Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.

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02 diciembre 2015

o Principios de los Filósofos

que han de servir de regla para la obra

 Anónimo 
Debemos reconocernos en todos los que sufren y carecen de socorro, y ofrecerles el fuego necesario para la purificación y el agua indispensable para la unión.

El loco mata y dispersa lo que vive.
El Sabio vivifica y concentra lo que parece muerto.
"Una sola sustancia, una sola esencia".
Un solo alimento, una sola bebida.
El Mensaje Reencontrado XII: 56-56'

 

Horus-Harpócrates en el Sol
Papiro de Dama-Heroub, 21ª Dinastía


 I

La Naturaleza ha dejado algunos seres imperfectos, ya que no ha formado la piedra, sino sólo su materia que, en verdad, no puede hacer lo que la Piedra hace después de su preparación, porque se encuentra impedida por obstáculos accidentales.

II

La sustancia que se busca es la misma cosa que aquella de donde se la debe sacar.

III

Esta identidad es específica, o sea que no existe más que en relación a la especie; no es particular o numérica.

IV

De la unidad, sacad el número ternario, y volved el ternario a la unidad.

V

Toda cosa seca bebe su húmedo.

VI

No hay más agua permanente que aquella que es seca y que se adhiere a los cuerpos, de modo que si ésta huye, los cuerpos huyen con ella; y ésta les sigue si ellos huyen.

VII

Quienquiera que ignore el medio de destruir los cuerpos, ignora también el medio de producirlos.

VIII

Todas las cosas que se resuelven por el calor, se coagulan con el frío, y recíprocamente.

IX

La Naturaleza se regocija en su naturaleza, la Naturaleza mejora la naturaleza y la lleva a su perfección.

X

Es necesario, para la conservación del Universo, que cada cosa desee y pida la perpetuidad de su especie.

XI

En las producciones físicas perfectas, los efectos son semejantes y conformes a la causa particular que los produce.

XII

No es posible que se haga ninguna generación sin corrupción y en nuestra obra la corrupción y la generación son imposibles sin el cielo filosófico.

XIII

A menos de intervenir en el orden de la Naturaleza, no engendraréis el oro a menos que previamente no haya sido plata.

XIV

La solución de los cuerpos es la misma cosa que su congelación, si sólo se considera el menstruo y el momento de la solución.

XV

Si habéis disipado y perdido el verdor del Mercurio y el rubor del Azufre, habéis perdido el alma de la Piedra.

XVI

En nuestra obra no entra nada extraño; no admite y no recibe nada que venga de otra parte.

XVII

Las soluciones filosóficas evitan al cuerpo disuelto sus impurezas naturales, que no pueden ser hechas sensibles por ningún otro camino.

XVIII

Todo agente exige una materia preparada; por esta razón, un hombre no puede engendrar con una mujer muerta.

XIX

En la obra, la hembra disuelve al macho y el macho coagula a la hembra.

XX

El Mercurio de los Filósofos es su compuesto muy secreto, o su Adán, que lleva y esconde en su cuerpo a Eva su mujer, la cual es invisible; pero cuando llega del blanco, ésta se vuelve macho.

XXI

Los Filósofos han dicho sabiamente que le Mercurio encierra todo lo que hace el objeto de la búsqueda de los Sabios.

XXII

Que vuestro calor sea continuo, vaporoso, digerente, circundante y que sea traído a través de un medio.

XXIII

Tened cuidado con el orden en que aparecerán los colores críticos, que el uno no adelante al otro y que cada cual se presente a su vez.

XXIV

Estos colores críticos son cuatro: el negro y el blanco, el citrino y el rojo perfecto. Algunos Filósofos les han dado el nombre de elementos.

XXV

Si el color blanco precede al negro, habéis fallado poco en el régimen del fuego, y si el rojo aparece antes del citrino, es un indicio de una sequedad excesiva de la materia.

XXVI

Tened el mayor cuidado de que la negrura no aparezca dos veces; cuando los cuervecillos se han ido volando una vez de su nido, no deben entrar más allí.

XXVII

Tened también cuidado con que no se rompa la cáscara del huevo, que no se agriete, que no deje pasar el aire; sin lo cual no harías nada de bueno.

XXVIII

El fermento no está compuesto más que de su propia pasta: así, no mezcléis el blanco con el rojo, ni el rojo con el blanco.

XXIX

Si no teñís el Mercurio, no teñirá.

XXX

Es preciso que los cuerpos o metales inferiores que se quieren transmutar en oro o en plata por la proyección, estén vivos y animados.

XXXI

Cuanto más perfectos sean los cuerpos, más recibirán y se cargarán de tintura.

XXXII

Si la piedra no ha sido fermentada por lo menos dos veces, no podrá dominar o subyugar el Mercurio de los cuerpos y cambiarlos en su naturaleza.

XXXIII

Si se emplea demasiada tintura en la proyección, el cuerpo inferior tomará demasiada fijeza y no podrá entrar en fusión; si hay demasiada poca, sólo se teñirá débilmente.

XXXIV

Nuestra Piedra, antes de ser capaz de teñir los metales, expulsa las enfermedades de su género, proporcionadas al grado de perfección que ha adquirido.

XXXV

Cuando ha llegado a una blancura fija y permanente, cura las enfermedades Lunares; y cuando está roja, las enfermedades Solares. Pero, esté preparada de una u otra forma, las enfermedades Astrales se le resisten, porque están absolutamente sometidas a la fatalidad.

XXXVI

Los Sabios alejando a los Profanos no admitirán más que a los elegidos en sus misterios sagrados; una vez posean este raro presente de la Sabiduría divina, darán gracias al Ser Supremo, y se colocarán todos bajo el estandarte de Harpócrates.

Enséñanos las plegarias vigorosas como el celo del amor.
-Danos los impulsos que llevarán nuestras almas más allá del abismo.
-Cántanos el NOMBRE que fuerza las puertas de la muerte.
-Nútrenos con la esencia que arrastra el oro vivo.
-Ofrécenos el sol redentor de nuestras vidas extraviadas.

Cuando nuestra razón, nuestra voluntad y nuestra inteligencia sean aniquiladas por la duración y por la violencia de nuestra búsqueda, la inocencia, la gracia y el amor nos entregarán entonces el secreto tan buscado del Único Esplendor.
«¡Oh, pobre idiota!, basta con que calles y dejes de agitarte para que el Perfecto te anime de nuevo en tu perfección primera».
El Mensaje Reencontrado XIII: 16-16'

Fuente del texto (excepto notas comparativas): revista La Puerta nº 4.