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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
26 abril 2015

Asciendes bello, sol vivo,
Señor de la eternidad,
eres radiante, eres bello, eres fuerte,
tu amor es grande y vasto,
tus rayos dan ojos a lo que has creado,
tu tinte resplandece,
vivificando los corazones.

Llenas los Dos Países con tu amor,
oh noble dios que se ha creado a si mismo,
que ha hecho toda la tierra y ha creado lo que está encima,
los hombres, todos los animales domésticos y salvajes,
los árboles que crecen sobre la tierra,
viven cuando has resplandecido sobre ellos.

Eres el padre y la madre de aquellos que has creado.
........................
Estás solo, pero hay millones de vidas en ti
para vivificar a las criaturas.
Ver tus rayos es el soplo de la vida.
Todas las flores que viven y nacen del suelo,
crecen cuando has resplandecido;
se embriagan con tu faz.

Todas las bestias saltan sobre sus pies,
los pájaros que estaban en su nido vuelan de alegría;
sus alas, que estaban cerradas,
se abren para celebrar el sol vivo.

La luz del sol contiene todas las demás luces; ella es como la esencia de la vida.

Aun cuando estuviéramos secos como piedras, la gracia del Señor nos haría germinar hasta el cielo.
El Mensaje Reencontrado IX: 16-16'

Fuente (excepto notas comparativas): revista La Puerta nº 5
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19 abril 2015

(Estudio comparativo del texto copto de Nag Hammadi con El Mensaje Reencontrado)



29. Dijo Jesús: «El que la carne haya llegado a ser gracias al espíritu es un prodigio; pero el que el espíritu (haya llegado a ser) gracias al cuerpo, es prodigio [de prodigios]. Y yo me maravillo cómo esta gran riqueza ha venido a alojarse en esta pobreza».


El Hijo nos ha venido del Padre por el Espíritu. Actualmente, el Espíritu nos viene del Hijo que ha vuelto al Padre.
¿Quién puede reconocer al Señor encarnado bajo sus harapos de pobre?
Este es bienaventurado, ya que Dios en persona es quien le ilumina.
XXVIII: 39-39'


30. Dijo Jesús: «Dondequiera que hubiese tres dioses, dioses son; dondequiera que haya dos o uno, con él estoy yo».

Todo es en cuerpo y en espíritu.
Todo está abajo y todo está arriba.
Esto vive y se transforma perpetuamente.
Todo es triple y doble y, sin embargo, único.
Esto sube y esto baja.
Todo es hembra por fuera y macho por dentro.
IV: 17'

31. Dijo Jesús: «Ningún profeta es aceptado en su aldea; ningún médico cura a aquellos que le conocen».

¿No se ha negado nuestra familia terrestre a leer el Libro de la verdad encarnada y no lo ha rechazado e ignorado a causa de su buena voluntad en el mundo y de su mala voluntad en Dios?
¿No son, sin embargo, buena gente en el mundo?
XXXVI: 52

32. Dijo Jesús: «Una ciudad que está construida (y) fortificada sobre una alta montaña no puede caer ni pasar inadvertida».

El impío flaquea al final y sucumbe en las tinieblas de la duda y de la desesperación.
El creyente se fortalece cada vez más en su fe, que le ilumina y le protege.
XXXII: 48-48'

33. Dijo Jesús: «Lo que escuchas con uno y otro oído, pregónalo desde la cima de vuestros tejados; pues nadie enciende una lámpara y la coloca bajo el celemín o en otro lugar escondido, sino que la pone sobre el candelero para que todos los que entran y salen vean su resplandor».

La aristocracia cristiana del conocimiento ha sido decapitada desde el comienzo, y los símbolos, las personas, los ritos y los sacramentos han sustituido la realidad transcendente del misterio divino.
Así, los que orgullosamente han creído ser los más iluminados se han vuelto idólatras, ciegos y supersticiosos sin saberlo y, exigiendo la fe ciega para todos, han vuelto a poner la luz de Dios bajo el celemín y ellos mismos se han privado de ella.
XXVII: 24-24'

34. Dijo Jesús: «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el hoyo».

Dejemos a los creyentes orgullosos que quieren aleccionar a los demás y que se creen automáticamente salvados por las fórmulas y por los símbolos de su religión, que confunden estúpidamente con la realidad viva del don de Dios.
Consideremos sus sermones, pero consideremos también el barro que les cubre de pies a cabeza y comprenderemos que no predican como salvados sino que gritan como perdidos. Ilustran, sin saberlo, la parábola de los ciegos que conducen a otros ciegos.
XXVII: 7-7'

35. Dijo Jesús: «No es posible que uno entre en la casa del fuerte y se apodere de ella (o de él) de no ser que logre atarle las manos a éste: entonces sí que saqueará su casa».

Cada uno de nosotros debe soportar hasta el final sin recriminar la carga que ha escogido hundiéndose en las tinieblas exteriores. Pues la germinación solitaria es lo que separa el buen grano y prepara la cosecha fructífera.
Cuando nos sintamos tentados más allá de nuestras fuerzas, de nuestra inteligencia o de nuestro amor, oremos en nosotros mismos para que el rebelde se someta y vuelva a Dios como un hijo pródigo acogido e introducido por el amor maternal.
XIII: 24-24'

36. Dijo Jesús: «No estéis preocupados desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana (pensando) qué vais a poneros».

¿Qué hay más despreciado que la vestidura de Dios?
¿Hay algo más desconocido que la luz del sol?
II: 11'

37. Sus discípulos dijeron: «¿Cuándo te nos vas a manifestar y cuándo te vamos a ver?» Dijo Jesús: «Cuando perdáis (el sentido de) la vergüenza y —cogiendo vuestros vestidos— los pongáis bajo los talones como niños pequeños y los pisoteéis, entonces [veréis] al Hijo del Viviente y no tendréis miedo».

El que ha despojado al mundo de su vestidura de ilusión sonríe al bien supremo que aparece en el centro de la inmensidad movediza de la vida.
«Y nadie, ni siquiera uno mismo, ha sido violentado».
VIII: 49'

38. Dijo Jesús: «Muchas veces deseasteis escuchar estas palabras que os estoy diciendo sin tener a vuestra disposición alguien a quien oírselas. Días llegarán en que me buscaréis (y) no me encontraréis».

¡Oh, Amigo de los hombres!, ¿nos abandonarás y nos dejarás organizar en la mugre de la muerte que conduce al caos del absurdo?
Henos aquí abandonados y entregados a nosotros mismos en las tinieblas del exilio, y tu estrella se ha escondido de nosotros y te has retirado al cielo.
¡Oh, Misericordioso que incluso perdonas nuestra elección imbécil de la muerte!, ¿no nos volverás a enviar a un Hijo bienamado antes del resplandor insostenible de tu juicio?
A fin de que manifieste de nuevo entre nosotros tu santa luz de vida como la prenda de tu perdón y como las primicias de tu gloria sin par.
¿No nos enviarás una vez más tu esencia y tu substancia santas que son todo tú?
A fin de que seamos iluminados, consolados y tranquilizados en tu maravillosa salvación.
Pues nuestras tinieblas se espesan y se vuelven cada vez más opacas, como el anuncio del fin de los tiempos.
Pero sabemos que tu día está próximo, pues sentimos tu luz moverse en nosotros como el niño que va a nacer.
XXXI: 51-54'

39. Dijo Jesús: «Los fariseos y los escribas recibieron las llaves del conocimiento y las han escondido: ni ellos entraron, ni dejaron entrar a los que querían. Pero vosotros sed cautos como las serpientes y sencillos como las palomas».

Desgraciadamente, los que se han encargado de guiar a los creyentes no penetran sus propias Escrituras y ya no oyen a su propio Señor, pues se han vuelto como funcionarios ciegos y sordos, encerrados en reglamentos muertos y abandonados por el Espíritu Santo que odian por encima de todo.
¿Qué responderán el día del juicio cuando se les vuelva a pedir el talento que han enterrado? Su excesiva prudencia se ha vuelto como la peor ignorancia, como la peor cobardía y como la peor muerte. También éstos se han apoderado de las llaves de la ciencia de Dios y, al no haberla penetrado, ahora impiden a los demás entrar en ella.

Cuando comencemos la búsqueda de Dios, seremos imprudentes y estaremos expuestos como pájaros. Cuando terminemos la búsqueda de Dios, seremos prudentes y estaremos ocultos como serpientes.
XL: 5-5'; XXXVII: 4

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Fuente del texto (excepto notas comparativas): Los Evangelios Apócrifos, por Aurelio De Santos Otero, BAC

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14 abril 2015

XIII


«Acoge la desgracia como agradable sorpresa, y estima la calamidad como a tu propio cuerpo.»

¿Por qué debemos "acoger la desgracia como agradable sorpresa"?
Porque un estado humilde es un favor: caer en él es una agradable sorpresa, ¡y también la es el remontarlo!
Por ello, debemos "acoger la desgracia como agradable sorpresa".

¿Por qué debemos "estimar la calamidad como a nuestro propio cuerpo"?
Porque nuestro cuerpo es la fuente misma de nuestras calamidades.
Si no tuviéramos cuerpo, ¿qué desgracias nos podrían suceder?
 
Así pues, sólo quien está dispuesto a entregar su cuerpo para salvar al mundo merece que se le confíe el mundo.
Sólo aquel que pueda hacerlo con amor es merecedor de ser administrador del mundo.

Lao Tse


Sin las lecciones de la desgracia y sin los fracasos de este mundo, ¿cuántos hombres estarían hundidos en la muerte para siempre?

Trabajar en conocerse es ayudar a toda la humanidad a renacer.
El Mensaje Reencontrado XII: 18; V: 91'
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03 abril 2015

(Estudio comparativo del texto copto de Nag Hammadi con El Mensaje Reencontrado)

20. Dijeron los discípulos a Jesús: «Dinos a qué se parece el reino de los cielos». Díjoles: «Se parece a un grano de mostaza, que es (ciertamente) la más exigua de todas las semillas, pero cuando cae en tierra de labor hace brotar un tallo (y) se convierte en cobijo para los pájaros del cielo».

El Sabio admirable es el que desnuda la tierra, dispone la semilla y espera la cosecha.
El alma del gran mundo es la que liberará y recibirá el alma del hombre con su simiente particular.
VII: 2-2'

21. Dijo Mariham a Jesús: «¿A qué se parecen tus discípulos ?» Él respondió: «Se parecen a unos muchachos que se han acomodado en una parcela ajena. Cuando se presenten los dueños del terreno les dirán: Devolvednos nuestra finca. Ellos se sienten desnudos en su presencia al tener que dejarla y devolvérsela». Por eso os digo: «Si el dueño de la casa se entera de que va a venir el ladrón, se pondrá a vigilar antes de que llegue y no permitirá que éste penetre en la casa de su propiedad y se lleve su ajuar. Así, pues, vosotros estad también alerta ante el mundo, ceñid vuestros lomos con fortaleza para que los ladrones encuentren cerrado el paso hasta vosotros; pues (si no) darán con la recompensa  que vosotros esperáis. ¡Ojalá surja de entre vosotros un hombre sabio que —cuando la cosecha hubiere madurado— venga rápidamente con la hoz en la mano y la siegue! El que tenga oídos para oír, que oiga».

Esperemos su presencia noche y día sin cansarnos jamás, pues cuando estemos maduros caeremos por nosotros mismos en sus brazos.
XIII: 6

22. Jesús vio unas criaturas que estaban siendo amamantadas y dijo a sus discípulos: «Estas criaturas a las que están dando el pecho se parecen a quienes entran en el Reino». Ellos le dijeron: «¿Podremos nosotros —haciéndonos pequeños— entrar en el Reino?» Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen  en lugar de una imagen, entonces podréis entrar [en el Reino]».

La mujer disgrega al hombre hasta el agua del aire.
El hombre consolida la mujer hasta el fuego de la tierra.
De estos dos brota el infinito de la creación perfecta, que manifiesta la gloria del Único sobre la tierra de los vivos.
III: 82

23. Dijo Jesús: «Yo os escogeré uno entre mil y dos entre diez mil; y resultará que ellos quedarán como uno solo».

Aquel día, seremos varios en un mismo cuerpo y en un mismo espíritu, y el misterio de la comunión en el seno del Único será revelado a los creyentes, sin que sepan el porqué ni el cómo de la unión santa.
XVIII: 1

24. Dijeron sus discípulos: «Instrúyenos acerca del lugar donde moras, pues sentimos la necesidad de indagarlo». Díjoles: «El que tenga oídos, que escuche: en el interior de un hombre de luz hay siempre luz y él ilumina todo el universo; sin su luz reinan las tinieblas».

El Padre del mundo, que habita la Madre universal, es inaccesible a la mancha de las tinieblas exteriores.
VIII: 3

25. Dijo Jesús: «Ama a tu hermano como a tu alma; cuídalo como la pupila de tu ojo».

Nuestro hermano es este Sabio o bien este loco, este santo o bien este criminal, este jefe o bien este mendigo, este niño o bien este muerto.
«¡Oh esplendor enterrado! Agua santa que libera nuestras almas de la tierra extranjera».
I: 74'

26. Dijo Jesús: «La paja en el ojo de tu hermano, sí que la ves; pero la viga en el tuyo propio, no la ves. Cuando hayas sacado la viga de tu ojo, entonces verás de quitar la paja del ojo de tu hermano».

El espíritu está oculto en el cuerpo, y el alma se manifiesta por la separación y por la unión de ambos en la eternidad del Único.
IX: 61'

27. (Dijo Jesús): «Si no os abstenéis del mundo, no encontraréis el Reino; si no hacéis del sábado sábado, no veréis al Padre».

Buscar el mundo y servir al Señor es imposible.
Servir al mundo y buscar al Señor es más imposible todavía.
XXXII: 41-41'

28. Dijo Jesús: «Yo estuve en medio del mundo y me manifesté a ellos en carne. Los hallé a todos ebrios (y) no encontré entre ellos uno siquiera con sed. Y mi alma sintió dolor por los hijos de los hombres, porque son ciegos en su corazón y no se percatan de que han venido vacíos al mundo y vacíos intentan otra vez salir de él. Ahora bien: por el momento están ebrios, pero cuando hayan expulsado su vino, entonces se arrepentirán».

Los mediocres, los tranquilizados, los atolondrados, los bestiales, que piensan reposar y rumiar tranquilamente en el mundo sin la paz de Dios, permanecen en la peor embriaguez, porque es la mayor precariedad que pueda haber.
XXXVIII: 56

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Fuente del texto (excepto notas comparativas): Los Evangelios Apócrifos, por Aurelio De Santos Otero, BAC

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