Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.

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19 abril 2015

(Estudio comparativo del texto copto de Nag Hammadi con El Mensaje Reencontrado)



29. Dijo Jesús: «El que la carne haya llegado a ser gracias al espíritu es un prodigio; pero el que el espíritu (haya llegado a ser) gracias al cuerpo, es prodigio [de prodigios]. Y yo me maravillo cómo esta gran riqueza ha venido a alojarse en esta pobreza».


El Hijo nos ha venido del Padre por el Espíritu. Actualmente, el Espíritu nos viene del Hijo que ha vuelto al Padre.
¿Quién puede reconocer al Señor encarnado bajo sus harapos de pobre?
Este es bienaventurado, ya que Dios en persona es quien le ilumina.
XXVIII: 39-39'


30. Dijo Jesús: «Dondequiera que hubiese tres dioses, dioses son; dondequiera que haya dos o uno, con él estoy yo».

Todo es en cuerpo y en espíritu.
Todo está abajo y todo está arriba.
Esto vive y se transforma perpetuamente.
Todo es triple y doble y, sin embargo, único.
Esto sube y esto baja.
Todo es hembra por fuera y macho por dentro.
IV: 17'

31. Dijo Jesús: «Ningún profeta es aceptado en su aldea; ningún médico cura a aquellos que le conocen».

¿No se ha negado nuestra familia terrestre a leer el Libro de la verdad encarnada y no lo ha rechazado e ignorado a causa de su buena voluntad en el mundo y de su mala voluntad en Dios?
¿No son, sin embargo, buena gente en el mundo?
XXXVI: 52

32. Dijo Jesús: «Una ciudad que está construida (y) fortificada sobre una alta montaña no puede caer ni pasar inadvertida».

El impío flaquea al final y sucumbe en las tinieblas de la duda y de la desesperación.
El creyente se fortalece cada vez más en su fe, que le ilumina y le protege.
XXXII: 48-48'

33. Dijo Jesús: «Lo que escuchas con uno y otro oído, pregónalo desde la cima de vuestros tejados; pues nadie enciende una lámpara y la coloca bajo el celemín o en otro lugar escondido, sino que la pone sobre el candelero para que todos los que entran y salen vean su resplandor».

La aristocracia cristiana del conocimiento ha sido decapitada desde el comienzo, y los símbolos, las personas, los ritos y los sacramentos han sustituido la realidad transcendente del misterio divino.
Así, los que orgullosamente han creído ser los más iluminados se han vuelto idólatras, ciegos y supersticiosos sin saberlo y, exigiendo la fe ciega para todos, han vuelto a poner la luz de Dios bajo el celemín y ellos mismos se han privado de ella.
XXVII: 24-24'

34. Dijo Jesús: «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el hoyo».

Dejemos a los creyentes orgullosos que quieren aleccionar a los demás y que se creen automáticamente salvados por las fórmulas y por los símbolos de su religión, que confunden estúpidamente con la realidad viva del don de Dios.
Consideremos sus sermones, pero consideremos también el barro que les cubre de pies a cabeza y comprenderemos que no predican como salvados sino que gritan como perdidos. Ilustran, sin saberlo, la parábola de los ciegos que conducen a otros ciegos.
XXVII: 7-7'

35. Dijo Jesús: «No es posible que uno entre en la casa del fuerte y se apodere de ella (o de él) de no ser que logre atarle las manos a éste: entonces sí que saqueará su casa».

Cada uno de nosotros debe soportar hasta el final sin recriminar la carga que ha escogido hundiéndose en las tinieblas exteriores. Pues la germinación solitaria es lo que separa el buen grano y prepara la cosecha fructífera.
Cuando nos sintamos tentados más allá de nuestras fuerzas, de nuestra inteligencia o de nuestro amor, oremos en nosotros mismos para que el rebelde se someta y vuelva a Dios como un hijo pródigo acogido e introducido por el amor maternal.
XIII: 24-24'

36. Dijo Jesús: «No estéis preocupados desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana (pensando) qué vais a poneros».

¿Qué hay más despreciado que la vestidura de Dios?
¿Hay algo más desconocido que la luz del sol?
II: 11'

37. Sus discípulos dijeron: «¿Cuándo te nos vas a manifestar y cuándo te vamos a ver?» Dijo Jesús: «Cuando perdáis (el sentido de) la vergüenza y —cogiendo vuestros vestidos— los pongáis bajo los talones como niños pequeños y los pisoteéis, entonces [veréis] al Hijo del Viviente y no tendréis miedo».

El que ha despojado al mundo de su vestidura de ilusión sonríe al bien supremo que aparece en el centro de la inmensidad movediza de la vida.
«Y nadie, ni siquiera uno mismo, ha sido violentado».
VIII: 49'

38. Dijo Jesús: «Muchas veces deseasteis escuchar estas palabras que os estoy diciendo sin tener a vuestra disposición alguien a quien oírselas. Días llegarán en que me buscaréis (y) no me encontraréis».

¡Oh, Amigo de los hombres!, ¿nos abandonarás y nos dejarás organizar en la mugre de la muerte que conduce al caos del absurdo?
Henos aquí abandonados y entregados a nosotros mismos en las tinieblas del exilio, y tu estrella se ha escondido de nosotros y te has retirado al cielo.
¡Oh, Misericordioso que incluso perdonas nuestra elección imbécil de la muerte!, ¿no nos volverás a enviar a un Hijo bienamado antes del resplandor insostenible de tu juicio?
A fin de que manifieste de nuevo entre nosotros tu santa luz de vida como la prenda de tu perdón y como las primicias de tu gloria sin par.
¿No nos enviarás una vez más tu esencia y tu substancia santas que son todo tú?
A fin de que seamos iluminados, consolados y tranquilizados en tu maravillosa salvación.
Pues nuestras tinieblas se espesan y se vuelven cada vez más opacas, como el anuncio del fin de los tiempos.
Pero sabemos que tu día está próximo, pues sentimos tu luz moverse en nosotros como el niño que va a nacer.
XXXI: 51-54'

39. Dijo Jesús: «Los fariseos y los escribas recibieron las llaves del conocimiento y las han escondido: ni ellos entraron, ni dejaron entrar a los que querían. Pero vosotros sed cautos como las serpientes y sencillos como las palomas».

Desgraciadamente, los que se han encargado de guiar a los creyentes no penetran sus propias Escrituras y ya no oyen a su propio Señor, pues se han vuelto como funcionarios ciegos y sordos, encerrados en reglamentos muertos y abandonados por el Espíritu Santo que odian por encima de todo.
¿Qué responderán el día del juicio cuando se les vuelva a pedir el talento que han enterrado? Su excesiva prudencia se ha vuelto como la peor ignorancia, como la peor cobardía y como la peor muerte. También éstos se han apoderado de las llaves de la ciencia de Dios y, al no haberla penetrado, ahora impiden a los demás entrar en ella.

Cuando comencemos la búsqueda de Dios, seremos imprudentes y estaremos expuestos como pájaros. Cuando terminemos la búsqueda de Dios, seremos prudentes y estaremos ocultos como serpientes.
XL: 5-5'; XXXVII: 4

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Fuente del texto (excepto notas comparativas): Los Evangelios Apócrifos, por Aurelio De Santos Otero, BAC

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