Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.

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29 junio 2009

(Anotaciones de versículos de El Mensaje Reencontrado)

Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.
III: 37'. (...) conseguiremos la gloria de Dios por medio del agua y del aire medios.
VIII: 1. La espiritualización del cuerpo hace aparecer el agua y el aire que nos animan y mantienen. (...)
XII: 60'. El aire puro y las hierbas amargas vuelven la sangre limpia.(...)
XVI: 47. Vayamos a visitar a los muertos, a los enfermos, a los prisioneros, a los desdichados, a los abandonados y, después de haberlos socorrido, consideremos en nosotros mismos el respiro del que aún gozamos y pongámonos de inmediato a la búsqueda de Dios, antes de que sea demasiado tarde.
XXII: 64'. (...) ¿Quién sacará provecho del respiro de hoy para fundir los ayeres en la sola realidad viva del único hoy de Dios?

II: 45'. Lo que está excesivamente cocido sólo contiene la muerte y sólo engendra la muerte.
XXVI: 55-56. Preservémonos de la multitud de drogas y medicamentos de los demasiado sabios, que matan el cuerpo.
Comamos y bebamos moderadamente, dando gracias al Señor que nos da la vida y que la mantiene.
Preservémonos de los juegos de azar y del alcohol de los demasiado codiciosos, que matan el espíritu.
XXXVII: 23-23’. Evitaremos todo alimento que se corrompe violentamente con infección, todo lo que es fabricado y falsificado por los hombres, y todo lo que se nos resiste porque no se ofrece por sí mismo. Así, no aumentaremos estúpidamente en nosotros y fuera de nosotros la pesada carga de la muerte.
Buscaremos todo alimento que se conserva naturalmente sin pudrirse, todo lo que es directo y natural, y todo lo que se ofrece por sí mismo, que venga de la tierra y del cielo, a fin de aumentar en nosotros el buen olor de vida que no perece. Así, prepararemos inteligentemente el día de la resurrección.

XXVI: 41. «Nada de mugre dentro, pero tampoco nada de mugre fuera». Más vale un santo purificado recubierto de barro que un malvado perfumado lleno de inmundicia, sin embargo, el Sabio se mantiene nítido por dentro y por fuera.

El Mensaje Reencontrado

Desterrar absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.
XIX: 56'. Así pues, tengamos mucho cuidado con lo que pensamos y con lo que decimos, ya que si es el bien, el bien aparecerá y si es el mal, el mal vendrá igualmente.

El Mensaje Reencontrado

Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.
IV: 15. Toda desolación, todo odio y toda muerte se encuentran en las preocupaciones del mundo, en la frecuentación de los hombres vulgares y en la posesión exterior.
XIX: 3. Si frecuentamos a los brutos, los malvados, los astutos o los impíos, nos volveremos como ellos. Razón de más, si frecuentamos a Dios y a sus verdaderos amigos, también seremos hechos a su imagen y saborearemos la bebida de la vida pura.

XIX: 39'. Todo lo que pensamos, nombramos y hacemos se corporifica y se precipita hacia nosotros. Tengamos, pues, mucho cuidado con nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones a fin de no crear nuestra propia desgracia sin saberlo.

XVIII: 69. Ya no hay azar y ya no hay duda para el que fija a Dios en espíritu y lo alberga dentro de su corazón. Ya no hay ni tribulaciones ni muerte para el que es uno con el Perfecto dentro de su luz santa.

El Mensaje Reencontrado

Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.
XX: 35. Ni un pensamiento, ni una mirada, ni una palabra, ni un gesto para el mal; así, éste no tomará cuerpo y vida en nosotros ni alrededor nuestro, y si aparece por efecto de la antigua falta, pensaremos el bien, veremos el bien, nombraremos el bien y realizaremos el bien, para que la luz de vida nos invada y sea lo único que subsista en nosotros y alrededor nuestro.

V: 28'. La santidad de los pueblos se manifiesta por el desapego y la simplicidad de los maestros.
IX: 18. La felicidad es tenerlo todo y no poseer nada; no estar apegado a nada, ni siquiera a uno mismo; es hacerlo todo y soportarlo todo por el amor del Único.
XL: 9. Practicaremos ciega y estúpidamente los consejos del maestro que nos dice que recemos por nuestros enemigos y bendigamos a nuestros perseguidores, que amemos, socorramos y soportemos a los demás y a nosotros mismos, que no juzguemos y no condenemos, que pidamos nuestra vida a Dios todos los días y que le demos gracias y le alabemos por este don inestimable, perdonando a todos y haciendo el bien en secreto, sin preocuparnos demasiado de los asuntos del mundo.

El Mensaje Reencontrado

Hay que olvidar toda ofensa, mas aún: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablará así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.
XVIII: 61. Se necesita una generosidad loca y un amor insensato para perdonar y bendecir a nuestros enemigos, pero es necesaria una santa humildad para pedirles perdón por tener razón contra su odio y su ceguera.

XVIII: 24. Los que siembran el amor serán liberados por el amor. Los que siembran el odio serán aplastados por el odio. Con un poco de paciencia, la cosa es fácil de verificar en el mundo.
XIX: 47'. El templo del Señor es su gracia dentro de nuestro corazón, y el sacrificio es su amor por nosotros y es nuestro amor por él.

X: 40'. Quien adora a Dios en pensamiento y en acción no podría pecar, pues es el Señor quien habla y actúa en él.
XX: 44. ¿Quién estudiará el Libro y quién recorrerá la vía del Único?
«En la duda, remitámonos a Dios que nos habla por la voz interior y hagamos su voluntad, ya que conoce perfectamente la derecha, la izquierda y el medio del hombre».
XXIII: 14'. No estamos solos y abandonados en este mundo, basta con que escuchemos la voz que susurra en nuestros corazones y que examinemos atentamente lo que nos viene y lo que se aleja de nosotros, haciendo callar nuestras voluntades y nuestros juicios personales.

El Mensaje Reencontrado

Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiará en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.
III: 88'. La plegaria inspirada constituye el medio, y Dios es la meta.
«Sentidos agudizados, músculos relajados, piernas dobladas, boca cerrada, soplo entrecortado, sangre purificada, cabeza vaciada, corazón apaciguado».
IV: 36. La plegaria espontánea, el reposo solitario, la meditación profunda, la alimentación sencilla y el movimiento mesurado mantienen el alma, el espíritu y el cuerpo del Sabio.
V: 90. La meditación desata el espíritu, libera el alma y purifica el cuerpo de los santos, pero espanta y mata a los hombres vulgares.
VI: 21. El Sabio no impone nada a nadie.
Perfecciona constantemente su ciencia en la contemplación de Dios y comunica prudentemente su enseñanza a quienes son capaces de recibirla.
XIII: 5. La contemplación de la unidad primera y última es lo que engendra la unión y la paz verdaderas.

El Mensaje Reencontrado

Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. Por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.
XIX: 52'. Señor, enséñanos la humildad de tu santa búsqueda, colócanos una pesada carga sobre la espalda y tierra en la boca hasta que consideremos el tocón de donde hemos sido sacados y hasta que tu bendición nos libere del hedor del pecado y de la oscuridad de la muerte.
Señor, por compasión, haz que callemos y que no expliquemos nada profana y vanamente a nadie.

El Mensaje Reencontrado

Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana.
XXXIII: 33', 40. Es verdaderamente difícil llegar a ser libre en Dios, es decir, sin deseos y sin preocupaciones mundanos, a fin de oír la enseñanza de Dios sin obstáculos.
Visitemos a los agonizantes y a los muertos a fin de tomar conciencia de la vanidad de nuestros deseos, de nuestras preocupaciones y de nuestros trabajos en el mundo.

El Mensaje Reencontrado

Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien.

Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños.
XV: 12. En efecto, no conocemos los ángeles que él suscita para guardar nuestras vías, ni los demonios que él autoriza para probar nuestros corazones. Dios libera a los que siguen su vía sin rebeldía y perdona a los que se arrepienten sinceramente.
A él pertenecen el juicio y la gloria.

El Mensaje Reencontrado


Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte.

El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo.

El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre.
XIII: 40'. El que puede unir a la penetración del espíritu el impulso del corazón y la pureza de la vida no conocerá la duda, ni el desespero, ni la muerte; pues Dios le dará de beber en el manantial de los vivos.
XXII: 64-64’. Mañana será oscuro, mañana hará frío, mañana estaremos muertos, mañana la resurrección y el juicio. ¿No veis que mañana se llama hoy? ¿No veis que hoy os agarra y os mata sin que hagáis otra cosa que correr delante de él con la esperanza estúpida de distanciarle?
¿Quién permanecerá en reposo y quién se hará el muerto, para que hoy pase sobre él sin agacharse para recogerlo y clavarlo en el tiempo? ¿Quién sacará provecho del respiro de hoy para fundir los ayeres en la sola realidad viva del único hoy de Dios?

El Mensaje Reencontrado


Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; Puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo. Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo.
IX: 41'. Podemos alcanzar rápidamente a Dios muriendo al mundo y a nosotros mismos, y evitar así las experiencias absurdas que van de la felicidad disfrazada a la desgracia muy cierta.
XII: 45'. Utilicemos modestamente los bienes de este mundo a fin de no privarnos de lo necesario, por una parte; y a fin de no ser excluidos de la sobreabundancia de Dios, por otra.
XXIII: 10, 53'. ¿Cómo no desear locamente las cortezas de las cosas, que son los bienes de este mundo? Pero hacen falta demasiados trabajos, demasiadas mentiras y demasiados crímenes para adquirirlos y, cuando se han obtenido, son como un humo que se disipa en la noche.
Si deseamos la felicidad, empecemos por acaparar todo lo que es del mundo y continuemos renunciando a ello enteramente.

I: 67. No hay mayor castigo que ignorar a Dios en el mundo y no hay mayor alegría que conocerle en el corazón.
XII: 77. Después de haberse perdido en Dios, la mayor alegría consiste en reencontrarse en él.
«¿Quién se presentará puro y entero ante el Señor a fin de ser hecho uno con el Único?»

XVIII: 5. El maligno nunca dice su nombre francamente, prefiere ocultarse bajo una falsa identidad o bien dice «YO».
«La corteza».

III: 20'. Los sentidos privados del espíritu se arrastran miserablemente sobre la corteza terrestre, pero el espíritu sin los sentidos penetra hasta lo más hondo del cielo y de la tierra. Sin embargo, es el amor quien nos hace reposar en la única claridad.
IV: 25. La mezcla general se produjo por la interrupción ínfima de la contemplación de Dios por el hombre, que quiso conocer la Nada y el Todo comiendo el fruto mezclado de muerte.

XXV: 11-11’. Ciertos hipócritas nos predican la humildad con una pretensión tal, que no podemos evitar reírnos viéndolos agitarse en el barro donde se las dan de maestros triunfantes.
Luego, ya no reímos, porque de estos falsos humildes transpira una falsa dulzura, una falsa seguridad, una falsa humildad y una falsa sumisión, que son el hedor del demonio oculto bajo el velo de la falsa santidad.
XXVI: 37. Los creyentes vanidosos rechazan el nuevo mensaje, porque aún no han comprendido el antiguo, que conservan estérilmente enterrado en la muerte de las letras y de las piedras, en vez de encarnarlo en la vida de los espíritus y de los corazones.

El Mensaje Reencontrado