Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.

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12 junio 2012

(extractos del ensayo de Louis Cattiaux 'Física y metafísica de la pintura')

La poesía, la pintura y la música son los tres poderes que el hombre tiene para conversar con el paraíso. Estudiar el arte es rezar, practicar el arte es alabar a Dios.
William Blake
Por lo tanto, la obra de arte es una creación mágica y, al igual que la procreación, exige, para dar existencia al Ser, una carga psíquica producida por el espasmo de amor. Por eso hay tan pocos hombres y tan pocas obras vivas en este mundo, pues la proyección mágica es un acto difícil por encima de todo, como el de la transmisión integral de la vida; y pocos seres son capaces de realizar ese misterio de la transfusión energética del “voltio”.

[...] la inteligencia sin amor, incapaz de percibir el misterio de la vida, se vuelve demoníaca y, volviéndose contra sí misma, va a parar al caos en medio de la locura homicida. Tanto es así que todo reino dividido contra sí mismo perece fatalmente.

El maligno [...] succiona hábilmente a todos los vivos como un vampiro. [...] Seduce, pues tiene que engañar, que esconder por todos los medios la pérdida irreparable de su substancia íntima, de su libertad, de su gratuidad, de su inocencia, de la gracia y del amor, que son los únicos que fecundan realmente todas las sequedades del intelecto, por brillante que sea este último.

Nunca se pierde del todo el don inicial, es más bien la gracia la que, tras abandonar al artista, hace que el don permanezca dormido o escondido a causa de su voluntad de aislarse.

Basta un abandono sincero, una verdadera gratuidad, una ruptura de los resortes del ego, para que con la gracia puesta de nuevo en circulación, el don reaparezca en todo su asombroso esplendor.

Así, la imaginación y la inteligencia no pueden ser disociadas de la gracia y del amor, so pena de muerte fraccionada.

Las personas mediocres, por definición, se oponen al movimiento, al ímpetu y a la vida, pues su pobreza espiritual y su sequedad de alma les lleva a obstaculizar todo lo que amenaza animarles.

La falta de substancia les vuelve pusilánimes, tristes, avaros, hipócritas y cobardes.

El artista trabaja como otros se emborrachan o comulgan, hasta el delirio del alma, hasta la locura creadora, en la euforia que engendra la libertad perfecta.

Ahí todas las prudencias, todos los cálculos, todos los deberes y todas las demostraciones son abolidos por el espasmo de vida y de muerte que diversifica la creación.

En resumen, la áscesis artística tiene como objeto esencial salvaguardar el don inicial dejando a la gracia circular libremente entre los límites de la técnica más lograda.

El erotismo, que fue una fuente de creación excepcional en el arte oriental, por desgracia ha sido despiadadamente rechazado por la moral cristiana.

La obra erótica sabe conservar la parte espiritual indispensable en toda verdadera creación. El hecho de haberla despreciado y prohibido simplemente ha provocado la aparición de las tan tristes y bestiales obras pornográficas.

En la literatura de hoy en día abunda este tipo de producciones salidas del rechazo del erotismo humano.

Donde el erotismo sugiere, la pornografía expone; el primero siempre va acompañado de cierto humor lleno de delicadeza, el segundo sólo aparece cubierto de inmundicias. Deseamos ver que se levante esa prohibición que, en nombre de una moral violentada por todos, relega como algo vergonzoso la expresión más dinámica del arte.

No obstante, queremos insistir sobre el punto de que el arte erótico sólo puede ser bellamente abordado por artistas espirituales y llenos de talento, a fin de que en lugar de degenerar hasta la grosería, se sublime poco a poco hasta la expresión mística, reuniéndose así el Eros terrestre con el Eros celeste, fuente ideal de la inspiración creadora.

La mujer terrestre, que representa la trampa erótica por excelencia, y la mujer celeste, imagen de la liberación del hombre, ambas practican el arte de la sugestión. El artista no debería hacer menos.

Por medio de la oración (el artista) permanece en contacto con los maestros espirituales a los que ama, pues sabe que la inspiración viene de Dios por su ministerio; secreto este que muy pocos conocen. Pues pocos hombres saben pedir, como también son pocos los hombres que saben dar o recibir con amor.

Bendigamos pues en nuestro corazón a quienes nos ayudan a ser más libres, es el único agradecimiento que aceptan y que devuelven a la fuente divina, única inspiradora y única donadora perfecta.