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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
16 abril 2011

Eugenio Filaleteo (Thomas Vaughan)


(extractos del texto publicado en la revista La Puerta Nº64)


En primer lugar considera que la Naturaleza no destila más allá del cuerpo, como hacen los químicos hacia otro recipiente. Extrae el agua de la tierra hacia arriba y a la misma tierra la devuelve, y así ocurre que genera por inbibiciones circulares y razonables. En segundo lugar debes observar que prepara su humedad antes de inbibir el cuerpo a continuación [...] Vemos que rarifica su agua en nubes y, por este medio, tortura, tensa y estira el cuerpo con lo que todas sus partes están expuestas a un penetrante y espiritual purgatorio de viento y fuego. Porque su viento pasa completamente a través de las nubes y las limpia y, cuando están bien limpias viene la Naturaleza con su fuego y la fija en una esencia, en justicia, zafírea.

No obstante, no purgamos por destilaciones comunes y ridículas o por las todavía más insensatas filtraciones, sino por medio de un fuego secreto, tangible y natural; y aquel que conoce este fuego y cómo lavar con él, conoce la llave de nuestro Arte, incluso nuestro oculto Saturno y el estupendo e infernal lavabo de la Naturaleza. [...] este fuego [...] es uno de los más elevados misterios de la creación, [...] se relaciona con los mayores efectos de la magia, ya que es el primer macho del Mercurio y casi su madre. Considera entonces la generación de nuestro Mercurio y cómo se hace, porque aquí yace el fundamento de todos nuestros secretos. [...] exteriormente no vemos sino aquello que es grosero [...] estas cosas tienen un exterior torpe e ineficaz, pero interiormente están llenos de una limosidad sutil y vital, impregnada con fuego; y de esto hace uso la Naturaleza en las generaciones, y por eso lo llamamos el esperma. [...] la semilla, o primera materia, es una cierta limosidad extraída de estos cuatro (tierra, aire, fuego y agua), porque cada uno de ellos aporta desde su centro una tenue y fangosa sustancia, y de sus diversos lodos la Naturaleza hace el esperma por una inefable unión y mixtura. Esta mixtura y composición de principios fangosos es la masa que llamamos primera materia.

[...] el abrir y cerrar el caos [...] no se puede hacer sin nuestra llave apropiada -quiero decir nuestro fuego secreto, en el que consiste todo el misterio de la preparación. Nuestro fuego es un fuego natural, vaporoso, sutil y penetrante, que lo hace todo en todo. [...] Es una sustancia con propiedad solar y por lo tanto sulfurosa. Se la prepara, tal como dicen los filósofos, del viejo dragón y, en términos llanos, es el humo del Mercurio —no crudo sino cocido. Este humo destruye totalmente la primera forma del oro, introduciendo una segunda y más noble.

Que el que desee ser feliz vaya tras la luz porque es la causa de la felicidad, tanto temporal como eterna. En su hogar se la puede encontrar, y el hogar no está muy lejos ni es difícil de encontrar, porque la luz camina delante nuestro y es la que nos guía a su propia morada. [...] No podemos confinarla en ningún lugar [...] No la podemos encerrar en un cofrecillo [...] Debemos, pues, buscar la mansión de la luz —esa sustancia oleosa y etérea que la retiene— ya que por medio de ella podemos circunscribirla y confinarla.