Seguir por email

Entrada destacada

El Libro está dedicado al mejor de los pueblos

Versículos de El Mensaje Reencontrado A Dios no le interesa mucho nuestra situación en este mundo. Considera, más bien, el estado de...

Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
15 junio 2014

o El Compendio de la Teoría y la Práctica de la Piedra de los Filósofos

M.I. Collesson

(Texto completo en la revista La Puerta nº 24)

Para la recapitulación de toda la teoría y práctica de la Piedra preciosa de los antiguos Filósofos, declaro que toda la Sabiduría Hermética no consiste más que en disolver y coagular. Y que la Plata vulgar y el Oro vulgar purificados y atenuados forman los cuerpos a disolver; a saber, la Plata para la Obra al Blanco y el Oro para la Obra al Rojo (si cuando se trabaja sobre el Oro, uno no se contenta con la operación, cuando las materias son blancas, sin cuidarse de hacerlas enrojecer; en este caso sería necesario multiplicar y fermentar dichas materias blancas con el Alma General del Mundo y la Plata vulgar).

Por lo que concierne a la substancia que disuelve natural y Filosóficamente la Plata y el Oro vulgares no cabe imaginar otra más que el Alma General del Mundo, que por los imanes y medios Filosóficos se toma y atrae de los cuerpos superiores y principalmente de los rayos del Sol y de la Luna.

Por ello sabemos que no conocen el Mercurio o monstruo de los Filósofos, los que piensan disolver natural y filosóficamente los Metales perfectos con disolventes particulares tomados del antimonio, de saturno, del vitriol, del salitre, de la sangre humana, del espíritu de vino, de la miel, del vinagre, o de cualquier otra materia ya sea animal, vegetal, mineral o metálica, como son todas esas materias; y todas las substancias que de ellas pudieran prepararse o extraerse no poseerían ninguna homogeneidad y conformidad de naturaleza con los cuerpos metálicos perfectos. Por ello nunca podrían unirse indisolublemente a ellos, y por lo tanto jamás les darían ninguna exuberancia de perfección, lo que es absolutamente necesario para que sean y se vuelvan la Piedra de los Filósofos.

Ahora bien, como en el comienzo de la obra filosófica, en la Primera Operación no se tiende principalmente más que a disolver, es decir, a espiritualizar y volatilizar el Oro y la Plata vulgar con el Alma General del Mundo, que discontinuando sus más pequeñas partes se une a ellas con homogeneidad e inseparablemente ya que su simiente procedía de ella del mismo modo que el agua caliente actúa sobre el hielo, lo vuelve agua y se une inseparablemente a él con homogeneidad, ya que el hielo ha tomado su ser de agua. También para la Segunda Operación de la Piedra de los filósofos la meta de los Sabios sólo consiste en coagular y congelar el Oro y la Plata vulgares así disueltos. O mejor dicho su intención sólo tiende a coagular y congelar fijamente el Alma General del Mundo en el Oro o la Plata, ya que además estos cuerpos metálicos perfectos por su naturaleza ya están bastante coagulados y congelados. Y por la disolución sólo es en razón de los cuerpos, también la congelación no es y no puede existir más que en la razón de los espíritus y substancias espirituales, tal como es dicha Alma General del Mundo.

Después de esta congelación, para la perfección de la divina Piedra de los Filósofos sólo queda multiplicar y fermentar la Obra al Blanco con el Alma General del Mundo y la Plata vulgar, así como la Obra al Rojo con la misma Alma General del Mundo y el Oro vulgar.

Separa lo que está unido y las tinieblas te harán ver el comienzo de la obra.
Junta lo que está separado y la luz te conducirá al final de la obra divina, que es el sol glorioso.

El Mensaje Reencontrado XXI: 19'