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Versículos de El Mensaje Reencontrado A Dios no le interesa mucho nuestra situación en este mundo. Considera, más bien, el estado de...

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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
23 octubre 2011

 (versículos de El Mensaje Reencontrado)


Ninguna fe debería ser convertida en una obligación.

Dios odia a los perseguidores y a los mediocres.
Si encontráis a Dios, no lo pregonéis y sobre todo no intentéis convencer a nadie.

Despojemos a los que nos recomiendan la miseria y apaleemos a los que predican la resignación para ver si dicen la verdad.

La violencia puede abatir al mundo por un tiempo, pero no podría convencer a nadie.

Nuestro Dios es quien debemos liberar adentro y no rogar al de los demás afuera.
«El centro del centro».

El conocimiento intelectual que no desemboca en el amor unitivo y en la posesión transformante del Señor es tan ilusorio como el reflejo de la luna en un vaso de agua agitada.
¿De qué sirven todos nuestros trabajos maravillosos si no descubrimos ni incorporamos el Único Esplendor de la vida santificada? ¿De qué sirven los magníficos discursos sobre la luz de Dios si no la vemos ni la comemos santamente?

Hay quien dice ser religioso y santo porque lleva un hábito, como hay quien se proclama inteligente y valiente porque ostenta un diploma o una medalla.

Son tan ignorantes como los que piden dinero para explicar la palabra que no entienden. Por lo menos, estos últimos transmiten, sin saberlo, la ciencia a los hijos de Dios, que saben reconocerla siempre idéntica a sí misma entre todas las Escrituras santas.

¿Alguna vez los pobres, los sencillos, los poetas, los artistas y los santos verdaderos han maldecido y exterminado a sus semejantes en nombre de las Escrituras santas, o de la caridad, o del amor, o de la belleza, o en nombre de Dios y de su justicia?
«Los sectarios, los torturadores y los criminales no son de Dios, ciertamente».

Celebrando los misterios de Dios en un lenguaje muerto, ¿acaso podemos extrañarnos de no ser oídos por los creyentes y de no ser escuchados por los sencillos? Quizás esto deje ahora indiferentes a los pastores y a los rebaños.

¿Por qué los que hacen alarde de enseñar la ley de Dios, de trasmitir su palabra, incluso de hablar en su nombre o de representarle aquí abajo, ignoran los colaboradores que no son de su bando?
¿Por qué rechazan a los creyentes pobres o independientes? ¿Por qué tratan a sus colegas que predican el Único Dios como competidores y a sus fieles como indeseables? Sin embargo, Dios mismo juzga nuestros corazones y no nuestras situaciones y pertenencias.
«¡Benditos sean los santos sacerdotes que predican la salvación de Dios del fin de los tiempos; pero colmados sean los Sabios sacerdotes que enseñan la liberación de Dios desde este tiempo de exilio!»