Los apasionados de Dios encontrarán a Dios y su vida. Los apasionados del mundo encontrarán el mundo y su muerte agonizante.
«La frecuentación de Dios es lo que nos hará encontrar la paz de la casa de Dios».
Pocos humanos sienten curiosidad por la revelación del misterio de la caída y de la redención, pues pocos hombres han conservado el recuerdo y el sabor de la vida imperecedera y pura del comienzo.
Sólo obtendremos lo que deseemos y pidamos verdaderamente, pero sólo seremos colmados por la vida eterna corporificada en Dios.
Se nos ha ordenado creer y amar.
No se nos ha prohibido buscar y conocer, sino todo lo contrario.
La fe y el amor nos guardan con seguridad hasta el día del perdón. La investigación y el saber nos conducen, desde aquí abajo, a la vida eterna o bien a la muerte sin retorno.
¡Ay de los que se instalan en el barro de este mundo y se duermen en su mugre!, pues no verán lucir la luz del perfecto.
¡Ay de los que se olvidan en la ociosidad o en el trabajo, en el placer o en la desesperación!, pues su lote será la muerte de donde no se vuelve.
