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El Libro está dedicado al mejor de los pueblos

Versículos de El Mensaje Reencontrado A Dios no le interesa mucho nuestra situación en este mundo. Considera, más bien, el estado de...

Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
19 abril 2008

Leyenda de cómo Balînûs encontró la Tabla



Voy a daros a conocer lo que me concierne en particular.
Yo era un huérfano de la villa de Tuaya (Tiana), en una completa indigencia y apartado de todo. Allí donde habitaba había una estatua de piedra, que se levantaba sobre una columna de madera, en la que se leía: «Soy Hermes, a quien la ciencia le ha sido dada; he hecho esta obra maravillosa en público, pero seguidamente la he ocultado gracias a los secretos de mi arte, de modo que sólo pueda ser descubierta por un hombre tan sabio como yo». Así mismo, sobre el pecho de la estatua, se leía en la lengua antigua: «Si alguien desea conocer el secreto de la creación de los seres y de qué modo fue formada la naturaleza, que mire bajo mis pies».
La gente venía en masa a ver esta estatua, y todos miraban bajo sus pies sin ver. Yo sólo era un débil joven; pero cuando me volví más fuerte, y alcancé una edad más adulta, leí lo que estaba escrito en el pecho de la estatua, comprendí el sentido y comencé a cavar la tierra bajo la columna. Descubrí una cámara subterránea donde reinaba una espesa oscuridad, y en la que ningún rayo del sol podía penetrar. Si se quería introducir en ella una antorcha inmediatamente era apagada por la agitación de los vientos que no paraban de soplar. No podía encontrar medio alguno de seguir el sendero que había descubierto a causa de las tinieblas que llenaban el subterráneo y la fuerza de los vientos que soplaban me impedía penetrar a la luz de la antorcha. Como no podía vencer estos obstáculos, caí en la desesperación y el sueño se apoderó de mí. Mientras dormía con un sueño inquieto y agitado, mi espíritu ocupado con el objeto de mi desgracia, un anciano cuya cara se parecía a la mía, se presentó ante mí y me dijo: «Levántate Balînûs, y entra en este camino subterráneo que te conducirá a la ciencia de los secretos de la creación, y alcanzarás a conocer cómo ha sido formada la naturaleza».
Yo le respondí: «Las tinieblas me impiden discernir nada en este lugar, y la luz no puede resistir la fuerza de los vientos que aquí soplan».
Me dijo entonces el anciano: «¡Oh Balînûs!, pon tu luz bajo un recipiente de cristal, así estará al abrigo de los vientos que no podrán apagarla y así te iluminará en este lugar tenebroso».
[...] Y yo le dije: «¿Quién eres tú que me haces partícipe de esta gran bondad?»
Me respondió: «Soy tu creador, el ser perfecto».
Entonces me desperté lleno de alegría, puse una luz en un recipiente de cristal tal como me lo había ordenado y entré en aquel subterráneo. Allí encontré a un anciano sentado en un trono de oro, que tenía en una mano una tabla de esmeralda; sobre la que estaba escrito: «He aquí la formación de la naturaleza»; ante él había un libro en el que se leía: «He aquí el secreto de la creación de los seres, y la ciencia de las causas de todas las cosas».

Apolonio de Tiana (Balînûs)


La Tabla de Esmeralda


En verdad, sin mentira y ciertamente:
Lo de abajo es como lo de arriba, y lo de arriba es como lo de abajo, para obrar los milagros de una sola cosa.
Así como todas las cosas han sido hechas, así proceden de uno, por la meditación de uno, también todas las cosas nacen de esta cosa única por adaptación.
Su padre es el Sol, y su madre la Luna, el Viento lo llevó en su vientre, y su nodriza es la Tierra. El padre de todo, el telesma del mundo, está aquí. Su fuerza o potencia es entera cuando se convierte y cambia en tierra.
Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo espeso, dulcemente y con gran cuidado. Sube de la Tierra al Cielo, y de nuevo desciende a la Tierra, para recibir la fuerza de las cosas superiores e inferiores.
Por este medio tu poseerás la gloria de todo el mundo, y la oscuridad se alejará de ti.
Esta es la fuerza fuerte de toda fuerza, pues ella vencerá todo lo sutil, y penetrará todo lo sólido.
De esta manera ha sido creado el mundo.
Por ello, y de este modo, se obrarán aplicaciones prodigiosas, de las cuales el medio está aquí.
Por eso yo he sido llamado Hermes Trismegisto, pues poseo las tres partes de la Filosofía de todo el mundo.
Terminado y acabado está lo que he dicho de la obra del Sol.

Hermes Trismegisto

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Recorre el camino de la búsqueda con la ayuda del amor.
Lleva contigo un viático para el viaje.
El amor hace que parezcan fáciles muchas cosas que
resultaban difíciles a la razón.
Mañana y tarde repite el nombre del Amigo,
busca al Amigo durante la noche y al nacer la aurora.
Si Él dice cien veces: «tú no Me verás»,
permanece atento a la visión,
hasta que alcances el lugar que no puede conseguir
el pie de las imaginaciones ni la escalera de los
pensamientos.

Hâtef Isfahâni (s.XVIII)

Extraído de la revista La Puerta nº 51, El arte de la hermenéutica.
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07 abril 2008

DEDICATORIAS

A la gloria de Dios[1] y al servicio de los hombres que lean con los ojos del espíritu y del corazón los signos inscritos en la carne del mundo.
Entra de nuevo y reposa, o sal y brilla, pero permanece siempre en uno.
Este libro no es para todos, sino sólo para quienes les es dado creer en lo increíble.
[1] Él (en francés LUI): El fuego secreto que suscita los Universos, que los mantiene y que los consume.

LAS PLEGARIAS DEL PADRE Y LA MADRE


Padre
dorado que
estáis en to-
das partes y que

reposáis en el sol
y en la tierra santa.
Dadnos la inteligencia
de vuestras formas y el
amor de vuestro Ser. Borrad
nuestra mancha, sacadnos del
barro en el que hemos caído.
Hacednos semejantes a la Santa
Madre y engendradnos en el amor
perfecto. Padre oculto y muy evidente.
Poseedor de la luz eterna. Creador má-
gico de los mundos. Curad nuestros cuerpos,
apaciguad nuestras almas, liberad nuestros es-
píritus. Hacednos herederos de la gloria donde
brillan vuestros hijos bienamados. Hacedlo, Señor.
Madre brillante que estáis en todo y que transfor-
máis las estrellas y el mar. Concedednos el secre-
to de vuestra luz y el amor de vuestra pureza.
Bautizadnos en el agua y en el fuego divinos,
y recibidnos en vuestro seno viviente. Ma-
duradnos hasta la perfección del amor.
Madre luminosa rodeada de tinie-
blas. Substancia de la vida y ma-
nantial de felicidad. Simiente
benéfica de Dios. Nutrid nues-
tros cuerpos, apagad la sed
de nuestras almas, ilu-
minad nuestros espí-
ritus. Mostradnos
la ruta que condu-
ce al Sol bien-
amado. La-
vadnos. Ma-
dre santa.


LA LUZ

Como una tierra prometida abrevada de inocencia, me entrego a aquel que desenreda mi noche, y mi corazón se decanta en el reposo y luce.
¡Oh, Sulamita, mi única amiga, soy tu Salomón solo en el mundo. Sol y Selene en Sal unidos. Salvación de los mitos y Salam de los montes!
¡Antigua soledad de las selvas primordiales, donde brilla la esmeralda emanada de las estrellas! ¡Quien os encontró posee el secreto divino, que un maestro verdadero nos legó en el pan y el vino!




Libro I
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06 abril 2008

EDITORIAL DE LA PUERTA Nº 1 (1978)

LA PUERTA acaba de nacer gracias a la iniciativa de un pequeño grupo de buscadores de la verdad tradicional, quienes la han presentido un día, al leer un texto antiguo caído por casualidad en sus manos; desde entonces han sentido que había «algo» que buscar, y se han puesto en pos de este saber perdido.

Poco a poco han reencontrado su rastro en los libros de los sabios, olvidados por una humanidad enferma a causa de su ciencia exterior, que le hiela el corazón y devora lentamente el espíritu y el cuerpo. Esta ciencia exterior no es ciertamente la de los sabios cuya palabra es liberación, regeneración y vida.

Al fundar nuestra revista, hemos pensado ayudarnos en primer lugar a nosotros mismos (la caridad bien entendida, ¿no comienza por uno mismo?) buscando y traduciendo los textos auténticos de la Tradición y ofreciéndolos luego a todos los buscadores desconocidos, creyentes de buena voluntad y sin prejuicios que, como nosotros, se han puesto en camino para «el gran peregrinaje».

¿Cuántas de estas obras de los grandes maestros del saber son totalmente desconocidas por nuestros contemporáneos en este país, al no haber sido editadas jamás en nuestra lengua la mayor parte de ellas? Por consiguiente, nuestra revista se propone darlas a conocer poco a poco, publicando extractos, en los que nos esforzaremos en ofrecer una traducción lo más fiel posible, acompañada de algunas notas de presentación y referencias.

Nuestro propósito es dejar hablar y escuchar a los verdaderos conocedores que han cantado el único secreto de la gnosis, porque es a la vez de Dios y del hombre, que se ha transmitido idéntico de edad en edad. ¿El amor de esta gnosis no debe calmar su sed en las dos fuentes de la revelación que son las Escrituras y la Tradición? ¿Y la gnosis eterna no se encuentra en la boca de todos aquellos que la han poseído a lo largo de los siglos?

Es hacia su enseñanza que está orientada nuestra búsqueda, sin rechazar a ninguno, ya que es la misma Sabiduría quien habla a través de todos ellos; no se les reconoce ni en la imagen ni en la forma, sino más bien en el perfume y sobre todo en la densidad.

Se les reconoce también porque siempre se han confirmado los unos a los otros, sin jamás oponerse, al contrario de los sabios y filósofos del mundo.

La palabra de los profetas y sabios es pues LA PUERTA, porque ellos son los únicos guías que pueden hacer que nos acerquemos o penetremos en el Jardín de las Maravillas, con el fin de reencontrar la gracia, el amor y el conocimiento perdidos por el hombre exiliado en este mundo.

«Feliz el hombre que me escucha, que vela cada día a mis puertas y cuyos umbrales vigila» dice la Sabiduría en un célebre libro, a la entrada de las puertas hace oír su voz.

En LA PUERTA. SÍMBOLOS FUNDAMENTALES, se citaron algunos fragmentos de esta primera editorial y se añadieron las siguientes citas:

«La enseñanza del sabio es una fuente de vida para evitar la trampa de la muerte». (Prov. XIII, 14).
«Manténte adicto a la instrucción, no la abandones, guárdala, pues ella es tu vida». (Prov. IV, 13).
«Amo a los que me aman y me hallarán los que madrugan para buscarme». (Prov. VIII, 17).
«Es el árbol de la vida para los que la asen». (Prov. III, 18).
«De este modo será la salud para tu cuerpo y un refresco para tus huesos». (Prov. III, 8).
«Os hemos enviado un libro para instruiros, ¿acaso no abriréis los ojos? (Corán XXI, 10).
«¡Oh, vosotros que esperáis la salvación de Dios, despertad en el mundo! Y buscad la luz secreta de las palabras de vida en vez de contentaros con su vestidura de sombra». (Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado XXXV, 77 y 77’).
«¡Oh, qué mensaje reencontrado
para leer aquí, en nuestra escuela!
En tal libro, el oro negado,
En un estudio del sentido puro deletreándose largamente». (E. H.)
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Web de la Revista: La Puerta
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05 abril 2008

(THESAURUS THESAURORUM ALCHIMISTORUM)

Paracelso

La naturaleza engendra este mineral en el seno de la tierra. Hay dos especies, que se pueden hallar en diversas localidades de Europa. El mejor que yo he tenido y que ha resultado bueno despues del ensayo, es exterior en la figura del mundo superior, al Oriente de la esfera solar. El segundo se encuentra en el astro meridional y también en la primera flor que el muérdago de la tierra produce sobre el astro. Después de la primera fijación se vuelve rojo; en él están ocultas todas las flores y todos los colores minerales. Los Filósofos han escrito mucho sobre él porque es de una naturaleza fría y húmeda, vecina de la del agua. Para todo lo que es ciencia y experiencia, los Filósofos que me han precedido han tomado por blanco la Roca de la verdad, pero ninguno de sus tiros encontró el centro. Han creído que el Mercurio y el Azufre eran los principios de todos los metales, y no han mencionado, ni por asomo, al tercer principio. No obstante, si por el arte espagírico, se separa más que el Agua, me parece que la Verdad que proclamo está suficientemente demostrada; ni Galeno, ni Avicena la conocían. Si tuviese que descubrir para nuestros excelentes físicos el nombre, la composición, la disolución y coagulación, si tuviera que decir cómo obra la naturaleza en los seres desde el comienzo del mundo, escasamente me bastaría un año para explicarlo, y las pieles de vaca de toda una ganadería para escribir.

Ahora bien, yo afirmo que en ese mineral se encuentran tres principios, que son: el Mercurio, el Azufre y el Agua metálica que sirvió para nutrirle; la ciencia espagírica puede extraer esta última de su propio jugo cuando no está del todo madura, a mitad del otoño, como la pera en el árbol. El árbol contiene la pera en potencia. Si los astros y la naturaleza concuerdan, el árbol emite primero ramas hacia el mes de marzo, después brotan las yemas, se abren, aparece la flor, y así sucesivamente, hasta que en otoño madura la pera. Lo mismo sucede con los metales. Nacen de un modo semejante en el seno de la tierra que los Alquimistas que buscan el Tesoro de los tesoros anoten esto cuidadosamente. Les indicaré el camino, el comienzo, el medio y el fin: en lo que sigue, voy a describir el agua, el azufre y el bálsamo particular del tesoro. Por la resolución y la conjunción, esas tres cosas se unirán en una.

DEL AZUFRE AL CINABRIO

Toma cinabrio mineral y trabaja así: Cuécele con el agua de lluvia en una vasija de piedra durante tres horas; purifícale en seguida con cuidado y disuelve en un agua regia compuesta de partes iguales de vitriolo, nitro y sal amoniaco (otra fórmula: vitriolo, salitre, alumbre y sal común). Destila en un alambique, cohobando. Separarás así cuidadosamente lo puro de lo impuro. Pon en seguida a fermentar, durante un mes, en el estiércol de caballo. Después separa los elementos según lo que sigue: cuando aparezca el signo, comienza a destilar en el alambique con el fuego del primer grado. Subirán el agua y el aire; el fuego y la tierra permanecerán en el fondo. Cohoba y pon el alambique en el fuego de cenizas. El agua y el aire subirán primero, después el elemento del fuego, que los artistas hábiles reconocerán fácilmente. La Tierra quedará en el fondo del alambique, tú la recogerás: muchos la han buscado y pocos la hallaron. Prepararás, según el Arte, esta tierra muerta en un hornillo de reverbero; después le aplicarás el fuego del primer grado durante quince días y quince noches. Hecho esto, le aplicarás el segundo grado durante: otros tantos días y noches (tu materia habrá sido encerrada en un recipiente herméticamente cerrado). Finalmente encontrarás una sal volátil semejante a un álcali muy ligero, que contiene en sí la esencia del fuego y de la tierra. Mezcla esa sal con los dos elementos que has puesto aparte, el aire y el agua. Calienta sobre cenizas durante ocho días y ocho noches, y encontrarás lo que muchos artistas han descuidado. Separa, de acuerdo con las reglas del arte espagírico y recogerás una tierra blanca privada de su tintura. Toma el elemento del fuego y la sal de la tierra y haz digerir en el pelícano para extraer la esencia. Se separará de nuevo una tierra que pondrás aparte.

DEL LEON ROJO

En seguida toma el león que ha pasado primero al recipiente en cuanto percibas su tintura, es decir, el fuego, que se mantiene sobre el agua, el aire y la tierra. Sepárale de sus impurezas por trituración. Tendrás entonces el verdadero oro potable. Riégale con alcohol de vino para lavarle: destila después en un alambique, hasta que por el gusto ya no distingas más la acidez del agua regia. Encierra inmediatamente con cuidado este aceite de sol en una retorta cerrada herméticamente. Calienta para elevarlo, de suerte que se sublime y se desdoble. Coloca entonces el recipiente, siempre bien cerrado, en un lugar fresco. Calienta otra vez para elevar, colócalo de nuevo al fresco para condensar. Repite esta maniobra tres veces. Así obtendrás la tintura perfecta del sol. Resérvala para más tarde.

DEL LEON VERDE

Toma vitriolo de Venus, preparado según las reglas del arte espagírico; agrégale los elementos del agua y del aire que apartaste. Mezcla: haz putrificar durante un mes como se ha descrito. Terminada la putrefacción, notarás el signo de los elementos. Separa y pronto verás dos colores, el blanco y el rojo.El rojo esta encima del blanco. La tintura roja del vitriolo es tan poderosa que tiñe de rojo todos los cuerpos blancos, y de blanco todos los cuerpos rojos, lo cual es maravilloso. Trabaja con esta tintura en una retorta y veras salir en ella su negrura. Vuelve a poner en la retorta lo que ha destilado, y repite hasta que obtengas un líquido blanco. Sé paciente no desesperes de la Obra. Rectifica hasta que encuentres el león verde, brillante y verdadero, que reconocerás por su gran peso. Es la tintura del Oro. Contemplarás los signos admirables de nuestro león verde, al que ninguno de los tesoros del león romano podrían pagar. ¡Gloria a quien ha sabido hallarle y sacar de él la tintura! 

Es el verdadero bálsamo natural de los planetas celestes; impide la putrefacción de los cuerpos, y no permite a la lepra, a la gota, ni a la hidropesía, que se implanten en el cuerpo humano. Cuando ha sido frecuentado con el azufre del oro, se le prescribe en dosis de un grano. ¡Ah! Carlos el alemán, ¡qué has hecho de tus tesoros de ciencia! ¿Dónde están tus físicos? ¿Dónde tus doctores? ¿Dónde están esos bandidos que purgan y ordenan medicinas impunenente? Tu firmamento está trastornado; tus astros, fuera de sus órbitas, se pasean muy lejos de la ruta pantanosa que les había sido trazada; así es que tus ojos han sido heridos por ceguera, como por un carbón incandescente, cuando has contemplado nuestro esplendor y nuestro orgullo soberbio. Si tus adeptos supieran que su príncipe Galeno (que está en el infierno) me ha escrito cartas para reconocer que tengo razón, harían el signo de la cruz con una cola de zorro. ¡Y vuestroAvicena! está sentado en el umbral de los infiernos; he discutido con él de su oro potable, de la tintura física, de la mitridática y de la triaca.

¡Oh! hipócritas, que despreciáis las verdades que os enseña un verdadero médico, instruido por la naturaleza, hijo del mismo Dios! Seguid, impostores, que no prevalecéis más que con ayuda de elevadas protecciones. ¡Pero paciencia!, después de mi muerte, mis discípulos se levantarán contra vosotros, os arrastrarán a la faz de los cielos a vosotros y a vuestras sucias drogas, que os sirven para envenenar a los príncipes y a los grandes de la cristiandad.

¡Desgraciadas de vuestras cabezas el día del juicio!

Yo, en cambio, sé que mi reino llegará. Reinaré en el honor y la gloria. No soy yo quien me alaba, es la Naturaleza, porque Ella es mi madre y yo le obedezco todavía. Ella me conoce y yo la conozco. La luz que está en ella, yo la he contemplado, la he demostrado en el Microcosmos y la he vuelto a encontrar en el Universo. Pero debo volver a mi tema para satisfacer los deseos de mis discípulos, a quienes favorezco con gusto, cuando están provistos de las luces naturales, cuando conocen la astrología y sobre todo cuando son hábiles en filosofía, que nos enseña a conocer la materia de todo. Toma cuatro partes del Agua metálica que ya he descrito, dos partes de la Tierra de Sol rojo, una parte de Azufre del Sol. Pon todo en un pelícano, solidifica y desagrega tres veces. Así tendrás la Tintura de los alquimistas. No hablaremos aquí de sus propiedades puesto que están indicadas en el libro de las Transmutaciones. Con una onza de Tintura de Sol, podrás tenir de Sol mil onzas; si posees la tintura del Mercurio, podrás teñir igualmente por completo el cuerpo del Mercurio vulgar. Del mismo modo la tintura de Venus transmutará completamente en metal perfecto el cuerpo de Venus. Todas esas cosas han sido confirmadas por la experiencia. Lo mismo se puede decir para las tinturas de los demás planetas: Saturno, Júpiter, Marte y la Luna. Porque de esos metales se sacan también tinturas: aquí no diremos nada acerca de ello, porque ya lo hemos hablado ampliamente en el tratado de Natura Rerum y en Archidoxorum. He descrito suficientemente para los espagiristas la materia prima de los metales y minerales; ahora, ya conocen la tintura de los alquimistas. No menos de nueve meses hacen falta para preparar esta tintura; por tanto, trabaja con ardor, sin desalentarte: durante cuarenta días alquímicos, fija, extrae, sublima, putrifica y coagula en piedra, y por fin obtendrás el Fénix de los filósofos.


Pero no olvides que el azufre del cinabrio es un águila que vuela sin hacer viento y transporta el cuerpo del viejo Fénix a un nido donde se nutre con el elemento del fuego. Sus crías le arrancan los ojos, lo cual produce la blancura. Es el bálsamo de sus intestinos que da la vida al corazón, según lo que los cabalistas han enseñado.
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