Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.

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25 junio 2011

Bernardo El Trevisano

(extractos)

Y ya que la generación del gran Elixir se hace evaporando y entremezclando en el aire ¿cómo creíais conseguir el fin de los enemigos muy alejados en naturaleza? Pues ni el cuerpo permite nunca que se separe sin su naturaleza, ni el espíritu cuando asciende sin su fijeza, pueden convertirse en elixires, porque evaporados no pueden mezclarse los unos con los otros; ésta es la causa por la que los filósofos han llamado Huevo a su mercurio, y también porque el huevo es una cosa redonda y circular, que contiene en su interior dos naturalezas en una sustancia, el blanco y el amarillo y que extrae de sí mismo otra cosa que tiene alma, vida y generación, esto es, cuando de el sale un pollo.
III: 9-9'. Del huevo incubado sale un pollo, pero nadie se percata de ello.
La luz de los astros brilla en el cielo y en el interior de la tierra.

IV: 47. El blanco en el negro y el rojo en el blanco, he aquí toda la creación presente.

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Así también el mercurio contiene en si dos cosas de una misma naturaleza, cuerpo y espíritu, y extrae de sí mismo el alma y la vida hasta que el todo sea espiritual, de donde se hará después la generación del verdadero elixir, lo cual hace decir a Mirandus: en el huevo de los filósofos hay cosas que estando enteramente mezcladas y pútridas se convierten en espíritu, pues está vivo y no muerto. Entonces este huevo, permaneciendo en el fuego, solo por la decocción, sin tocarlo con las manos, hace un pollo, por una sola disposición que se perfecciona y confirma a sí misma.
XVI: 48. Deseamos colaborar en la rehabilitación y la reintegración en Dios de todas las criaturas extraviadas en la muerte.
Tal es nuestro deseo, pues el trabajo más noble ante Dios es el de separar con él la luz de las tinieblas y cocer su verdad, hasta el esplendor fijo y perfecto.

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El huevo no es otra cosa en su mayor parte que un húmedo acuoso endureciendo y sufriendo bajo el seco terrestre, del mismo modo que el elixir no es otra cosa que mercurio, que ha padecido un enorme calor y sequedad complexional, luego, el mercurio que así ha sufrido será la materia próxima del elixir, por la experiencia de lo cual se demuestra que no lo será sino se le licuefacta y disuelve por una fuerte ignición, y estando así unido se coagula por el frío en piedra sutil metálica. Percibid pues que el mercurio es la materia próxima del elixir por la pasión que ha recibido del seco terrestre adusto.
XXXII: 24'. La disolución se hará por el fuego, con gran sorpresa para el mundo, y será así radical y definitiva; y la coagulación se hará por el fuego y el agua unidos en la unidad del Uno.

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De aquellas cosas se ve tanto la corrupción e infección de los metales como de igual manera exacta composición de nuestro huevo. Notad que cuando los filósofos dicen que no hay nada superfluo en este huevo dan a entender que no hace falta manipular y quitar con las manos, sino que es preciso dejarle hacer la sola decocción de su paliación; aparece en la decocción del huevo, cuando se vuelve duro, o bien en su inveteración, aquello que es necesario notar bien cuando dicen después que en el susodicho huevo no hay disminución alguna, demostrando con ello que no es necesario añadir nada dado que contiene todo lo que es requerido para nuestro magisterio. Esta piedra es un perfecto huevo de dos sustancias de una naturaleza, que está hecho, a saber, de cuerpo y de espíritu en unidad de esencia o de naturaleza, y en esta conjunción de resurrección el cuerpo es hecho espíritu como el espíritu mismo y son hechos uno, del mismo modo que el agua mezclada con agua no puede separarse jamás no habiendo diversidad alguna entre ellos, que son tres: espíritu, alma y cuerpo sin ninguna separación.
V: 89'. Extraer el perfume y rechazar el veneno.
Reducir la tierra en agua y rehacer el agua en tierra.
Cocer el cielo y la tierra hasta el alumbramiento del sol perfectísimo.

XXXVI: 12'. Un día, saborearemos el alma, el espíritu y el cuerpo del Señor Dios unidos en UNO y saldremos del exilio de este mundo mortal alabando y bendiciendo su santo NOMBRE por la eternidad.

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Retornando al propósito de la utilidad de la piedra diremos que jamás el espíritu y el cuerpo llegarán a la unión predicha, como atestigua Raso en el encomio de su libro, hasta que uno y otro sean limpiados. [...] Sabed que los susodichos, a saber, el espíritu y el cuerpo, no se unirán bien el uno al otro para poder demostrar sus virtudes, por las cuales se hace la perfecta operación, si el uno el otro no están bien limpios, pues el cuerpo no aceptará al espíritu en absoluto, ni el espíritu al cuerpo, para hacer que lo espiritual sea corporal y lo corporal espiritual, si todas las basuras e inmundicias no son retiradas, habiendo hecho lo cual el cuerpo abrazará al espíritu y el espíritu al cuerpo y de éstos se hace la unión perfecta si la fijación supera la gran volatilidad, pero si la fijación es vencida por la gran volatilidad no se culminará la forma del huevo, siendo solamente un cuerpo que se vuelve hacia al espíritu.
XIX: 28". ¿Quién se lavará en el fuego y en el agua a fin de volver a ser puro y blanco como la sal de la vida?

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Basta con preparar bien la materia, de suerte que no sea depurada solamente de todas las superfluidades añadidas sino también de todas las terrestreidades, tanto groseras como sutiles, atacadas por la fuerte mixtura en las partes acuosas que provienen de la viscosidad. Esta depuración se hace cuando el cuerpo se transforma en espíritu y el espíritu en cuerpo, ya que en el procedimiento de la obra se hace la conversión hasta que la naturaleza activa haya encontrado un estado permanente con el cual ella pone término a su movimiento, que es la forma de la generación del huevo y entonces la naturaleza comienza otro movimiento para formar la medicina perfecta, corrompiendo de nuevo nuestro huevo de su forma e introduciendo otra forma de medicina perfecta, y esto es pasar de grado en grado.
IX: 55. La naturaleza proporciona el alimento y es el fuego interior quien lo digiere y lo transmuta. Quien pretende hacerlo mejor no es más que un presuntuoso ignorante.

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Se ignoran los instrumentos propios de la naturaleza por los cuales ella obra en la materia de forma mediata por la introducción que es la formación del huevo, visto que ningún agente, sea cual sea, natural o artificial, puede obrar sin los propios instrumentos determinados, como veis, por lo que la naturaleza, en la generación de todas las cosas, obra con calor digerente, alterante y modificante, como con su propio instrumento, según lo requiera la naturaleza de todas las cosas: ¿Cómo creeríais vos formar un huevo ignorando este instrumento? De ninguna manera.
III: 58. El Universo y el átomo forman el cuerpo único de Dios. ¿Quién lo cocerá al suave fuego del amor?

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El arte toma los espíritus inmundos de la naturaleza y los conjunta con los puros y espirituales, y sublimándolos, los eleva y limpia como la naturaleza, y los despoja de toda perversidad sulfurosa y en este despojamiento, la naturaleza, obrando y operando, iguala las cualidades de los elementos y las proporciones, no siendo necesario, ni en nuestro poder está el saberlas, ni deseamos saberlas, siendo solamente conocidas por la naturaleza; porque la naturaleza se rectifica a ella misma, cociendo los elementos y poniéndolos a proposición de su especie, consistiendo la rectitud de la naturaleza en la igualdad y proporción de sus elementos.
XVI: 62'. Para separar la almendra de la mugre que la rodea siempre hay que lavar, y es un gran secreto que la naturaleza pone diariamente en evidencia ante todos. Sin embargo, hace falta la inspiración de Dios para comprender la evidencia de la ciencia divina.

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[...] parece ser suficiente con que el arte conozca y opere con la naturaleza a fin de ser ayudado por ella.
XXXVII: 41'. El arte sin la naturaleza es impotente y la naturaleza sin el arte es ciega.
Ambos reunidos constituyen la perfección de la obra divina.

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Por esta causa vuestra industria debe buscar este arte en los elementos de la piedra permanente porque, como dice Arnaldo de Vilanova: nuestra ciencia consiste en la ciencia de los cuatro elementos y en la conversión igual de ellos, porque todo lo que está en el mundo, no lo está por designio sino por virtud y en tanto su separación es necesaria, y añade que los mismos elementos, por destilación y putrefacción, se reiterarán y conjuntarán, pues por este medio todo el cuerpo se hace espiritual, y la primera materia de la cual ha sido hecho primeramente, y los cuatro elementos, aunque después se haga en la operación de la obra, y de la debida conjunción, otra materia primera muy próxima a este género metálico; de donde parece que, lo que nosotros entendemos en la naturaleza de la piedra proviene de sus elementos, por lo que es preciso que conozcáis la primera materia, la próxima y la muy próxima, porque todos los filósofos han expuesto que esta preparación es verdadera y que nada se conoce sino sus principios, y puede verse la prueba en el Segundo de las Físicas, que entender y sentir o estimar en todas las ciencias no lo es por sus principios y causas de sus elementos, sino porque la virtud de la materia debe ser proporcionada a las fuerzas según el ser, por las cuales en el acto ella se perfecciona.
III: 25-26'. El nacimiento y la muerte, la acción y el reposo, la luz y las tinieblas, la unión y la separación, provienen del movimiento de los cuatro que producen los cambios del mundo.
La imaginación del Señor vive bajo tierra y vuela en el cielo para animar los mundos. ¿Quién la asirá con sus manos? ¿Y quién la fijará en su corazón?
El reposo de Dios se establece en la pureza cuando los elementos están unidos en perfecto equilibrio.
La alegría y el asombro de quien se descubre en Dios no tienen fin.

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Todas estas cosas requieren un largo tiempo, sobre esto también los filósofos exhortan a tener la paciencia de esperar: que el impaciente abandone, pues, la obra, pues toda acción o movimiento tiene determinado su tiempo; y el maestro Arnaldo de Vilanova dice en su Rosario: es preciso que nuestra medicina sea acostumbrada el máximo tiempo sobre el fuego, como el niño que se alimenta; es preciso señalar que un tiempo más largo que éste estaría de más, pero con todo es más que un tiempo breve.
X: 19. Aceptemos igualmente lo bueno y lo malo, y dejemos a la meditación del tiempo el cuidado de separarlos en nosotros, pues los Sabios han dicho: «La paciencia es la escalera de los filósofos y la humildad es la puerta de su jardín secreto».

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Por consiguiente, la medicina no se hace en pocos días, ni meses, ni en breve, dado que es necesario mucho tiempo para templarla por el fuego y alimentarla. Esto se dice a causa de las mejores y principales mutaciones de la operación, y de una labor muy larga, como se ve en la naturaleza del mercurio, por la exhalación de las partes más sutiles y por la conservación del húmedo de las partes más groseras que se culmina por una sublimación reiterada hasta que sea hecho el grande y perfecto elixir.
VI: 38'. Apliquémonos a los misterios de Dios desde el primer momento, ya que la purificación es dolorosa, el perfeccionamiento es largo y la unión divina, muy secreta.

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Por tanto puede verse que las mutaciones de esta labor son muy largas y también de una gran dificultad que hay al sublimarlo, haciendo un gran fuego; y aunque los filósofos dividen su magisterio en muchas operaciones, según el grado de las formas y sus diversidades, nunca hay más que una en la formación del huevo; pero en la reiteración de su acción se hace siempre la diversidad en el movimiento y en los colores de más tardía separación y de fortificación de fuego, y tal diversidad en la obra hace diversas operaciones, aunque en verdad no hay más que una sola manera de hacer, como dice expresamente el filósofo en su libro, donde explica la figura de la caza del león, que coincide con la intención de Morien, diciendo que: el magisterio no es más que una extracción de agua de la tierra, y una mezcla de agua sobre la tierra, hasta que la tierra se corrompa y se limpie, a fin de que luego ella se disuelva y se haga enteramente espiritual con el espíritu, y entonces, eso se llama huevo y mercurio de los filósofos. Y añade Morien: Después de que sea limpiada por la ayuda de Dios, todo el magisterio estará hecho.
III: 7'. De saturno a la luna y al sol sólo hay una vía, que es la depuración paciente del cuerpo bruto hasta la unión del espíritu nítido con el alma perfecta.

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Este es el por qué las cosas animadas no tienen la facultad de permanecer y vivir por siempre, lo cual es debido al calor del azufre del sol o de la luna, que siendo sobrepasado toma contrariedad del calor de azufre de estercolero, y de ahí que la sustancia se pudra y corrompa, convirtiéndose en la misma naturaleza del estercolero, como en la corrupción natural.
XIV: 7'. Cuánto más se aleja el hombre de Dios, más necesita trabajar y temer, amontonar y carecer, sufrir y dudar, agitarse y destruirse. Es insensato quien pretende vivir sin la ayuda del Señor, pierde su agua como un hueso que se deseca y ninguna mano de hombre lo liberará del desierto y de la sombra de la muerte donde agoniza.

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Entended de igual manera lo que yo he dicho de nuestro magisterio y de los secretos de la naturaleza, siempre el conocimiento de lo que no pertenece más que a los filósofos, o a esos que la filosofía sirve de dulce madre, porque ella solamente revela sus secretos a sus niños.
XXVII:38-38'. Bien hay que decirlo, los malvados son los que quieren organizar y salvar el mundo por su trabajo o por el de los demás. Estos se erigen en salvadores de los hombres cuando, en realidad, entierran alegremente a toda la humanidad.
Dios posee verdaderamente un humor maravilloso, pues esconde su secreto a los sabios y a los inteligentes que nos explican el Universo, y lo revela a los simples hijos de Dios que ponen más su confianza en su luz de vida que en su propio saber.

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Geber declara, como los otros, las sustancias de las perfecciones, entendiendo por términos de la perfección las sustancias llegadas a término, y cuando dicen que su efecto es fijar alguna cosa y dejar el resto, lo entienden de la materia que llega al término de su pureza, por lo que la solución del cuerpo se hace para formar el huevo, y cuando el cuerpo está disuelto y sublimado el espíritu por la primera sublimación de toda sublimación, o elevación del cuerpo que se realiza por el fuego; entonces no es aún un huevo formado, porque está muy líquido, pero hace falta separar de aquél algún humor por reiterada sublimación sin heces, a fin de que lo que es más radical en aquél, sólo por sublimación, se transforme en polvo blanco sublimado, y lo que hay de más húmedo, primeramente sea sublimado y guardado por lo que es la licuefacción, en la cual el sudor le es dado del mismo modo en que ella entra para teñir...
II: 83'. Toda humedad será expulsada de la tierra y el fuego consumirá la mugre inmunda hasta que la sal virginal aparezca, a la que se devolverá el agua celeste para formar el nuevo mundo de Dios.
«¿Quién nos hará oír esta palabra del comienzo y del fin de los tiempos?
¿Quién nos mostrará el germen desnudado de la creación perfecta del Señor?»

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Esta materia, pues, no quiere que nada más le sea añadido sino lo que es de ella, pues tiene todo aquello de lo que tiene necesidad.
XIV: 22'. Esforcémonos en ser como Dios, que une en él, con fruto, los contrarios de una misma naturaleza.
«Los Sabios y los santos de Dios bendicen el Libro que confirma y honra su palabra inspirada».

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