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Versículos de El Mensaje Reencontrado A Dios no le interesa mucho nuestra situación en este mundo. Considera, más bien, el estado de...

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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
19 octubre 2013

El Mensaje Reencontrado

IVRE ET NUE — LA SABIDURÍA

(extractos)

La paz es como la fijación de la vida en la pureza de la tierra de Dios.
«¡Oh, perfección renovadora de los mundos, asciendes y desciendes sin esfuerzo!»

Aceptemos igualmente lo bueno y lo malo, y dejemos a la meditación del tiempo el cuidado de separarlos en nosotros, pues los Sabios han dicho: «La paciencia es la escalera de los filósofos y la humildad es la puerta de su jardín secreto.»
No nos dejemos arrastrar por los juicios y las pasiones ciegas del mundo vulgar.
Consagremos, más bien, nuestro tiempo y nuestra fuerza en buscar a aquel que persiste a través del dolor y la muerte, en la alegría de la vida liberada.

Los que todavía se apasionan por el mundo, después de haber conocido el Libro, están cegados o son débiles en extremo, sin embargo, Dios jamás les abandonará completamente.

Aceptar lo que viene y dejar ir lo que se va es la sabiduría más allá del deseo y de la renuncia.
Huyamos de la desgracia y nos perseguirá.
Hagámosle frente y se desvanecerá.

Nuestra búsqueda consiste en descubrir la vida, nuestra meta es fundirnos en ella y fijarla en nosotros. Todo lo demás es un sueño sin importancia.
La gracia y el amor de Dios liberan de toda culpa.
El conocimiento y la posesión del Señor liberan de toda servidumbre.

El loco ignora al Sabio, pero éste conoce su extravío y puede liberarlo si se le ruega santamente.
«Jamás mintamos para halagar al mundo, pues de todas maneras el mundo nos abandonará al final.»

Aceptémoslo todo pacientemente, usemos de todo modestamente, abandonémoslo todo sabiamente. Así, lo tendremos todo y no seremos poseídos por nada, saborearemos el mundo y no seremos envenenados, manejaremos el fuego y no seremos consumidos. No hundamos a nadie en la muerte mediante reproches tardíos, ni exclusiones vanas, ni condenaciones arriesgadas.
Ofrezcamos el amor que lo comprende y lo excusa todo, que reconforta, ilumina y vuelve a llevar sin coacción a la vía de la verdad del Único.
Jamás nos las demos de maestros con nadie, a fin de no contrariar la libertad de Dios que dormita en cada uno de nosotros.
La humanidad extraviada ya no sabe alimentarse, ni descansar, ni reproducirse. Ha olvidado la plegaria, la meditación y los juegos. Sus hombres ya no conocen la tierra, su piel ha olvidado el sol, el viento y la lluvia, y sus ojos ya no ven las estrellas. Sus bocas ya no prueban las hierbas salutíferas, sus narices están llenas de humo y en sus oídos ya no resuena más que el ruido de la muerte.
Han perdido la simplicidad y la inteligencia de su naturaleza primera. Han embotado el asombro que les llevaba hasta Dios, y la visión del mundo que les rodea ya no les instruye. Se han vuelto insensatos y desgraciados por su orgullosa locura. Se desgarran y despedazan el mundo con la obstinación de una ciega locura.

Quien retrocede ante el terror y el hedor de la muerte permanece en las tinieblas de la ignorancia.
Ascenderéis en mi luz y os sumergiréis en mis tinieblas hasta que me hayáis reencontrado, dice el Señor Dios.

Hay que romper el hueso para extraer la simiente y hay que consumir al hombre para liberar su luz.
Allí donde el agua y el fuego no actúan los hombres trabajan en vano.

Retenemos las heces del mundo y dejamos escapar nuestra vida en el tiempo, he aquí la estupidez que nos hace herederos de la muerte. Abandonemos el filtro lleno de inmundicias y sublimemos pacientemente nuestra vida en Dios hasta la perfección de la paz eterna.
Dividimos por el fuego de la tierra.
Depuramos por el agua media.
Unimos por el fuego celeste.
Multiplicamos por el agua y por la tierra santas.

Dios colma a quienes son lo bastante Sabios como para obedecer las leyes de la creación por amor hacia él, sin embargo, no desdeña satisfacer, a veces, a los que están lo bastante locos como para atreverse a mandar al mundo en su NOMBRE.
Debemos tomar el bálsamo con el veneno, después separar uno del otro para tener la verdad pura. 

Todos pierden su tiempo y su vida ante Dios: creyentes e impíos, honrados y criminales, trabajadores y holgazanes, inteligentes e idiotas, ascetas y libertinos, sabios e ignorantes, genios y mediocres, gloriosos e ignorados, diestros y torpes, jóvenes y viejos, ricos y pobres, civilizados y salvajes, todos, excepto el que busca locamente a su Señor aquí abajo sin distracción ni reposo, excepto el que pone mano en el limo primero y hace la obra de Dios.
Los sabios y los inteligentes serán ridiculizados ante Dios y rechazados lejos de su luz; sólo los sencillos y los creyentes hallarán gracia ante él. En cuanto a los Sabios y a los santos, su corazón está desde siempre con el Señor de sabiduría y de amor.
«El Libro donde Dios ha escrito su secreto es el cielo y la tierra. Por eso, el hombre santo y Sabio estudia la ciencia del Señor en la paz del jardín de Edén.»
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