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Versículos de El Mensaje Reencontrado A Dios no le interesa mucho nuestra situación en este mundo. Considera, más bien, el estado de...

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El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
30 marzo 2014
Nuestra religión consiste en las tradiciones de nuestros antepasados, los sueños que nuestros ancianos recibieron del Gran Espíritu durante las solemnes horas de la noche y las visiones de nuestros jefes-hombres medicina; y está escrita en los corazones de nuestro pueblo.

Seattle, suquamish


En una ocasión, mi abuelo, Jefe Cuchillo, me contó una historia de la época en que el gran Jefe Caballo Loco fue en busca de una visión a Bear Butte, en las Black Hills. Cuando Caballo Loco volvió, dijo que había sabido que un día habría guerras espantosas en todo el mundo. Caballo Loco describió fielmente la forma física del mundo explicando por dónde sale el sol, cómo se pone y sale luego otra vez. Por lo tanto, debía saber que la Tierra era redonda. Y dijo que un día habría combates y grandes fuegos por todo el mundo. Que el pueblo sufriría, y nuestras mujeres llorarían. Que en todas partes los hombres serían brutales con las mujeres. Pero que, al final, Dios vendría a la Tierra para juzgarla.

Fools Crow, sioux teton


Un día, Dios juzgará al mundo vuelto incurable y consumirá por el fuego el hedor de su plaga maligna.
Reunirá los restos y los amasará con el agua del cielo, para hacer con ellos una nueva creación olorosa y sin mancha.

El Mensaje Reencontrado XXXII: 29-29'

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29 marzo 2014

En la vida del indio sólo había un deber ineludible —el deber de rezar—, el reconocimiento diario de lo Invisible y Eterno. Sus devociones diarias le eran más necesarias que el alimento diario. Se despierta al amanecer, se calza los mocasines y baja hasta la orilla del agua. Allí se echa agua clara y fría en la cara, o se sumerge en ella. Después del baño, permanece en pie ante el amanecer ascendente, frente al sol que baila en el horizonte, y ofrece su oración sin palabras. Su compañera puede precederle o seguirle en sus devociones, pero nunca le acompaña. ¡Cada alma debe encontrarse con el sol de la mañana, la tierra nueva y dulce y el Gran Silencio a solas!

Ohiyesa, sioux santee


La humanidad extraviada ya no sabe alimentarse, ni descansar, ni reproducirse. Ha olvidado la plegaria, la meditación y los juegos. Sus hombres ya no conocen la tierra, su piel ha olvidado el sol, el viento y la lluvia, y sus ojos ya no ven las estrellas. Sus bocas ya no prueban las hierbas salutíferas, sus narices están llenas de humo y en sus oídos ya no resuena más que el ruido de la muerte.
Han perdido la simplicidad y la inteligencia de su naturaleza primera. Han embotado el asombro que les llevaba hasta Dios, y la visión del mundo que les rodea ya no les instruye. Se han vuelto insensatos y desgraciados por su orgullosa locura. Se desgarran y despedazan el mundo con la obstinación de una ciega locura.

El Mensaje Reencontrado X: 43'

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25 marzo 2014



Creador del mundo, padre nuestro, escúchame. La vida que llevamos en la tierra es lastimosa. Caídos y moribundos, tropezamos a lo largo del camino. Es cierto, nos has dicho lo que había que hacer para obtener los bienes y riquezas de la vida. Eso, lo sabemos. Llevar una vida de bien tal y como has pedido, eso sabemos hacerlo y lo intentaremos. En verdad, intentaremos asegurarnos la luz y la vida. Pero Tú, no obstante, haz que la verdadera vida aparezca entre nosotros. Te lo pedimos humildemente.

Tribu sioux Ho-Chunk




¿Acaso la única solución eficaz no es buscar solamente la salvación de vida, transmitida por el Señor descendido del cielo y encarnado entre nosotros para nuestra reintegración en la vida eterna y pura? ¿No está dicho: «Buscad primero el reino de Dios y su justo empleo, y todo lo demás os será dado por añadidura»?

El Mensaje Reencontrado XXIV: 42'

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14 marzo 2014
En el verano de 1805 el jefe seneca Casaca Roja (Sagoyewatha) pronunció el siguiente discurso como respuesta a un joven misionero que pretendía cristianizar a los iroqueses.

Amigo y hermano: Ha sido voluntad del Gran Espíritu que nos encontremos hoy aquí. Él gobierna todas las cosas y nos ha dado un buen día para nuestro consejo. Ha retirado su manto del sol, permitiendo que brille con intensidad sobre nosotros.
Tenemos los ojos abiertos y vemos con claridad. Tenemos los oídos despejados y hemos oído perfectamente las palabras que has pronunciado.
Por todos estos favores damos las gracias al Gran Espíritu y sólo a Él.
Hermano, este fuego del consejo se ha encendido para ti. A petición tuya nos hemos reunido aquí. Hemos escuchado atentamente cuanto has dicho.
Nos has pedido que expresemos nuestra opinión libremente. Esto nos alegra mucho, pues estamos delante de ti y podemos decir lo que pensamos. Todos hemos oído tu voz y te hablamos ahora como un solo hombre. Estamos todos de acuerdo.
Hermano, dices que antes de marcharte de aquí quieres una respuesta a lo que has propuesto. Justo es que la recibas, pues estás muy lejos de casa y no deseamos retenerte. Pero antes recordaremos un poco y te diremos lo que nuestros padres nos dijeron y lo que sabemos de los blancos.
Escucha bien lo que decimos, hermano.

Hubo un tiempo en el que nuestros antepasados poseían esta gran isla. Sus dominios se extendían desde oriente hasta poniente. El Gran Espíritu creó esta tierra para los indios. Él creó al búfalo, al ciervo y a otros animales para darnos alimentos. Él creó al oso y al castor y con sus pieles nos vestíamos. Los esparció por todo el territorio y nos enseñó a cogerlos. Él hizo que la tierra diera maíz para hacer pan.
Todo esto lo creó Él para sus hijos indios, porque los amaba.
Sólo a veces luchábamos por el territorio de caza, y solía arreglarse todo sin gran derramamiento de sangre.
Pero llegaron tiempos aciagos para nosotros. Tus antepasados cruzaron las grandes aguas y llegaron a nuestra isla. Eran pocos. Aquí encontraron amigos, no enemigos.
Nos dijeron que habían huido de su país por miedo a los hombres malvados y que habían venido aquí a disfrutar de su religión. Nos pidieron un lugar pequeño. Nos apiadamos de ellos, atendimos su ruego y se instalaron con nosotros.
Les dimos maíz y carne. Ellos a cambio nos dieron veneno.
Hermano, los blancos habían encontrado nuestra tierra. Llevaron a los suyos la noticia y fueron llegando más. Pero nosotros no les temíamos. Les aceptamos como amigos. Ellos a su vez nos llamaban hermanos. Creímos en ellos. Les dimos un lugar más grande. Al final su número aumentó enormemente. Y querían más tierra; querían nuestro país.
Y se nos abrieron los ojos y empezamos a inquietarnos. Y llegaron las guerras. Se contrataron indios para luchar contra los indios y muchos de los nuestros perecieron. También nos trajeron licor. Un licor fuerte y potente que ha matado a miles de los nuestros.
Hermano, nuestros poblados fueron en tiempos grandes y los vuestros muy pequeños. Ahora os habéis convertido en un gran pueblo y apenas nos habéis dejado sitio para extender nuestras mantas.
Ya tenéis nuestro país, pero aún no estáis satisfechos: ahora queréis imponernos vuestra religión.
Sigue escuchando, hermano.

Dices que te han enviado para enseñarnos a rendir culto al Gran Espíritu como a Él le agrada; dices que si no abrazamos la religión que enseñáis los blancos seremos desdichados de ahora en adelante. Dices que vosotros estáis en lo cierto y nosotros equivocados. ¿Pero cómo sabemos que eso es verdad?
Sabemos que vuestra religión está escrita en un libro. Si nos hubiera estado destinada también a nosotros, ¿por qué no dio el Gran Espíritu a nuestros antepasados el conocimiento del libro y los medios para entenderlo correctamente?
Sólo sabemos lo que nos decís vosotros.
Pero ¿cómo podemos saber cuándo creer a los blancos, que tantas veces nos han engañado?
Hermano, dices que hay una sola forma de adorar y servir al Gran Espíritu. Si existe una sola religión, ¿por qué estáis vosotros tan en desacuerdo? Si podéis leer todos el libro, ¿por qué no estáis todos de acuerdo?
No entendemos estas cosas, hermano. Nos han dicho que vuestros antepasados recibieron esta religión y que ha ido pasando de padres a hijos.
También nosotros tenemos una religión que les fue dada a nuestros antepasados y que hemos heredado nosotros, sus hijos. Y conforme a esa religión veneramos nosotros al Gran Espíritu. Nuestra religión nos enseña a agradecer cuantos favores recibimos, a amarnos los unos a los otros y a estar unidos. Nunca reñimos por la religión.
Hermano, el Gran Espíritu nos creó a todos, pero hizo muy distintos a sus hijos blancos y a sus hijos indios. Nos dio diferente tez y costumbres diferentes. A vosotros os ha concedido artes a las que no ha abierto nuestros ojos. Sabemos que esto es cierto. Y puesto que nos ha hecho tan distintos en otros aspectos, ¿por qué no aceptamos que nos ha dado también religiones distintas según nuestro entendimiento?
El Gran Espíritu no se equivoca. Él sabe lo que es mejor para sus hijos. Nosotros estamos contentos.
Hermano, nosotros no queremos destruir vuestra religión, ni aceptarla. Sólo queremos disfrutar de la nuestra.
Hermano, dices que no venís a quitarnos la tierra ni el dinero sino a iluminar nuestro entendimiento. Yo te diré ahora que he estado en vuestras asambleas y os he visto recaudar dinero.
Nos han dicho, hermano, que habéis estado predicando a los blancos de este lugar. Ellos son nuestros vecinos. Les conocemos. Así que esperaremos un tiempo a ver el efecto que les hacen vuestras enseñanzas. Si comprobamos que les hacen bien, que les hacen ser sinceros y menos predispuestos a engañar a los indios, volveremos a pensar todo cuanto nos has dicho.
Has oído nuestra respuesta a tus palabras, hermano. Es todo cuanto tenemos que decir de momento. A la hora de despedirnos, te daremos la mano, deseándote que el Gran Espíritu te proteja en el viaje y te haga llegar a salvo con tus amigos.
El que está en el error intenta imponerlo a los demás.
El que posee la verdad se esfuerza en aplicarla a sí mismo.
Esta es la señal que no engaña.

El Mensaje Reencontrado I: 1

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II

Cuando todo el mundo reconoce lo bello como bello, esto en sí mismo es fealdad.
Cuando todo el mundo reconoce lo bueno como bueno, esto en sí mismo es malo.
Ciertamente, lo oculto y lo manifiesto se generan el uno al otro.
Dificultad y facilidad se complementan entre sí.
Lo largo y lo corto ponen de manifiesto a su contrario.
Alto y bajo establecen la medida mutua.
La voz y el sonido entre sí se armonizan.
El atrás y el delante se suceden mutuamente.
Por ello, el Sabio maneja sus asuntos sin actuar, y difunde sus enseñanzas sin hablar.
No niega nada a las innumerables cosas.
Las construye sin atribuirse nada.
Hace su trabajo sin acumular nada por él.
Cumple su tarea sin vanagloriarse de ella, y, precisamente por no vanagloriarse, nadie se la puede quitar.

Lao Tse


La naturaleza enseña al Sabio y el Sabio ayuda a la naturaleza, a fin de que el fruto aparezca a la vida y se vuelva perfecto.

Quien sabe unir los contrarios de igual naturaleza posee la ciencia.

El Mensaje Reencontrado III: 34-34'

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13 marzo 2014

I

Lao Tse

 Hua YanDel Tao se puede hablar, pero no del Tao eterno.
Pueden nombrarse los nombres, pero no el nombre eterno.
Como origen de cielo-y-tierra, no tiene nombre, pero, como «la Madre» de todas las cosas, se le puede nombrar.
Así pues, oculto desde siempre, hemos de contemplar su esencia interna.
Pero manifestándose continuamente, hemos de contemplar sus aspectos externos.
Los dos fluyen de la misma fuente, aunque tengan nombres diferentes; y a ambos se les llama misterios.
El Misterio de los misterios es la Puerta de toda esencia.

Lao Tse


¿Quién es lo bastante grande como para permanecer oculto?
¿Quién es lo bastante conocido como para quedar en el anonimato?
¿Quien es lo bastante generoso como para poseerlo todo?
¿Quién es lo bastante poderoso como para no exigir nada?

Todos ven al ancestro, algunos lo reconocen, uno sólo lo despierta y libera el mundo del pecado.
«Danos tu NOMBRE secreto, ¡oh Señor!, si juzgas que nuestros corazones son lo bastante puros como para no morir por ello».

El Mensaje Reencontrado III: 3-3'

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02 marzo 2014

 Lie Zi

Un vecino de Yang Zi, que había perdido una oveja, mandó a todos sus hombres a buscarla y le pidió al sirviente de Yang Zi que se uniera a ellos.

—¡Qué! —exclamó Yang Zi. ¿Necesita Ud. a todos estos hombres para encontrar una oveja?

—Son muchos los senderos que puede haber seguido —explicó el vecino. Cuando regresaron, Yang Zi preguntó al vecino:

—Bueno, ¿encontraron la oveja?

Este contestó que no. Entonces Yang Zi preguntó por qué habían fracasado.

—Hay demasiados senderos —respondió el vecino. Un sendero conduce a otro, y no supimos cuál tomar; así es que regresamos.

Yang Zi se quedó hondamente pensativo. Permaneció silencioso largo tiempo y no sonrió en todo el día.

Sus discípulos estaban sorprendidos.

—Una oveja es una nadería —dijeron—, y ésta no era ni siquiera suya. ¿Por qué tiene Ud. que dejar de hablar y sonreír?

Yang Zi no respondió, y sus discípulos se llenaron de perplejidad. Uno de ellos, Mengsun Yang, fue a contarle a Xindu Zi lo que ocurría.

—Cuando hay demasiados senderos —dijo Xindu Zi—, un hombre no puede encontrar su oveja. Cuando un estudiante se dedica a demasiadas cosas, malgasta su tiempo y pierde su ruta. Usted es discípulo de Yang Zi y aprende de él; sin embargo, parece que no ha llegado a comprenderle nada. ¡Qué lástima!

Si deseamos la instrucción, empecemos por estudiar mil cosas y continuemos estudiando una sola cosa.

El Mensaje Reencontrado XXIII: 54

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