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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
28 octubre 2015

Explicit Rosarium abbreviatum ignoti

Anónimo

Hieronymus Reussner
Pandora, Bazylea, 1588
Advierte, estimado lector, que lo que sigue es algo muy auténtico para toda persona inteligente.

El primer preparado y fundamento del arte consiste en la Disolución, es decir, la reducción del cuerpo a agua, o sea, a mercurio. A esto lo llamaron Disolución diciendo: disolved todo lo que está oculto en el cuerpo de la magnesia a fin de reducirlo a su materia prima, de modo que se convierta en azufre y mercurio, que no sea retornado al agua. Nuestra Disolución no es otra cosa sino que el cuerpo retorne al estado líquido, y que la substancia se disuelva hacia la naturaleza del mercurio, y que la salinidad del azufre sea disminuida por los suyos, a fin de que aparezca el azufre divino, una vez substraído de los dos azufres, cuando el espíritu se antepone al cuerpo.

Dios puede liberar nuestra vida del barro que la aprieta por todas partes y que la ahoga hasta la muerte.
Sólo él puede fecundarla y conducirla hasta la perfección de una generación infinita.
Extraer el perfume y rechazar el veneno.
Reducir la tierra en agua y rehacer el agua en tierra.
Cocer el cielo y la tierra hasta el alumbramiento del sol perfectísimo.
El Mensaje Reencontrado V: 89-89'

El segundo preparado tiene lugar cuando el agua se transforma en cuerpo, ya que uno no se disuelve si no se coagula el otro, porque el cuerpo, tras absorver el mercurio, lo coagula y es coagulado por éste, convirtiéndose así en tierra. Esta es la máxima del procedimiento, sobre la cual dicen los Filósofos: el agua es engendrada de la tierra, porque el agua se convierte en tierra cuando es vencida por las cualidades de la tierra, y la tierra se convierte en agua cuando es vencida por las cualidades del agua; hágase pues la disolución del cuerpo y la coagulación del espíritu de manera que tengan lugar en una sola operación, y hágase un solo bronce, al que nada más se añada del exterior, excepto lo que en una preparación rebosante se quite con los instrumentos.

No nos corresponde desvelar ante todos la secreta belleza de la creación de Dios, nos corresponde, solamente, afirmar su existencia en el corazón del hombre y del Universo.
¡Oh, vida fugitiva, el Señor del cielo te fecundará y te fijará en la paz del oro santo, y tu gloria iluminará los mundos y tu virtud apagará la sed de los creyentes del Universo grandioso!
El Mensaje Reencontrado XVIII: 37-37'

Tercer preparado: La tierra se ara y se riega, y la señal de Dios es representada en el fuego y en el agua, y ésta es la tercera máxima de esta obra, tal y como dicen los Filósofos: La tierra se pudre con el agua y es purificada, entonces, con ayuda de Dios y acabado el magisterio, continua limitadamente, ya que la tierra no germina sin riego frecuente ni sin previo desarrollo. Esto lo saben tanto las mujeres como los niños, sus semillas y sus frutos son conducidos hacia la perfección en el huerto. Por eso los Filósofos dijeron: El trabajo de la naturaleza no es sino cosa de mujeres y juego de niños. Por eso el cuerpo es tantas veces embebido como desecado, de forma sucesiva, porque se ha de aplicar un peso a todo peso, una medida a toda medida y una obra a toda obra. Y ahora se sigue la perfecta putrefacción de los Filósofos, y la putrefacción de éstos no es sino la destrucción de lo húmedo con lo seco, dado que la humedad sólo es alejada por la sequedad y aunque el frío húmedo rechace al fuego, sin embargo es retenido por lo seco, pues las cosas pesadas no pueden ascender sin la ayuda de las ligeras, ni las ligeras pueden precipitarse sin la ayuda de las pesadas, de no ser con un escorpión (ariete).

El hombre debe pasar por la mortificación y las tinieblas de la muerte antes de llegar hasta Dios.
El fuego y el agua purifican la tierra, pero es Dios quien la anima de nuevo.
El Mensaje Reencontrado I: 41-41'

Cuarto preparado: La Naturaleza se complace con la Naturaleza, ya que con ella se regocija; la Naturaleza vence a la Naturaleza porque la persigue y la abarca, y la obra es llevada a cabo por voluntad de Dios. Esta es la cuarta máxima de la obra, de la cual hablan los Filósofos, y que puede ser denominada Sublimación o Adopción. El agua misma se transforma en agua de bronce, tan pronto como es espesada y solidificada con tierra y esto es por la interposición, por supuesto, de su naturaleza cercana; por esta razón, la Naturaleza se complace con la Naturaleza y se regocija, ya que la retención de sí misma es su cercanía. Tan grande es la cercanía entre la Naturaleza y la Naturaleza, como lo es entre el diamante y el hierro, e incluso aún mayor dado que en origen son una sólo y no diversas, así como por sus cualidades, pues el espíritu es la destrucción del cuerpo de la otra, con una muerte imperceptible, y por eso la Naturaleza vence a la Naturaleza destruyendo y vivificando sin duda a los cuerpos, porque de ello mismo fue en origen y hacia esto es convertido, aumentado y multiplicado, y Dios extrae varios a partir de uno solo; por eso, la Naturaleza contiene a la Naturaleza, y persigue a la Naturaleza y es perfeccionada.

Nuestra vida está eternamente preñada de Dios.
¿Quien le hará aparecer antes del término de la muerte y de la resurrección del gran mundo?
«La naturaleza liberará la naturaleza y el niño misterioso nacerá de la única Madre».
El Mensaje Reencontrado IV: 96'

Quinto preparado: Nuestro espíritu es delator de las virtudes del alma porque nuestro bronce, como el hombre, tiene espíritu, cuerpo y alma. Esta es la quinta máxima de nuestra obra, sobre la cual dicen los Filósofos: ciertamente, su espíritu es agua, su alma es tintura, su cuerpo es tierra y el espíritu es espíritu, y así como el cuerpo es la atadura del alma misma, también el cuerpo es algo seco y fijo, reteniendo al espíritu y al alma. El espíritu, por consiguiente, penetra al cuerpo y el cuerpo fija al espíritu, el alma une, purifica, blanquea y tiñe.

Quien libera al hombre sepultado lo recibe todo del Padre, por medio de la Madre y del Hijo manifestados claramente.
«No predicamos el viento, ni el humo, ni la ceniza, predicamos la vida salva en alma, en espíritu y en cuerpo resucitados».
El Mensaje Reencontrado II: 88'

Sexto preparado: Se varía y se cambia de un color a otro hasta que llega al objetivo del blanqueo y del enrojecimiento, sobre lo cual dicen los Filósofos: muchas veces amarillea y muchas veces ennegrece, muchas veces se seca y se licúa. Fíjate que la Piedra Filosofal está compuesta de dos naturalezas, una húmeda y la otra seca, y cuando son cocidas se convierten en una sola, ya que ni una ni otra se abandonan mutuamente y se las llama una sola naturaleza; mientras perdure la humedad ennegrece, pues el calor actuando con lo húmedo genera primeramente la negrura, y con lo seco genera la blancura, y en lo blanco genera lo amarillento tal y como aparece en el plomo cuando hacemos minio. Date cuenta de que nuestra piedra es vinagre muy agrio (Acetum Acerrimum) con lo cual debe tomarse la máxima precaución para que no se convierta en humo a causa de un fuego excesivo y destruya la operación. La negrura se pierde, ya que una vez que la tierra es secada y blanqueada, al sobrevenir la sequedad se lleva consigo su régimen y el humo penetra en su cuerpo y el espíritu es retenido por lo seco; entonces cesará la negrura descubriendo lo deformado, y se hace blanco, brillante, claro; entonces se casa a la mujer blanca con el marido rojo, luego lo recibe a él y lo abraza y entonces el rey coronado con la diadema clama: "Yo soy el hijo blanco, negro y rojo, y soy el hijo de la blancura y el hombre del cambio", y por eso dicen los Filósofos: Cocedlos hasta que se vuelvan negros, luego blancos, después amarillos y luego, tiñéndolos, se vuelvan elixir (Venenum), ya que cuanto más se cuezan más se secarán y más se blanquearán. En tercer lugar, cuanto más sean cocidos más se enrojecerán, hasta que se concluya.

En la Disolución el fuego ha de ser lento, en la Sublimación medio, en la Coagulación moderado, en el blanqueo continuo y en el enrojecimiento fuerte. Aquel que se equivoque, a causa de su ignorancia en este tipo de cosas, deplorará este error muy a menudo; por tanto, la substancia cuya cabeza es roja, los pies blancos y los ojos negros es el magisterio. Si el triángulo es completado en el cuadrado, entonces la piedra es dignificada con honor.

Todo ha venido del rojo para ir al negro, pasando por el amarillo y el blanco. Todo volverá al rojo partiendo del negro y pasando por el blanco y el amarillo.
El Mensaje Reencontrado XXVI: 41'

Séptimo preparado: La piedra bendita es multiplicada y perfeccionada cuando la totalidad de lo fijo sea fijado con ella hasta que fluya, y por eso los Filósofos dijeron: Después de que, mediante la sublimación, hagas volátil la piedra ya fija, uniendo filosóficamente por las cantidades más pequeñas para que todo lo sutil se eleve en los vasos, luego fíjala, y si esto no sucede añádele cierta cantidad de parte no fija, para que el total de lo volátil rebase al total de lo fijo hasta que baste para que ella misma se eleve, puesto que si vence la totalidad de lo fijo, volará y si no lo vence huirá con la substancia. Por consiguiente, que se repita la operación con lo que haya sido elevado una y otra vez en su totalidad, hasta que todo sea fijado a través de esta sublimación y solidificación, pero cuando todo haya sido fijado entonces repite la parte de lo no fijo y embebe antes la máxima cantidad que se pueda, mediante el procedimiento que ya conoces, hasta que sea todo elevado. Por último se vuelve a fijar hasta que la fusión se presente ligera como la cera y sea alterada por el complemento Solífico y Lunífico. Así, de cuanto hayas preparado mediante la repetición de él mismo, resultarán por multiplicación, tantos grados de cambio y cualidad, de modo que cada uno de los cuerpos imperfectos y el propio mercurio, se transforme eternamente en auténtico Lunífico y Solífico. Y por eso, concluyendo, los Filósofos deben aguardar cerca del vaso y observar las maravillas que tienen lugar cuando se transmuta de un color a otro mejor, hasta que llegue al objetivo del blanqueo y del enrojecimiento. Así pues, toda la dirección en el régimen de esta obra está en la moderación del fuego. A partir de aquí, apaga el fuego y deja que se enfríe, y encontrarás la piedra, un cuerpo semejante a una perla (margalitale) del color de la amapola silvestre, y esta substancia es enceradora, licuante y penetrante, y una libra se corresponde con cada mil millares y doscientos mil, convirtiendo continuamente todo el cuerpo en óptimo oro o plata, según sea la propiedad del elixir. Este específico se licúa muy rápidamente con el fuego y se solidifica con el aire, ya que el humo, al percibir el aire, penetrará en el cuerpo y el espíritu será retenido por lo seco, y se forma un solo cuerpo fijo como si fuera elixir y fermento, incorruptible mientras el mundo se mantenga en pie. En conclusión, date cuenta de que el mercurio, el plomo, el bronce, el minio, el azufre, no son los vulgares, sino que nuestro azufre es azufre divino, extraído de los dos azufres, lo cual se denomina, azufre de azufre y mercurio de mercurio, llamado por los Filósofos vinagre muy agrio, y estos dos, a saber, azufre y mercurio real y esencialmente en dicho vinagre, y esto es, en la anteriormente citada humedad de nuestra piedra hay una única naturaleza de la piedra misma. Conteniendo, de esta forma, al auténtico oro, plata, plomo, minio y bronce, y están en el cuerpo físico vulgar, cuyo nombre propio encontrarás en las siete proposiciones, y que alabe a Dios.

Hay la esencia que fecunda, la substancia que es fecundada, el medio que ha nacido, la materia que es creada.
Hay, inversamente, la materia que es sólida, el medio que es acuoso, la substancia que es gaseosa, la esencia que es fluídica. Pues lo que baja es como lo que sube en el seno del Único.
Primero, debemos ser pacientes en la tierra de la fe.
-En segundo lugar, hemos de ser purificados por el agua de la gracia.
-En tercer lugar, hemos de ser fecundados por el aire del Espíritu Santo.
-En cuarto lugar, hemos de ser madurados por el fuego del amor.
-En quinto lugar, hemos de ser multiplicados por la muerte y por la resurrección en el Único, pues todo termina como ha empezado.
El Mensaje Reencontrado XVI: 13-13'


FINAL

Fuente (excepto notas comparativas): The Alchemy web site
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24 octubre 2015
Poseer cosas es muy importante en la vida de la gente blanca, desde el principio te dicen: “esto es mío, esto es tuyo”, “no toques eso porque no es tuyo”. Te dicen que te alejes de las cosas por posesión, pero no por respeto.


En los días de antes, nosotros nunca teníamos cerraduras en nuestras puertas. No existía el robo, pero si alguien tenía hambre, podía entrar a tu casa y tomar comida. ¿Por qué la gente no tomaba las cosas?… por respeto. Tú rodeas tu patio con rejas y pagas buen dinero a quien mida el terreno para ver si la reja del vecino está una pulgada demasiado cerca de tu casa.


No regalas nada a menos que recibas algo a cambio. Todo es económico, con razón la gente blanca necesita casas tan grandes, no son para habitarlas, sino para almacenar cosas. Las cosas son importantes cuando las necesitamos, si no las necesitamos, no son importantes. 

Sabiduría Lakota (sioux)


Tomémonos el tiempo necesario para la búsqueda de Dios y de su salvación, así la codicia ciega y sorda no nos mantendrá en la esclavitud del mundo.
Trabajemos para lo que nos es necesario y detengámonos cuando aparezca lo superfluo, porque es un don de Dios que debe manifestarse naturalmente.

¡Que nuestra morada permanezca lo más desconocida posible para los ricos y poderosos del mundo, que nuestra mesa les repugne por su frugalidad y su simplicidad, y que ninguno de ellos entre en ella a su antojo con la insolencia que los caracteriza!
¡Que nuestra casa esté siempre abierta a los simples y a los pobres de Dios, que nuestra mesa acoja su fraternidad natural y que ninguno de ellos nunca tenga que esperar en nuestra puerta!

Sólo los ignorantes pierden su vida para llegar a ser célebres, hacer fortuna, organizar el barro, permanecer esclavos o convertirse en vagabundos en este mundo.
Lo único necesario basta para tener lo superfluo, y lo superfluo basta para tener lo único necesario. Y ambos juntos bastan para tener la vida salva.
El Mensaje Reencontrado XXXVIII: 51-53'
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16 octubre 2015

XV


Los antiguos adeptos del Tao eran sutiles y flexibles, profundos y globales.
Sus mentes eran demasiado profundas para ser penetradas.
Siendo impenetrables, sólo podemos describirlos vagamente por su apariencia.
Vacilantes como alguien que atraviesa una corriente en invierno; tímidos como los que temen a los vecinos que les rodean;
Prudentes y corteses como un invitado; transitorios como el hielo a punto de fundirse; simples como un tronco no esculpido; profundos como una cueva; confusos como una ciénaga.
Y sin embargo, ¿qué otras personas podrían pasar tranquila y gradualmente de lo turbio a la claridad?
¿Quién, si no, podría pasar, con lentitud pero con constancia, de lo inerte a lo vivo?
Quien observa el Tao no desea estar lleno.
Mas, precisamente porque nunca está lleno, puede mantenerse siempre como un germen oculto, sin precipitarse por una prematura madurez.

Lao Tse


Quien no tiene la paciencia del agua, la constancia de la tierra, la sutileza del aire y la pureza del fuego, que separan y unen, no entrará en la gloria del Señor.

Mi Nombre es como un punto de oro en el tabernáculo de los antepasados.
¿Quién lo hará brillar en la tierra?, dice el Señor. Y ¿quién lo hará resplandecer en el cielo?, pregunta el Único.
El Mensaje Reencontrado XII: 49'-49
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10 octubre 2015

CORPUS HERMETICUM

IV. Discurso de Hermes a Tat: la Crátera, o la Mónada

Gabriel Rollenhagen (1583-1619)

Vivitur ingenio, cetera mortis erunt.
“Se vive gracias al talento, lo demás es muerte”
Puesto que el Demiurgo ha creado el mundo entero no con las manos, sino por la palabra, concíbele pues como siempre presente y existente y habiendo hecho todo y siendo Uno Solo, y como habiendo formado, por su propia voluntad, a los seres. Porque verdaderamente es este su cuerpo, que no se puede tocar, ni ver, ni medir, que no posee dimensión alguna, que no se parece a ningún otro cuerpo. Ya que no es ni fuego, ni agua, ni aire, ni aliento, pero todas las cosas provienen de él. Ahora bien, como es bueno, no ha querido dedicarse esta ofrenda sólo a sí mismo ni adornar la tierra sólo para él, sino que ha enviado aquí abajo, como ornamento de este cuerpo divino, al hombre, viviente mortal, ornamento del viviente inmortal. Y, si el mundo ha triunfado sobre los vivientes por la eternidad de la vida, el hombre ha triunfado a su vez sobre el mundo por la razón y por la Inteligencia. El hombre, en efecto, ha llegado a ser el contemplador de la obra de Dios, y ha quedado maravillado y ha aprendido a conocer al Creador. La razón pues, Tat, la ha dado Dios en participación a todos los hombres, pero no ha hecho lo mismo con el Intelecto. No porque haya experimentado celos de alguien, puesto que los celos no vienen de allá arriba, se forman aquí abajo en las almas de los hombres que no poseen el Intelecto.

– ¿Por qué entonces, padre, Dios no ha dado participación en el Intelecto a todos?
– Es porque ha querido, hijo mío, que el Intelecto fuera presentado a las almas como un premio que ellas tuvieran que ganar.
– ¿Y dónde lo ha colocado entonces?
– Ha llenado con él una gran crátera que ha enviado sobre la tierra, y ha apostado un heraldo con orden de proclamar a los corazones de los hombres estas palabras: "Sumérgete, tú que puedes, en esta crátera, tú que crees que volverás a ascender hacia Aquel que la ha enviado sobre la tierra, tú que sabes por qué has venido al ser". 

Todos aquellos que han prestado atención a la proclamación y han sido bautizados con este bautismo del Intelecto, esos han tenido parte en el Conocimiento y han llegado a ser hombres perfectos, porque han recibido la Inteligencia. Los que al contrario han desdeñado escucharla, son los "logikoi"; porque no han adquirido por añadidura el Intelecto e ignoran por qué han nacido y de qué autores. Las sensaciones de estos hombres son muy cercanas a las de los animales sin razón y, como su temperamento permanece en un estado de pasión y de cólera, no admiran las cosas dignas de contemplación, no se dedican sino a las voluptuosidades y apetitos del cuerpo, y creen que es para estas cosas que el hombre ha venido al ser. Por el contrario, todos los que han participado en el don venido de Dios, esos, Tat, cuando se comparan sus obras con las de la otra clase, son inmortales y no ya mortales, porque han abarcado todas las cosas por su propia Inteligencia: las de la tierra, las del cielo, y lo que puede hallarse aun por encima del cielo. Habiéndose elevado ellos mismos así a una tal altura, han visto el Bien, y, habiéndolo visto, han considerado la estancia aquí abajo como una desgracia. Entonces, habiendo despreciado todos los seres corporales e incorpóreos, van aprisa hacia el Uno y Solo. Tal es, Tat, la ciencia del Intelecto, posesión en abundancia de las cosas divinas, y comprensión de Dios, ya que la crátera es divina. 

– Yo también quiero ser bautizado, padre.
– Si primero no odias tu cuerpo, hijo mío, no puedes amarte a ti mismo. Pero si te amas a ti mismo, poseerás el Intelecto, y poseyéndolo, tendrás también parte en el Conocimiento.
– ¿Cómo dices eso, padre?
– Es imposible, hijo mío, atarse a la vez a las dos cosas, a las cosas mortales y a las cosas divinas. Porque como hay dos clases de seres, corporales e incorpóreos, y esas dos categorías se reparten lo mortal y lo divino, no queda sino elegir lo uno o lo otro, si se quiere elegir: porque no es posible tomar a la vez uno y otro; y, allí donde no queda sino elegir, la derrota de uno manifiesta la potencia activa del otro. Pues es así que la elección de lo mejor no sólo resulta ser la más gloriosa para quien la ha hecho, en el sentido de que diviniza al hombre, sino que asimismo manifiesta la piedad hacia Dios. Por el contrario la elección de lo peor ha forzado la pérdida del hombre, y por otra parte, si no ha sido una ofensa contra Dios en lo restante, lo ha sido al menos en esto: tal y como las procesiones se abren paso por entre la multitud sin ser capaces de producir nada por ellas mismas, pero no sin molestar el camino de los demás; igualmente esos hombres no hacen sino andar en procesión por el mundo, arrastrados como están por los placeres del cuerpo. 

Puesto que ello es así, Tat, hemos tenido y tendremos siempre a nuestra disposición lo que viene de Dios: pero que lo que viene de nosotros corresponda a ello y no esté en falta; pues Dios, él, no es responsable, somos nosotros los responsables de nuestros males, en tanto los preferimos a los bienes. ¿Ves, hijo mío, cuántos cuerpos hemos de atravesar, cuántos coros de espíritus, y qué sucesión continua y qué cursos de astros, a fin de ir aprisa hacia el Uno y Solo? Porque el Bien es infranqueable, sin límite y sin fin, y en lo que respecta a él mismo, también sin comienzo, aunque a nosotros nos parezca que tiene uno cuando llegamos a conocerlo. Pues el conocimiento no señala el comienzo del mismo Bien, es solamente para nosotros que comienza en tanto que objeto a conocer. Aferrémonos pues de ese comienzo y apresurémonos en recorrerlo todo: porque es una vía de difícil comprensión el abandonar los objetos familiares y presentes para deshacer camino hacia las cosas antiguas y primordiales. En efecto, lo que aparece a los ojos hace nuestras delicias mientras que lo no aparente despierta en nosotros la duda. Ahora bien las cosas malas son más aparentes a los ojos. El Bien por el contrario es invisible a los ojos visibles. No tiene en efecto ni forma ni figura. Es por ello que aunque es semejante a sí mismo, es desemejante a todo el resto: pues es imposible que algo incorpóreo se muestre como aparente a un cuerpo. Tal es la diferencia de lo semejante con lo desemejante, y la deficiencia que afecta a lo no semejante con respecto a lo semejante. 

Así es que, la mónada, siendo principio y raíz de todas las cosas, existe en todas las cosas, en tanto que raíz y principio. Ahora bien nada existe sin principio. En cuanto al principio mismo, él no ha salido de nada, si no es de él mismo, ya que es en efecto principio de todo el resto. Siendo así principio, la mónada comprende todo número, sin estar comprendida en ninguno de ellos. Y engendra todo número, sin ser engendrada por ningún otro número. Efectivamente, todo lo engendrado es imperfecto y divisible, extensible y reducible; pero nada así afecta a lo perfecto. Y, si bien lo que es extensible deriva su extensión de la mónada, sucumbe al contrario por su propia debilidad cuando no es más capaz de contenerla. 

Tal es pues, Tat, la imagen de Dios que he dibujado para ti lo mejor que he podido: si tú la contemplas exactamente y te la representas con los ojos del corazón, créeme, hijo, encontrarás el camino que conduce a las cosas de lo alto. O, más bien, es la propia imagen quien te mostrará la ruta. Pues la contemplación posee una virtud propia: toma posesión de los que ya una vez han contemplado, y los atrae a sí como –se dice– el imán atrae al hierro.

Hermes Trismegisto



Los Sabios y los santos que poseen a Dios en sí mismos volverán a salir indemnes de la nube ardiente, pues el Señor Dios, que es la esencia del fuego, es incombustible. Los malvados serán reducidos a cenizas y servirán de abono para la nueva plantación de Dios.

Quien persiste en la imbécil alianza de la muerte permanece separado del Señor para siempre.
La puerta estrecha es como una hendidura a ras de tierra; algunos bien la descubren, pero pocos hombres están lo suficientemente desnudos como para pasar por ella sin trabas.
El Mensaje Reencontrado XV: 7-7"; VI: 35-35'

Fuente del texto (excepto notas comparativas): Revista Symbolos
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