misterio revelado?
«¡Oh, Señor magnánimo!, multiplica a tus hijos y a tus hijas, y dales tu tierra santa donde nada perece».

24. Quizá seremos echados a latigazos por el Señor el día de la confrontación, pues nuestra obra aquí abajo es ínfima y perdemos en los cuidados del mundo mucho del tiempo que se nos concede.
«Ahórranos la confusión de los malvados, ¡oh, bondad santa y perfecta!»

24'. ¡Oh, Señor de bondad y de perdón, concédenos el tiempo necesario para la búsqueda de tu santo secreto y permite que saboreemos aquí abajo las primicias de la vida eterna que nos has prometido desde el comienzo! ¡Oh, ven para nuestra salvación, Santísimo, y desciende en nuestros corazones purificados!

25. No nos dejes agonizar en el mundo y no nos entregues a la burla de los ignorantes que te rechazan, Señor de compasión.

25'. Pues nuestra fe vacila bajo los golpes de la muerte y nuestro amor languidece en las tinieblas del exilio.

37'. ¡Oh, cuan maravillosa e increíble es tu verdad de vida, Señor! Y ¡cuan pocos de entre tus hijos son capaces de creer en ella y buscarla aquí abajo!

42'. Abrévanos, Señor del cielo, con tu santo rocío que regenera las almas, los espíritus y los cuerpos desunidos por el juicio de la muerte del mundo.

42". ¡Oh, Santísimo!, permite que oigamos y realicemos tu gran misterio antes del juicio general que lo pondrá todo al descubierto.

43. ¡Oh, Señor de conocimiento!, ¿por qué tantos hombres se duermen en el barro del mundo? Y ¿por qué los que permanecen un poco más despiertos buscan tu secreto fuera de ti?

43'. ¡Oh, Señor de justicia!, ¿por qué tantos hombres se duermen en tu palabra? Y ¿por qué los que permanecen un poco más despiertos te buscan con tanto esfuerzo?

44. Porque éstos no han germinado en mí, dice el Señor del secreto.

44'. Porque éstos no han buscado la buena almendra que está oculta bajo la corteza, dice el Señor del misterio.

XXXV


1. ¡Oh, Señor nuestro y Dios nuestro!, confirma en el cielo nuestra palabra y nuestra visión terrestres, como nosotros confirmamos aquí abajo tu santo Nombre y tu santa presencia celestes.

17'. Ahora, Señor, henos aquí reconciliados con todos los seres caídos en el barro del pecado, sin distinción, y nuestro corazón está unido para siempre a los corazones de los desgraciados que sufren en la gehena.

18'. ¡Oh, señor de vida!, danos la salud del cuerpo y el contento del corazón, pero, por encima de todo, danos el amor de tu ser, es decir, el amor loco que nos transporta a tu santa eternidad.

19. Tú nos sumerges en la gehena con los condenados, Dios mío, y después nos retiras de ella, a fin de que comprendamos que también debemos visitarlos y reconfortarlos en tu NOMBRE.

19'. Tus lecciones son duras, Señor, y muchos no las comprenden, pero para tus hijos es un enriquecimiento sin fin. ¡Oh, buen Señor!, enséñanos suavemente y con paciencia, porque este mundo es malvado y el dolor habita en él.

25. Tú nos mezclas con los condenados y te retiras de nosotros a fin de que mesuremos nuestra nada. Realmente, Señor, no estamos orgullosos de nosotros aquí abajo.

26. Si nos abandonas, Señor, henos aquí perdidos, porque ya ni siquiera podemos pedirte socorro, tan grande se ha vuelto nuestra debilidad.

26'. No nos entregues al mal, bello Señor de vida, mas libéranos antes de que nuestros corazones sean marcados por la duda que mata el alma.

36. Señor del cielo ¿cómo escaparemos, sin tu ayuda, del embrutecimiento de las necesidades de la vida exiliada en la tierra?

40. Buen Señor de caridad, libéranos de este mundo donde todo se compra y se vende o se intercambia sórdidamente.

40'. Recíbenos en la vida generosa de tu santo amor que nunca se agota.

XXXVI


24. ¡Oh, Todopoderoso que permaneces en unidad durante la eternidad de las eternidades!, danos hijos innumerables y preciosos como las estrellas de tu cielo de gloria.

24'. A fin de que pueblen para siempre tu reino reservado a los hijos reencontrados, que hacen tu santa voluntad y manifiestan tu santo amor.

97. Los impíos y los hipócritas están excluidos de este Libro y nada bueno les llegará de él, pues su malicia jamás lo penetrará, sino que recaerá sobre ellos y al final los aplastará.

97'. ¡Oh, Señor de justicia!, haz que el saco de tinieblas los envuelva estrechamente por todas partes y que el barro infecto los vuelva ciegos, sordos y estúpidos hasta el tiempo de su arrepentimiento sincero.

97". ¡Oh, Señor santo y perfecto!, permite que tus creyentes sean reconfortados en su espera y confirmados en su fe por el Libro de tus revelaciones, y permite que tus hijos sean guiados en su búsqueda y consolados en su esperanza por el Libro de tus maravillas.

108. Estamos enfermos de tu búsqueda, Señor, y agonizamos por tu ausencia, pues el mundo y sus distracciones nos hastían y ahora nuestro deseo está solamente en ti.

108'. Llueve, llueve, Señor de bendición, a fin de que resplandezcamos de tu luz de vida y a fin de que seamos rehechos a tu imagen santa y perfecta.

108". Releamos sin cansarnos las palabras santas y Sabias, pues cada tiempo será para nuestros corazones como un rocío siempre más abundante y siempre más nutritivo.
Todo el Universo y nosotros mismos somos tinieblas y muerte sin tu amor, Señor.
Mientras que sin nuestro amor, permaneces vivo y resplandeciente para siempre ante nuestra agonía miserable.
¡Oh, mi Señor y mi Dios!, por tu amor por nosotros que es infalible, permite que jamás desfallezca nuestro amor por ti. ¡Oh, mi Rey!, haz que nuestros rostros ya no se aparten de tu rostro, hasta que entres en nosotros y hasta que penetremos en ti para siempre.
AMÉN.
(Este es el versículo del perro o de la fidelidad, que nos rememora la humildad, la fe y el amor en el Señor. También es el versículo de la bendición y de la adquisición que proporciona la abundancia de Dios).

XXXVII


6'. ¡Oh, Dios mío!, yo soy un pobre miserable, ignorante y débil entre todos, y tú me colmas más allá de todo límite; esta es tu manera maravillosa de burlarte y reírte de mí, que lloro tanto y tanto por tu belleza y tu bondad sepultadas en el corazón de mis hermanos exiliados.

8'. ¡Oh, mi Señor!, tu alegría me invade como un dique que se rompe, y heme aquí barrido, andando sobre la cabeza, con toda mi razón hundida y titubeando como un borracho, con gran escándalo de los biempensantes que me miran con desprecio.
¡Y los dos nos reímos sin ni siquiera poder decir una palabra!
«Un día negaremos, por todos los bienes del mundo, lo que ahora ofrecemos gratuitamente».

9. Henos aquí enfermos, envejeciendo e inclinándonos cada vez más hacia la tumba, pero nuestra alma espera locamente tu socorro y tu favor, ¡oh, Magnánimo que distribuyes el oro de la vida a tus bienamados!

9'. ¡Tú, el Impecable y el Perfecto, devuélvenos la salud, la juventud y la inmunidad de nuestros cuerpos, a fin de que, revestidos de tu gloria, te alabemos santamente en tu eternidad!

10. Tu humor no es tan cruel, Señor de justicia, pues los corazones de los hombres están cerrados a causa de su buena voluntad en explicar y organizar el mundo sin tu amor, sin tu obra, sin ti, y la ceniza de las ruinas recubre su inteligencia y se traga su coraje sin que se cansen de ignorarte.

10'. Señor del amor loco, te das sin medida y debemos callar y esperar tu gran juicio como impotentes y como pobres, llevando tu secreto que nos colma más allá de toda expresión. Y ya resplandecemos de tu luz, pero las tinieblas no lo ven.

15. Rezaremos así para la comida: «Gracias Señor, que te entregas para nuestro alimento bajo el velo tenebroso de las criaturas terrestres. Haz que la digestión se realice en nosotros perfectamente, a fin de que recibamos tu vida preciosa y que rechacemos el veneno de la muerte».

15'. Rezaremos así para la comunión: «Gracias Señor, que te das a nosotros para nuestra salvación, bajo el velo luminoso de la criatura celeste. Haz que tu vida gloriosa resplandezca en nosotros para siempre, después de haber aniquilado la abominación del pecado de muerte que nos mantiene en la agonía del exilio».

XXXVIII


6. ¡Oh, mi Señor y mi Dios, salva al menos a tus hijos amantes y obedientes, reúnelos bajo tu ala y repárteles los despojos de los impíos y de los insensatos que ahora te desafían!

6'. ¡Oh, mi Señor y mi Dios, abre el espíritu y el corazón de tus hijos amantes y obedientes, a fin de que reconozcan a su Madre y a su Padre santísimos unidos en el Salvador y que vivan en ti!

6". ¡Oh, mi Señor y mi Dios, abre el espíritu y el corazón de los rebeldes y de los locos que saquean estúpidamente tu creación y que la violentan sin piedad, antes del golpe que va a desmenuzarles en la muerte sin retorno!

20. ¡Santa MADRE de DIOS, guiad nuestra búsqueda e iluminad nuestra vía en las tinieblas de este mundo de exilio, a fin de que accedamos por vuestra gracia hasta el Señor encarnado, que nos liberará del pecado de muerte donde agonizamos miserablemente!

20'. ¡Santa MADRE de DIOS, dignaos revelaros a vuestros hijos amantes y cándidos, entreabriendo sólo para ellos, con el permiso de nuestro Señor Dios, el velo oscuro que extravía a los malvados y a los orgullosos sectarios del mundo entenebrecido!

23. Mi alegría desborda como un torrente vivo y el deseo de tu amor es lo único que subsiste en mí, porque el mundo está como inundado por tu luz que sube de todas partes, ¡oh, Señor de resurrección!

23'. Mi alegría es mi conformidad con tu voluntad santa, ¡oh, Señor de la vida invasora! Así, mi alegría es tu alegría, mi voluntad es tu voluntad, mi amor es tu amor, y heme aquí en ti, por ti, para ti inexpresablemente.

XXXIX


4. ¡Oh, mi Señor y mi Dios!, nos pones cruelmente a prueba hasta el final de nuestra búsqueda y hasta el final de nuestro extravío, porque estamos desviados y te buscamos afuera en el mundo, en lugar de buscarte adentro de nosotros mismos.

8. ¡Oh, pura esencia, incluida en la pura substancia, que gimes con el hombre caído!, permite que el Libro que habla de nuevo de tu amor aparezca en el mundo, a fin de que tus hijos enlutados perciban una vez más tu llamada antes del juicio aterrador que viene.

8'. ¡Oh, Amada que contienes al Amado!, permite que el Libro de tu esplendor imante de nuevo a la multitud de tus hijos caídos en el barro, que yerran miserablemente tranquilizándose con tu antigua promesa, sin hacer nada para penetrarla ni para ponerla en práctica verdaderamente.

8". ¡Oh, Padre-Madre-Hijo santísimos!, quieras iluminar a tus agonizantes antes de que sea demasiado tarde.

13. Tus servidores y tus hijos están en la penuria, Señor, y si a duras penas pueden mantener su casa, es por un milagro siempre renovado, aunque observen tu ley y trabajen para la vida de todos.

13'. Mientras que los impíos inútiles y estériles son mantenidos con holgura por el mundo, en proporción a su inutilidad e incluso a su nocividad, porque las mejores prebendas están reservadas a los que trabajan para la muerte de todos.

14. ¡Oh, Señor de inteligencia!, ¿hasta cuándo dejarás pasar por idiotas e incapaces a los que te sirven y te buscan aquí abajo con las lágrimas de la agonía y de la esperanza?

14'. ¡Oh, Señor todopoderoso!, ¿hasta cuándo abandonarás a la mendicidad a los que descuidan asegurar su fortuna en este mundo para buscarte mejor en sí mismos?

14". ¡Oh, Señor de justicia!, ¿hasta cuándo dejarás pisotear y reducir a nada a quienes prefieren rogarte y alabarte, antes que despabilarse en este mundo infectado por la muerte?

17. Tú nos sumerges en las tinieblas y en la desolación, Señor, pero es porque te abandonamos, porque renegamos de ti y te traicionamos; ya que eres todo gracia y todo amor, ¡oh, Resplandeciente!, y nos consuelas, nos socorres y nos iluminas al mínimo impulso que tenemos hacia ti.

17'. Nuestra buena voluntad en ti es lo que desencadena tu socorro en el cielo.
Nuestra fe en ti es lo que lo manifiesta en el mundo. Nuestro amor en ti es lo que lo reconoce en nuestros corazones y lo alaba en nuestras bocas, ¡oh, Santísimo, que te entregas por nuestras vidas desfallecientes y perdidas!

XXXX


2. ¡Oh, Señor de libertad!, danos la inteligencia suprema que es la obediencia a tu santa voluntad, a fin de que tu creación esté sometida a nosotros por el amor que tenemos por ella, como estamos sometidos a ti por el amor que nos tienes.

2'. ¡Oh, Señor de fundación!, danos la fe todopoderosa que coagula y que disuelve tu santa luz de vida, a fin de que seamos establecidos señores y guardianes fieles de tu creación maravillosa en la eternidad de tu gloria.