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Versículos de El Mensaje Reencontrado A Dios no le interesa mucho nuestra situación en este mundo. Considera, más bien, el estado de...

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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
17 julio 2015

(Estudio comparativo del texto copto de Nag Hammadi con El Mensaje Reencontrado)

76. Dijo Jesús: «El reino del Padre se parece a un comerciante poseedor de mercancías, que encontró una perla. Ese comerciante era sabio: vendió sus mercancías y compró aquella perla única. Buscad vosotros también el tesoro imperecedero allí donde no entran ni polillas para devorar(lo) ni gusano para destruir(lo)».

Todo lo que se destruye rápidamente es del mundo.
Todo lo inmutable es de Dios.
XI: 30

77. Dijo Jesús: «Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el universo: el universo ha surgido de mí y ha llegado hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo; levantad una piedra y allí me encontraréis».

La luz nos viene de los astros y vuelve a los astros, que la restituyen a Dios.
El hombre puro y perfecto es el punto de equilibrio más realizado del Universo.
IX: 31-31'

78. Dijo Jesús: «¿A qué salisteis al campo? ¿Fuisteis a ver una caña sacudida por el viento? ¿Fuisteis a ver a un hombre vestido de ropas finas? [Mirad a vuestros] reyes y a vuestros magnates: ellos son los que llevan [ropas] finas, pero no podrán reconocer la verdad».

El hijo de Dios puede ver y comprender lo que ningún otro siquiera podría oír o sospechar, pues quien es instruido por el Único oye con los oídos y ve con los ojos del Espíritu Santo.
VI: 40

79. Le dijo una mujer de entre la turba: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». El [le] respondió: «Bienaventurados aquellos que han escuchado la palabra del Padre (y) la han guardado de verdad, pues días vendrán en que diréis: Dichoso el vientre que no concibió y los pechos que no amamantaron».

¿Quién conoce mejor al divino Señor de Vida? ¿Los sencillos pastores?
¿Los sabios magos? ¿Los fieles adoradores? ¿Los discípulos benditos? ¿Los creyentes abnegados? O bien ¿aquél que guarda la Virgen santa, le ayuda a dar a luz en secreto y cría al niño venido del cielo?
¡Oh, muy inteligentes!, ¡oh, muy sabios!, ¡oh, muy importantes, contestad si sois capaces de comprender la pregunta!
XXII: 61'

80. Dijo Jesús: «El que haya reconocido al mundo, ha encontrado el cuerpo. Pero de quien haya encontrado el cuerpo, de éste no es digno el mundo».

La separación es el comienzo del trabajo secreto que conduce a Dios. La reunión es su término.
Quién se separe del inmundo encontrará a Dios concentrado en su vida.
VI: 39-39'

81. Dijo Jesús: «Quien haya llegado a ser rico, que se haga rey; y quien detente el poder, que renuncie».

Cuando alcancemos a Dios no omitamos entregárselo todo; si no, le perderíamos enseguida.
Nuestro amor y nuestro conocimiento se fundirán en la unión divina y el reposo vivo será nuestra recompensa eterna.
XI: 70-70'

82. Dijo Jesús: «Quien esté cerca de mí, está cerca del fuego; quien esté lejos de mí, está lejos del Reino».

Dios es como un fuego fijo y seco, oculto en un fuego movedizo y húmedo.
Quien lo descubre posee el dominio de la vida.
El Sabio habla y calla en el mismo instante.
Lo descubre todo, pero no vilipendia nada.
IV: 48-48'

83. Dijo Jesús: «Las imágenes se manifiestan al hombre, y la luz que hay en ellas permanece latente en la imagen de la luz del Padre. Él se manifestará, quedando eclipsada su imagen por su luz».

Cuando el cuerpo maravilloso del Señor triunfante aparezca ante nuestros ojos deslumbrados, alargaremos santamente nuestras manos purificadas, por efecto de la fe agradecida y loca, a fin de constatar, para nuestra inmensa alegría, la realidad tangible del glorioso resucitado que vive más allá de toda muerte.
XXXVIII: 66'

84. Dijo Jesús: «Cuando contempláis lo que se os parece, os alegráis; pero cuando veáis vuestras propias imágenes hechas antes que vosotros —imperecederas y a la vez invisibles—, ¿cuánto podréis aguantar?».

No nos dejemos distraer de nuestra búsqueda por las imágenes del mundo y aún menos por las imágenes de las imágenes del mundo, que son como una vanidad de la vanidad. Contemplemos, más bien, la imagen del Señor en nuestros corazones purificados, hasta que lo encarnemos triunfalmente en la vida que no perece.
XXVIII: 8

85. Dijo Jesús: «El que Adán llegara a existir se debió a una gran fuerza y a una gran riqueza; (sin embargo), no llegó a ser digno de vosotros, pues en el supuesto de que hubiera conseguido ser digno, [no hubiera gustado] la muerte».

La mezcla general se produjo por la interrupción ínfima de la contemplación de Dios por el hombre, que quiso conocer la Nada y el Todo comiendo el fruto mezclado de muerte.
IV: 25

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Fuente del texto (excepto notas comparativas): Los Evangelios Apócrifos, por Aurelio De Santos Otero, BAC

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