Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.

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XX Cuando se abandona lo aprendido, desaparecen las contrariedades. ¿Qué diferencia hay entre «¡eh!» y «¡oh!» ¿Qué distinción puede hac...

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10 diciembre 2014

 Nicolas Flamel

(Comparativa con 'El Mensaje Reencontrado')

QUINTA PALABRA DE LOS FILÓSOFOS


Pasemos ahora a la segunda composición, que enseña el peso y muestra como teñir y vivificar la primera composición. Por ello dice Calib: nadie ha podido hasta el presente, ni podrá jamás, teñir la tierra foliada si no es a partir del oro. Es por lo que Hermes dice: sembrad vuestro oro en tierra blanca foliada, la cual está hecha por calcinación de naturaleza de fuego sutil y de naturaleza de aire. Sembremos pues el oro en esta tierra cuando añadamos la tintura de oro; pero ni por sí mismo ni por su propia virtud el oro puede teñir perfectamente a otro cuerpo si, por el arte, no ha sido él mismo perfeccionado. Por ello dice Morien: aunque nuestra piedra tenga ya en sí misma la tintura, sin embargo, el oro en cuerpo no tiene en sí mismo movimiento si antes no recibe una mayor perfección por el arte y por cierta operación. Geber, en el libro de las Raíces dice también: la operación se hace para que la tintura del oro sea mejorada y perfeccionada más de lo que lo es por sí misma en su propia naturaleza; y para que sea hecho el elixir, según la alegoría o el lenguaje oscuro de los sabios; debe hacerse confitura compuesta de especie de piedra, y debe ser hecha una medicina para curar, purgar y transformar o transmutar todos los cuerpos en verdadera luna. Pero para saber si necesitamos sólo oro, y no ningún otro cuerpo, escuchemos a Hermes, que nos dice: en la primera composición, su padre es el sol y su madre es la luna: el padre es cálido y seco, engendrando tintura, y su madre es fría y húmeda, alimentando a quien ha sido engendrado. Por esta razón, el sol y la luna son por sí mismos y por su propia naturaleza difíciles de fundir; y al ser conjuntados como si se soldara oro, se disuelven rápidamente. Por ello María dice: toma el cuerpo, lanza sobre él mercurio claro, que no se obtiene ni se retiene sino por putrefacción; toma también la tintura del espíritu y aproxímala al fuego hasta que todo se funda, y vierte también sobre él a su hembra, que es la luna. Pues si uno de ellos es teñido en nuestra piedra, la medicina jamás fundirá fácilmente, no se volverá líquida y no dará ninguna tintura; y el mercurio huirá y se irá en forma de humo porque no tendrá en él el cuerpo apropiado para recibir la tintura. Pues el principal secreto consiste en tener la medicina antes de que el mercurio se vuelva huidizo por licuefacción. Es cierto que la conjunción de estos dos cuerpos es necesaria en nuestra obra, pues como dice Geber en el Libro Perfecto del Arte: es el más precioso de los metales, porque es la tintura del rojo, que transmuta todos los cuerpos y en tanto que es la levadura que convierte toda la pasta en su naturaleza, conviene cocerla; es el alma que une al espíritu con el cuerpo; pues así como el cuerpo humano carente de alma está muerto e inmóvil, igual sucede con el cuerpo, que permanece impuro sin la levadura, que es su alma; pues la levadura del cuerpo preparado convierte a su naturaleza toda la pasta, y no hay más levadura que las cosas próximas al sol y a la luna dominando sobre los demás planetas. De manera parecida, estos dos cuerpos dominan sobre los demás cuerpos y los convierten a su propia naturaleza, por lo que son llamados fermento o levadura; pues sin este fermento, las gomas no pueden medrar ni corregirse, como escribe Meridius diciendo: esto no puede medrar ni corregirse si antes no es sutilizado por arte y por operación. Y sobre esto dice Hermes: hijo mío, extrae y atrae la propia sombra de los rayos del sol, es decir, la terrestreidad o naturaleza terrestre. Así la preparación o sutilización del fermento o levadura nos es necesaria, como podemos comprender por el símil de un niño, el cual, en cuanto a su creación, nace perfecto, pero no puede alcanzar la perfección de operación o de vida si primeramente no es alimentado con un poco de leche, y si después no se le continúa dando leche aumentando poco a poco y de forma prudente su nutrición. Esto es lo que debemos hacer a la espera de nuestra piedra. Toma pues, en el nombre de Dios, la cuarta parte del fermento del sol, es decir una parte de este fermento y tres partes del cuerpo imperfecto, a saber, de la luna, y disuelve el fermento hasta que sea hecho como el cuerpo imperfecto. Que el vaso sea tapado firmemente según convenga, y que todas las cosas sean preparadas según las recomendaciones de Hermes cuando dice: toma al comienzo de tu obra partes recientes e iguales de la premixtión; mézclalo todo junto y ponlo al fuego hasta que sean conjuntados como en un matrimonio, de manera que la concepción tenga lugar en ellos en el fondo del vaso, y la generación de la cosa engendrada tenga lugar en el aire. Esto es lo que hace decir a Morien: al principio haz que la luz roja reciba y tome el humo blanco, en un vaso, por firme conjunción, sin que nada pueda exhalarse.

El amor se apoderará de la virtud del sol y la multiplicará hasta el reposo del Señor último.
III: 5'

SEXTA PALABRA DE LOS FILÓSOFOS


La sexta palabra de los filósofos tendrá lugar cuando tú conjuntarás la cuarta parte del fermento sutilizado con tres partes de la tierra blanqueada, y después la imbibirás con su propia agua como antes; cuécelo a menudo, y por reiteración, hasta que estos dos cuerpos den lugar a uno solo sin ninguna diferencia de color. A este sujeto Morien dice: cuando el cuerpo blanco será calcinado, pon en su interior la cuarta parte del fermento del oro; pues el fermento, a saber, el oro, es como la levadura del pan, que convierte a su propia naturaleza toda la masa de la pasta. Cuécela pues en su propia agua hasta que sea hecho una cosa y un cuerpo seco. Pues, como dice María: cuando el aire le tocará y le golpeará, le congelará, y será hecho un cuerpo; aquí reside el secreto. Sabe que cuando le das el fermento a su cuerpo, lo que tú le das es su alma. Esto es también lo que dice Morien: si tu no pones e introduces el cuerpo lavado hasta el fondo, si no lo vuelves blanco y no pones en él el alma, entonces no has aprendido nada en este secreto. Es necesario pues hacer comixtión del fermento con el cuerpo puro y limpio, y no con un cuerpo sucio e impuro. Pues, como dice Bafius, estos cuerpos no pueden recibirse ni mezclarse si antes no han sido limpiados y bien purgados; porque el cuerpo no recibe el espíritu, ni el espíritu recibe el cuerpo, de suerte que lo espiritual no se vuelve corporal ni lo corporal espiritual si antes de su comixtión no han sido bien limpiados y perfectamente purificados de toda mácula y de toda impureza; pero cuando han sido bien limpiados y bien purgados, el espíritu abraza instantáneamente al cuerpo, y el cuerpo abraza parecidamente al espíritu, y por su abrazo mutuo tiene lugar una perfecta operación de la obra.
La alteración se hace también por naturaleza, y lo que es espeso y grosero se vuelve sutil y tenue. Es lo que también dice Ascanius en la Turba: el espíritu no se une al cuerpo hasta que el cuerpo está perfectamente purgado y limpio de su inmundicia y de sus máculas.

La verdadera sabiduría consiste en separar lo que es bueno de lo que es malo y en unir lo que es bueno con lo que es mejor.
El agua y el fuego purgan la creación mixta hasta la estrella de la renovación y hasta el sol del acabamiento.
I: 45-45' 

En el momento de la conjunción, se ven aparecer muchas cosas milagrosas. Entonces el cuerpo imperfecto, mediando el fermento, toma un color firme y permanente, y este fermento es el alma del cuerpo imperfecto: y el espíritu, por medio del alma, se une con el cuerpo y se convierte con él en el color del fermento, que se hace una sola cosa con ellos. Este dulce elixir, como dice Avicena, se tiñe con su propia tintura, se hunde y se sumerge en su aceite, y se fija con su cal, de la cual nosotros hemos encontrado el agua, que es la plata viva entre los minerales, y su aceite es el azufre o arsénico; pero en los minerales, la operación es aún mejor, más abundante y más sutil. María dice también de estas ruedas o mutaciones: en esta obra no hay sino cosas maravillosas, pues entran en ella cuatro piedras, de las cuales un rey sustenta el régimen y el gobierno. Y así se hace manifiesto a aquellos que son de entendimiento sutil y que pesan las palabras de los filósofos, de tal modo que lo que éstos han escrito tan oscuramente, se encuentra por fin aclarado; pues dicen que nuestra piedra está compuesta de cuatro elementos, y la han comparado con los elementos.

Si juntamos lo más bajo con lo más alto por mediación de lo más medio, obtendremos el origen y el fin de todo lo que ha sido, de todo lo que es y de todo lo que será.
XXXII: 26

Nos han mostrado que hay cuatro elementos en nuestra piedra; pues, como dice Rasis: todas las cosas que están bajo el cielo de la luna y que el soberano creador ha creado, participan de los cuatro elementos; no se trata de que estos cuatro elementos sean aparentes a la vista, sino que son conocidos por sus efectos; pues la piedra es una sola cosa, una sola sustancia, una raíz, una naturaleza, según nos lo enseña Hermes diciendo: comienza en el nombre de Dios, y conoce la naturaleza de nuestra piedra, pues ésta procede de la raíz de su materia, porque es de esta raíz y en esta raíz, y nada entra en ella que no proceda de ella y que no haya salido de ella. En efecto, nada conviene a una cosa sino lo que está más próximo a su naturaleza, porque cada cosa ama a su semejante. Por ello dice Platón: es una sustancia y una esencia, y no son sino una sola cosa, cálido y seco, frío y húmedo; por eso se le llama Pequeño Mundo, porque de él, con él y por él son todos los metales; y es parecido a un árbol, del cual son las ramas, las hojas, las flores y los frutos, y son de él, en él, con él y por él. Es constante que ninguna cosa se engendra sino de su semejante o de cosa parecida a su especie y que le es homogénea, quiero decir, de una misma naturaleza. De este modo, tal cosa no es sino una y semejante, y no diversa y dividida; pero los filósofos han dado a esta piedra los nombres de las cosas corporales de todas las especies. Es por ello, dice Pitágoras, que esta piedra es llamada con todos los nombres, la cual, sin embargo, no tiene sino un único nombre que le es propio.

Nuestra vida está eternamente preñada de Dios.
¿Quien le hará aparecer antes del término de la muerte y de la resurrección del gran mundo?
«La hermana liberará a la hermana, y el niño misterioso nacerá de la única madre".
IV: 96'

Por diversos nombres es llamada esta luna,
y sin embargo su naturaleza es una sola.

Esta luna, alma y agua, es llamada con muchos nombres, aunque sólo tiene un nombre verdadero. Pero, como dice Perrier: abandonad la pluralidad de nombres oscuros y tenebrosos; pues esto no es sino una naturaleza que sobrepasa a todas las cosas, y no se trata en absoluto de diversas naturalezas. Verdaderamente sólo hay una naturaleza que germina y se multiplica por sí misma. Es por lo que, como dice Diomedes, debemos entender que la naturaleza no medra ni se corrige más que en su propia naturaleza, en la que nosotros no debemos introducir ninguna cosa heterogénea o extraña, incapaz de hacerla medrar o de corregirla; sino que debemos dejarle a ella misma, como acabo de decir, germinarse y multiplicarse, como nos lo enseña María cuando nos dice: Kibrit blanco y cal húmeda, que no son sino una misma cosa y de una misma raíz, son las raíces de este arte; y los filósofos han llamado a estas cosas con muchos nombres, a pesar de lo cual no se trata sino de una y la misma cosa. Cosa que confirma Morien al decir: os digo la verdad, nada ha inducido tanto a error a los nuevos filósofos como la pluralidad de nombres; pero sabed que estos nombres sólo son los colores que aparecen en la conjunción; y sabiendo esto no erraréis en la vía de la obra. Pues, en fin, aunque los filósofos hayan multiplicado los nombres y sus sentencias, sin embargo no entienden sino una sola cosa, una sola vía, un medio de operar y una demostración de colores, y notad que esta diversidad de colores sólo aparece y se muestra en el momento de la conjunción del alma con el cuerpo. Solamente una vez, dice Morien, el fuego renueva en sí diversos colores. Los filósofos también han dicho que nuestra piedra está compuesta de cuerpo, de alma y de espíritu, y han dicho la verdad, porque el cuerpo, de por sí imperfecto, es un cuerpo grave, pesado, informe, enfermo y muerto.

El Sabio desliga el mundo suavemente, separa y une una sola cosa conforme a la naturaleza.
X: 45

El agua es el espíritu que purga, sutiliza y blanquea al cuerpo. El fermento es el alma que dona al cuerpo imperfecto la vida, de la que antes carecía, concediéndole una mejor y más excelente forma. El cuerpo es Venus y es mujer; y el espíritu es Mercurio. Por ello dice Morien: no puede haber mercurio si no es de los cuerpos disueltos por licuefacción, pero no por una licuefacción vulgar y común, sino por aquella que se mantiene permanente hasta que el marido y la esposa se unen, cosa que dura hasta el blanco o blanqueamiento; y notad que el cuerpo es enteramente liquificado y fundido cuando la negrura aparece en la cocción. Por ello dice Bonelus: cuando veáis que la negrura es eminente y que empieza a aparecer sobre el agua, sabed que entonces el cuerpo ya está liquificado y disuelto. Cocedlo en su propia agua con un calor moderado, hasta que se deseque con el vapor semejante, y se hará una cosa que introducirá en sí la perfección; pero el espíritu convierte en sí el cuerpo sublimado y penetrado, y a causa de ello es llamado agua de vida, agua permanente y penetrante. Es por lo que, según dice Dardarius en la Turba, Mercurio es el agua permanente, sin la cual nada se hace; pues su virtud es una sangre espiritual unida con el cuerpo que ella cambia en espíritu por la mixtión que tiene lugar entre ellos; y al ser reducidos en uno, se cambian el uno y el otro; pues el cuerpo incorpora al espíritu, y el espíritu transmuta el cuerpo en espíritu, lo tiñe y lo colorea como la sangre; porque todo lo que tiene espíritu también tiene sangre, y la sangre es un humor espiritual que conforta la naturaleza. Y sabed que cuanto más sea cocido y temperado el cuerpo, o lavado en su propio humor, más claro y mejor aparecerá. Pues, como dice Morien, no hay nada que pueda desprender al latón de su sombra a no ser el azot al ser cocido con él, hasta volverlo coloreado y blanco como los ojos de pescado; pues entonces espera que su virtud sea transmutada en la naturaleza de su fermento.

El oro divino es el cuerpo más realizado del mundo. ¿Quién sabrá lavarlo?
Y ¿quién sabrá cocerlo?
La ayuda aportada a la humanidad es un bálsamo derramado sobre uno mismo.
X: 36-36'

Pero notad que el fermento es el agua fija que tiñe y colorea la piedra, la vivifica, la abraza y la retiene. Por ello dice María: el cuerpo fijo es de la materia de Saturno, comprendiendo digestión y separación de tinturas y de colores, y sin este cuerpo fijo nuestro secreto no muestra ningún efecto, hasta que el sol y la luna se conjuntan en un sólo cuerpo; pues como dice Euclides, el artificio de este arte consiste solamente en el sol y mercurio, que al ser ajustados y unidos tienen una tintura infinita; porque en la obra se adquiere un color mezclado y expandido en cosa blanca, y en gran parte se convierte del blanco a color citrino, cosa que puede probarse vertiendo sangre en la leche y en el agua. Así pues, como el fuego ya ha sido mezclado con el agua, serán cuatro. A continuación haz que todo esto advenga en uno y obtendrás así lo que buscabas; pues entonces un cuerpo será hecho fuego débil y no débil, y la paz estará sobre él; pero desde el comienzo hasta el fin, la preparación de estas cosas es la loable agua fija; pues muestra manifiestamente su tintura en su proyección, y es la mediatriz o la cosa mediana entre las cosas contrarias, y ella misma es el comienzo, el medio y el fin, o la cosa primera, media y final. Quien entiende esto comprende la doctrina de los sabios.

El agua de la tierra y la tierra del agua, he aquí el misterio del Señor encarnado en la sangre y en la carne del mundo.
II: 85'

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