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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
10 enero 2016

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar...
Extracto de la Plegaria de la Serenidad
San Francisco de Asís

Comparativa con El Mensaje Reencontrado realizada por Anna Mª F.:


I

66'. La libertad se conquista sobre las pasiones, los deseos y la muerte.

II

6'. La corteza terrestre extravía a los más sutiles observadores, pero el mar interior ilumina al hombre simple y creyente.

III

18'. El olvido de uno mismo engrandece al hombre hasta el origen sin límite, del que se reviste el Desconocido.

IV

12. El Sabio habla poco, lo observa todo y pocas veces actúa. Conoce la inanidad de todo lo que no acaba en Dios.
12'. La sabiduría consiste en no prejuzgar nada del mundo, sino considerar lo que lo transforma a fin de descubrir lo que es.

V

56. Quien está instruido considera el mundo como el velo que cubre la realidad  viva de  Dios.

VI

14. La desgracia mantiene despierto al hombre en el medio mismo de la muerte.

VII

62'. Quien permanece en la adoración secreta es llevado por el agua del Señor.

VIII

3. El Padre del mundo, que habita la Madre universal, es inaccesible a la mancha de las tinieblas exteriores.

IX

48. Ejercitémonos desde ahora a abandonarlo todo y a volvernos hacia Dios, antes de que todo nos abandone y se vuelva contra nosotros.

XI

45'. El Sabio actúa gratuitamente porque sabe que todo está en Dios.

XII

18. Sin las lecciones de la desgracia y sin los fracasos de este mundo, cuántos hombres estarían hundidos en la muerte para siempre?

XIII

29. No nos conmovamos por nada, pero estemos atentos a todo lo que sobreviene al mundo y a nosotros mismos, a fin de aprender a distinguir la realidad divina de las apariencias de la creación mezcla­da.

XIV

22. Examinemos el bien y el mal que ocurren a los demás y a nosotros mismos, y alabemos al Señor por la forma magis­tral con que enseña a los ciegos y a los clarividentes.

XV

30'. Si pensáramos primero en la luz del Señor soterrada en el fondo de cada ser, soportaríamos con más facilidad las contradicciones y la ceguera de sus tinieblas exteriores, y estaríamos confundidos por nuestro propio oscurecimiento interior.

XVI

39'. Roguemos al Señor para que nos permita alcanzar el fondo de las cosas y de nosotros mismos a fin de poder acceder a su grandeza divina y a su santísimo reposo.

XVII

10. La prueba del origen divino de la creación es su rebeldía ante la muerte y su habituación innata a la vida que no perece.

XVIII

40'. La plegaria y la alabanza no son un fin en sí mismas, sino más bien el apren­dizaje del silencio en Dios, que es lo único que nos instruye plenamente.

XIX

44. Hagamos todo lo necesario para agradar a Dios y soportemos pacientemente los juicios ciegos del mundo, sin desafío ni justificación profana.

XX

18. ¿Cómo creer en Dios en este mundo absurdo cuando no se ha visto lucir la luz del Perfecto?

18'. ¡Oh, misericordia infinita de la fe ciega! ¡Oh, asombrosa seguridad del amor divino!

XXI

11'. ¡Oh, Preciosísimo!, danos la inteligencia de las sentencias misteriosas enunciadas por los Sabios de tu casa y haz florecer nuestra vida oculta.

49. ¡Oh, mi Señor!, eres mi padre y mi madre, eres mis hermanos y mis hermanas, eres mi compañera y mis hijos. Eres el bien y el amigo indefectible que se acuerda de sus bienamados en este mundo.

XXIII

34'. El que no violenta nada dentro ni fuera lo ve crecer todo en él y alrededor suyo sin esfuerzo.

XXIV

8. Ya no hay soledad, ni tristeza, ni abandono para el que conversa en su corazón con el Perfecto.

XXV

45'. Los fracasos y las privaciones sólo sirven útilmente a los que tienen  la voluntad de buscar a Dios, porque esto les evita perderse en el mundo.

XXVI


16'. La paz de las bestias preconizada por algunos jamás podría ser la paz de  Dios propuesta por Dios.

XXVII


1. Toda desgracia que nos golpea aquí abajo es una maravillosa ocasión de ascesis para volver a Dios, si sabemos aceptarla alegremente en vez de rechazarla. Pero muchos prefieren volver a revolcarse en el barro del mundo.

XXVIII


28. Pocos hombres son capaces de soportar sin morir la libertad de Dios, y pocos hombres son capaces de soportar sin desfallecer el libre albedrío que les ha sido otorgado aquí abajo.

XXIX

8. ¿El Señor no lo ha soportado todo por amor al Único y por amor a los hombres extraviados en la muerte?

XXX

2. Un pequeño hilo de las grandes aguas apenas llega hasta nosotros ahora, y agonizamos en el mundo pidiendo gracia.
2'. Un día, nadaremos en la inmensidad del mar celeste, y todo nos será dado con profusión, incluso antes de que lo pidamos.

XXXI

13. Que quien se sienta solitario y abandonado en el mundo que se anime, que ruegue al Señor y a sus santos en su corazón y recibirá lo que haya pedido.

XXXII

47'. Pues el Señor es un buen jardinero que nos poda, nos riega, nos ilumina y nos fecunda según su ARTE que es perfecto.

XXXIII

46'. La aceptación, la soledad y el ocio nos son útiles por encima de todo para buscar el joyel que nos salvará de la dispersión de la muerte, pues una nos libera de los cuidados del mundo, la otra nos evita sus preocupaciones y el último nos da el tiempo necesario para la santa búsqueda de la vida.

XXXIV


9. Soportaremos con paciencia nuestra sequedad y la humectaremos con la lectura de las Escrituras reveladas que liberan de la duda.

XXXV


21'. La humildad es acordarnos siempre de que estamos en equilibrio inestable al borde del abismo, donde nadan el sufrimiento, la locura y la muerte.

XXXVI


44. Roguemos a Dios a fin de que abra nuestros ojos y roguémosle a fin de que destape nuestros oídos.
44'. Pero roguémosle sobre todo para que desligue nuestros corazones de la mugre de la muerte y los ligue en su luz de vida.

XXXVII


21'. El Señor Dios ha trazado una vía misteriosa y muy evidente, a fin de que todos podamos salir del barro donde hemos caído por desobediencia a su santo mandamiento. Él la revela a sus hijos arrepentidos que hacen su voluntad y realizan su obra.

XXXVIII


19'. Nuestra fe radica en la certeza de la naturaleza divina encarnada en la carne del mundo.
Nuestra fe se nutre de la esperanza de reencontrar esta naturaleza divina sepultada en el pecado de muerte.
Nuestra fe se anima por la efusión del Espíritu Santo que fecunda la naturaleza divina y así nos rehace hijos de Dios, a imagen de Dios mismo.

XXXIX

16. Ofrezcamos todos los días de nuestra vida una nueva alabanza al Señor de vida,como pondríamos un grano de trigo en un saco, y nos asombraremos de habernos hecho semejante tesoro tan fácil y rápidamente.

XL

2. ¡Oh, Señor de libertad!, danos la inteligencia suprema que es la obediencia a tu santa voluntad, a fin de que tu creación esté sometida a nosotros por el amor que tenemos por ella, como estamos sometidos a ti por el amor que nos tienes.



Parte 2/3