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Las fábulas egipcias y griegas (1 de 8)
DESVELADAS Y REDUCIDAS A UN MISMO PRINCIPIO, CON UNA EXPLICACIÓN DE LOS JEROGLÍFICOS Y DE LA GUERRA DE TROYA Dom Antoíne-Joseph Pern...
Versículo al azar
El Mensaje Reencontrado
Libro XXVIII
NI REVÉTUE — EL BARRO
27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.
27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
25 febrero 2009
Todo el mundo sabe hoy que la luz que la Luna nos envía no es sino un préstamo de la del Sol, a la que viene a mezclarse la de otros astros. La Luna es por consecuencia el receptáculo u hogar común del que todos los filósofos han entendido hablar; ella es la fuente de su agua viva. Si queréis reducir en agua los rayos del Sol, escoged el momento en que la Luna nos los transmite con abundancia, es decir, cuando está llena o se aproxima a su pleno; tendréis por este medio el agua ígnea de los rayos del Sol y de la Luna en su mayor fuerza.
Recreaciones Herméticas, Bruno de Lansac(?)
33. Los hombres suspiran tras las estrellas sin saber que el sol rueda bajo sus pies y reposa a veces en sus manos de ciegos.
«La piedra bruta se convertirá en plegaria y la plegaria se convertirá en piedra preciosa».
33'. Todos ven el cielo al descubierto.
Algunos utilizan la influencia de las estrellas.
Un puñado capta la luz de la luna.
Pero sólo uno encarna la vida del sol perfectísimo.
El Mensaje Reencontrado III
31 enero 2009
Los apasionados de Dios encontrarán a Dios y su vida. Los apasionados del mundo encontrarán el mundo y su muerte agonizante.
«La frecuentación de Dios es lo que nos hará encontrar la paz de la casa de Dios».
Pocos humanos sienten curiosidad por la revelación del misterio de la caída y de la redención, pues pocos hombres han conservado el recuerdo y el sabor de la vida imperecedera y pura del comienzo.
Sólo obtendremos lo que deseemos y pidamos verdaderamente, pero sólo seremos colmados por la vida eterna corporificada en Dios.
Se nos ha ordenado creer y amar.
No se nos ha prohibido buscar y conocer, sino todo lo contrario.
La fe y el amor nos guardan con seguridad hasta el día del perdón. La investigación y el saber nos conducen, desde aquí abajo, a la vida eterna o bien a la muerte sin retorno.
¡Ay de los que se instalan en el barro de este mundo y se duermen en su mugre!, pues no verán lucir la luz del perfecto.
¡Ay de los que se olvidan en la ociosidad o en el trabajo, en el placer o en la desesperación!, pues su lote será la muerte de donde no se vuelve.
El Mensaje Reencontrado XXIV: 53-56'
30 enero 2009
1 Cuando era niño
vivía en mi reino en la casa de mi Padre,
2 y en la opulencia y abundancia
de mis educadores encontraba mi placer,
3 cuando mis padres me equiparon y
enviaron desde el Oriente, mi patria.
4 De las riquezas de nuestro tesoro
me prepararon un hato pequeño,
5 pero valioso y liviano
para que yo mismo lo transportara.
6 Oro de la casa de los dioses,
plata de los grandes tesoros,
7 rubíes de la India,
ágatas del reino de Kushán.
8 Me ciñeron un diamante
que puede tallar el hierro.
9 Me quitaron el vestido brillante
que ellos amorosamente habían hecho para mi,
10 y la toga purpúrea
que había sido confeccionada para mi talla.
11 Hicieron un pacto conmigo
y escribieron en mi corazón, para que no lo olvidara, esto:
12 “Si desciendes a Egipto
y te apoderas de la perla única
13 que se encuentra en el fondo del mar
en la morada de la serpiente que hace espuma
14 (entonces) vestirás de nuevo el vestido resplandeciente
y la toga que descansa sobre él
15 y serás heredero de nuestro reino
con tu hermano, el más próximo a nuestro rango.
16 Abandoné Oriente y descendí
acompañado de dos guías
17 pues el camino era peligroso y difícil
y era muy joven para viajar.
18 Atravesé la región de Mesena,
el lugar de cita de los mercaderes de Oriente,
19 y alcancé la tierra de Babel
y penetré en el recinto de Sarbuj.
20 Llegué a Egipto
y mis compañeros me abandonaron.
21 Me dirigí directamente a la serpiente
y moré cerca de su albergue
22 esperando que la tomara el sueño y durmiera
y así poder conseguir la perla.
23 Y cuando estaba absolutamente solo,
extranjero en aquel país extraño,
24 vi a uno de mi raza, un hombre libre,
un oriental,
25 joven, hermoso y favorecido,
26 un hijo de nobles,
y llegó y se relacionó conmigo
27 y lo hice mi amigo íntimo,
un compañero a quien confiar mi secreto.
28 Le advertí contra los egipcios
y contra la sociedad de los impuros.
29 Y me vestí con sus atuendos
para que no sospecharan que había venido de lejos
30 para quitarles la perla
e impedir que excitaran a la serpiente contra mí.
31 Pero de alguna manera
se dieron cuenta de que yo no era un compatriota;
32 me tendieron una trampa
y me hicieron comer de sus alimentos.
33 Olvidé que era hijo de reyes
y serví a su rey;
34 olvidé la perla
por la que mis padres me habían enviado
35 y a causa de la pesadez de sus alimentos
caí en un sueño profundo.
36 Pero esto que me acaecía
fue sabido por mis padres y se apenaron de mí
37 y salió un decreto de nuestro reino,
ordenando a todos, venir ante nuestro trono,
38 a los reyes y príncipes de Partia
y a todos los nobles del Oriente.
39 Y determinaron sobre mí
que no debía permanecer en Egipto,
40 y me escribieron una carta
que cada noble firmó con su nombre:
41 “De tu Padre, el Rey de los reyes,
y de tu Madre, la soberana de Oriente,
42 y de tu hermano, nuestro más cercano en rango,
para ti, hijo nuestro, que estás en Egipto, ¡Salud!
43 Despierta y levántate de tu sueño,
y oye las palabras de nuestra carta.
44 ¡Recuerda que eres hijo de reyes!
¡Mira la esclavitud en que has caído!
45 ¡Recuerda la perla
por la que has sido enviado a Egipto!
46 Piensa en tu vestido resplandeciente
y recuerda tu toga gloriosa
47 que vestirás y te adornará
cuando tu nombre sea leído en el libro de los valientes
48 y que con tu hermano, nuestro sucesor,
serás el heredero de nuestro reino».
49 Y mi carta, era una carta
que el Rey selló con su mano derecha,
50 para preservarla de los males, de los hijos de Babel
y de los demonios salvajes de Sarbuj.
51 Voló como un águila —la carta—,
el rey de los pájaros;
52 voló y descendió sobre mí
y llegó a ser toda palabra.
53 A su voz y alboroto
me desperté y salí de mi sueño.
54 La tomé, la besé,
quité su sello y la leí:
55 y se acordaban con lo escrito en mi corazón,
las palabras escritas en la carta.
56 Recordé que era hijo de reyes,
y libre por propia naturaleza.
57 Recordé la perla,
por la que había sido enviado a Egipto,
58 y comencé a encantar
a la terrible serpiente que produce espuma.
59 Comencé a encantarla y la dormí
después de pronunciar sobre ella el nombre de mi Padre,
60 y el nombre de mi hermano
y el de mi madre, la reina de Oriente;
61 y capturé la perla
y volví hacia la casa de mis padres.
62 Me quité el vestido manchado e impuro
y lo abandoné sobre la arena del país,
63 y tomé el camino derecho hacia
la luz de nuestro país, el Oriente.
64 Y mi carta, la que me despertó,
la encontraba ante mí, durante el camino,
65 y lo mismo que me había despertado con su voz
me guiaba con su luz.
66 Pues la (carta) real de seda
brillaba ante mí con su forma
67 y con su voz y su dirección
68 me animaba y atraía amorosamente.
69 Continué mi camino, pasé Sarbuj,
dejé Babel a mi lado izquierdo.
70 Y alcancé la gran Mesena,
el puerto de los mercaderes,
71 que está sobre el borde del mar.
72 Y mi vestido de luz, que había abandonado,
y la toga plegada junto a él,
73 de las alturas de Hyrcania
mis padres me los enviaban,
74 por medio de sus tesoreros,
a cuya fidelidad se los habían confiado,
75 y puesto que yo no recordaba su dignidad
ya que en mi infancia había abandonado la casa de mi Padre,
76 de improviso, como los enfrentara,
el vestido me pareció como un espejo de mí mismo,
77 Lo vi todo entero en mí mismo,
y a mí mismo entero en él,
78 puesto que nosotros éramos dos diferentes
y, no obstante, nuevamente uno en una sola forma.
79 Y a los tesoreros igualmente,
quienes me lo traían, los vi en semejante manera,
80 ya que ellos eran dos, aunque como uno,
puesto que sobre ellos estaba grabado un único sello del Rey,
81 quien me restituía
mi tesoro y mi riqueza por medio de ellos,
82 mi luminoso vestido bordado,
que estaba ornado con gloriosos colores,
83 con oro y con berilos,
con rubíes y ágatas
84 y sardónices de variados colores,
también había sido confeccionado en la mansión de lo alto
85 y con diamantes,
habían sido festoneadas sus costuras.
86 Y la imagen del Rey de los reyes
estaba pintada en todo él,
87 y también como los zafiros
rutilaban sus colores.
88 Y nuevamente vi que todo él
se agitaba por el movimiento de mi conocimiento,
89 y como si se preparase a hablar
lo vi.
90 Oí el sonido del canto
que musitaba al descender,
91 diciendo: “Soy el más dedicado de los servidores
que se han puesto al servicio de mi Padre,
92 y también percibí en mí
que mi estatura crecía conforme a sus trabajos”.
93 Y en sus movimientos reales
se extendió hasta mí,
91 y de las manos de sus portadores
me incitó a tomarlo.
95 Y también mi amor me urgía
para que corriera a su encuentro y lo tomara.
96 y así lo recibí
y con la belleza de sus colores me adorné.
97 Y mi toga de colores brillantes
me envolvió todo entero,
98 y me vestí y ascendí
hacia la puerta del saludo y del homenaje;
99 incliné la cabeza y rendí homenaje
a la Majestad de mi Padre que lo había enviado hacia mí,
100 porque había cumplido sus mandamientos
y él también había cumplido su promesa,
101 y a la puerta de sus príncipes,
me mezclé con sus nobles;
102 pues se regocijó por mí y me recibió,
y fui con él en su reino.
103 Y con la voz de la oración
todos sus siervos le glorifican.
104 Y me prometió que también hacia la puerta
del Rey de los reyes iría con él,
105 y llevando mi obsequio y mi perla
aparecía con él ante nuestro Rey”.
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vivía en mi reino en la casa de mi Padre,
2 y en la opulencia y abundancia
de mis educadores encontraba mi placer,
3 cuando mis padres me equiparon y
enviaron desde el Oriente, mi patria.
4 De las riquezas de nuestro tesoro
me prepararon un hato pequeño,
5 pero valioso y liviano
para que yo mismo lo transportara.
6 Oro de la casa de los dioses,
plata de los grandes tesoros,
7 rubíes de la India,
ágatas del reino de Kushán.
8 Me ciñeron un diamante
que puede tallar el hierro.
9 Me quitaron el vestido brillante
que ellos amorosamente habían hecho para mi,
10 y la toga purpúrea
que había sido confeccionada para mi talla.
11 Hicieron un pacto conmigo
y escribieron en mi corazón, para que no lo olvidara, esto:
12 “Si desciendes a Egipto
y te apoderas de la perla única
13 que se encuentra en el fondo del mar
en la morada de la serpiente que hace espuma
14 (entonces) vestirás de nuevo el vestido resplandeciente
y la toga que descansa sobre él
15 y serás heredero de nuestro reino
con tu hermano, el más próximo a nuestro rango.
16 Abandoné Oriente y descendí
acompañado de dos guías
17 pues el camino era peligroso y difícil
y era muy joven para viajar.
18 Atravesé la región de Mesena,
el lugar de cita de los mercaderes de Oriente,
19 y alcancé la tierra de Babel
y penetré en el recinto de Sarbuj.
20 Llegué a Egipto
y mis compañeros me abandonaron.
21 Me dirigí directamente a la serpiente
y moré cerca de su albergue
22 esperando que la tomara el sueño y durmiera
y así poder conseguir la perla.
23 Y cuando estaba absolutamente solo,
extranjero en aquel país extraño,
24 vi a uno de mi raza, un hombre libre,
un oriental,
25 joven, hermoso y favorecido,
26 un hijo de nobles,
y llegó y se relacionó conmigo
27 y lo hice mi amigo íntimo,
un compañero a quien confiar mi secreto.
28 Le advertí contra los egipcios
y contra la sociedad de los impuros.
29 Y me vestí con sus atuendos
para que no sospecharan que había venido de lejos
30 para quitarles la perla
e impedir que excitaran a la serpiente contra mí.
31 Pero de alguna manera
se dieron cuenta de que yo no era un compatriota;
32 me tendieron una trampa
y me hicieron comer de sus alimentos.
33 Olvidé que era hijo de reyes
y serví a su rey;
34 olvidé la perla
por la que mis padres me habían enviado
35 y a causa de la pesadez de sus alimentos
caí en un sueño profundo.
36 Pero esto que me acaecía
fue sabido por mis padres y se apenaron de mí
37 y salió un decreto de nuestro reino,
ordenando a todos, venir ante nuestro trono,
38 a los reyes y príncipes de Partia
y a todos los nobles del Oriente.
39 Y determinaron sobre mí
que no debía permanecer en Egipto,
40 y me escribieron una carta
que cada noble firmó con su nombre:
41 “De tu Padre, el Rey de los reyes,
y de tu Madre, la soberana de Oriente,
42 y de tu hermano, nuestro más cercano en rango,
para ti, hijo nuestro, que estás en Egipto, ¡Salud!
43 Despierta y levántate de tu sueño,
y oye las palabras de nuestra carta.
44 ¡Recuerda que eres hijo de reyes!
¡Mira la esclavitud en que has caído!
45 ¡Recuerda la perla
por la que has sido enviado a Egipto!
46 Piensa en tu vestido resplandeciente
y recuerda tu toga gloriosa
47 que vestirás y te adornará
cuando tu nombre sea leído en el libro de los valientes
48 y que con tu hermano, nuestro sucesor,
serás el heredero de nuestro reino».
49 Y mi carta, era una carta
que el Rey selló con su mano derecha,
50 para preservarla de los males, de los hijos de Babel
y de los demonios salvajes de Sarbuj.
51 Voló como un águila —la carta—,
el rey de los pájaros;
52 voló y descendió sobre mí
y llegó a ser toda palabra.
53 A su voz y alboroto
me desperté y salí de mi sueño.
54 La tomé, la besé,
quité su sello y la leí:
55 y se acordaban con lo escrito en mi corazón,
las palabras escritas en la carta.
56 Recordé que era hijo de reyes,
y libre por propia naturaleza.
57 Recordé la perla,
por la que había sido enviado a Egipto,
58 y comencé a encantar
a la terrible serpiente que produce espuma.
59 Comencé a encantarla y la dormí
después de pronunciar sobre ella el nombre de mi Padre,
60 y el nombre de mi hermano
y el de mi madre, la reina de Oriente;
61 y capturé la perla
y volví hacia la casa de mis padres.
62 Me quité el vestido manchado e impuro
y lo abandoné sobre la arena del país,
63 y tomé el camino derecho hacia
la luz de nuestro país, el Oriente.
64 Y mi carta, la que me despertó,
la encontraba ante mí, durante el camino,
65 y lo mismo que me había despertado con su voz
me guiaba con su luz.
66 Pues la (carta) real de seda
brillaba ante mí con su forma
67 y con su voz y su dirección
68 me animaba y atraía amorosamente.
69 Continué mi camino, pasé Sarbuj,
dejé Babel a mi lado izquierdo.
70 Y alcancé la gran Mesena,
el puerto de los mercaderes,
71 que está sobre el borde del mar.
72 Y mi vestido de luz, que había abandonado,
y la toga plegada junto a él,
73 de las alturas de Hyrcania
mis padres me los enviaban,
74 por medio de sus tesoreros,
a cuya fidelidad se los habían confiado,
75 y puesto que yo no recordaba su dignidad
ya que en mi infancia había abandonado la casa de mi Padre,
76 de improviso, como los enfrentara,
el vestido me pareció como un espejo de mí mismo,
77 Lo vi todo entero en mí mismo,
y a mí mismo entero en él,
78 puesto que nosotros éramos dos diferentes
y, no obstante, nuevamente uno en una sola forma.
79 Y a los tesoreros igualmente,
quienes me lo traían, los vi en semejante manera,
80 ya que ellos eran dos, aunque como uno,
puesto que sobre ellos estaba grabado un único sello del Rey,
81 quien me restituía
mi tesoro y mi riqueza por medio de ellos,
82 mi luminoso vestido bordado,
que estaba ornado con gloriosos colores,
83 con oro y con berilos,
con rubíes y ágatas
84 y sardónices de variados colores,
también había sido confeccionado en la mansión de lo alto
85 y con diamantes,
habían sido festoneadas sus costuras.
86 Y la imagen del Rey de los reyes
estaba pintada en todo él,
87 y también como los zafiros
rutilaban sus colores.
88 Y nuevamente vi que todo él
se agitaba por el movimiento de mi conocimiento,
89 y como si se preparase a hablar
lo vi.
90 Oí el sonido del canto
que musitaba al descender,
91 diciendo: “Soy el más dedicado de los servidores
que se han puesto al servicio de mi Padre,
92 y también percibí en mí
que mi estatura crecía conforme a sus trabajos”.
93 Y en sus movimientos reales
se extendió hasta mí,
91 y de las manos de sus portadores
me incitó a tomarlo.
95 Y también mi amor me urgía
para que corriera a su encuentro y lo tomara.
96 y así lo recibí
y con la belleza de sus colores me adorné.
97 Y mi toga de colores brillantes
me envolvió todo entero,
98 y me vestí y ascendí
hacia la puerta del saludo y del homenaje;
99 incliné la cabeza y rendí homenaje
a la Majestad de mi Padre que lo había enviado hacia mí,
100 porque había cumplido sus mandamientos
y él también había cumplido su promesa,
101 y a la puerta de sus príncipes,
me mezclé con sus nobles;
102 pues se regocijó por mí y me recibió,
y fui con él en su reino.
103 Y con la voz de la oración
todos sus siervos le glorifican.
104 Y me prometió que también hacia la puerta
del Rey de los reyes iría con él,
105 y llevando mi obsequio y mi perla
aparecía con él ante nuestro Rey”.
Fin del himno que cantó en prisión el apóstol Judas Tomás.
23 diciembre 2008
(Versículos de El Mensaje Reencontrado)
Nuestra curiosidad por el Señor es una gracia ignorada, pero nuestro amor por él es una bendición confirmada.
La puerta y la llave.
«¡Oh, santa luz que brilla en la gruta misteriosa de Adán!»
¿Quién nos conducirá hasta la morada del Sabio de Dios y quién nos introducirá hasta él? ¿Quién nos mostrará el lugar santo y quién nos descubrirá la luz que lo habita en secreto? ¡Oh, pesebre oculto!, ¡oh, secreto primero y último!
La salvación de Dios es la ciencia más experimental que pueda haber, pues es la ciencia del Dios que ha creado el mundo y los universos que lo rodean, ¡y éste no delira abstractamente en el vacío!
Volvemos a decir la revelación enorme por ser increíble: Dios envía su esencia santísima que se encarna en la purísima substancia del mundo para la salvación de toda la creación caída.Comprenda quien pueda.
Experimente quien quiera.
Consideremos la NAVIDAD. Penetremos la NAVIDAD. Imitemos la NAVIDAD. Adoremos la NAVIDAD. Cantemos la NAVIDAD.
El fin es como el principio, pero el medio nos ilumina.
«La Plegaria. La Estrella. La Piedra».
¿Quién puede diferenciar el fuego del fuego? ¿Quién puede manifestar y encarnar el sol en la estrella de la mañana salida de la tierra tenebrosa?
La vía de la sabiduría, de la santidad y del genio es la soledad interior, donde se incuba la estrella de nuestro nacimiento divino.
Quien llega a la verdad divina ríe, llora, admira, alaba y bendice eternamente.
La estrella de la mañana nos guía hasta la luna de suavidad y hasta el sol de fuerza.
No basta con que Dios esté oculto en nosotros, también es necesario que brille desmesuradamente como la estrella de nuestro nuevo nacimiento.«Dios no va hacia los mediocres y los mediocres no van hacia Dios».
El poeta que tiene la estrella de la mañana en sus manos canta como un niño alegre. Los que sólo tienen el barro del mundo lloran amargamente su vida perdida.
Los negros esperan su herencia santa desde que uno de sus Sabios descubrió la estrella que le condujo hasta la virgen madre y hasta el niño rey.¿Lo recibirán ahora que se les ofrece en particular? El arrogante orgullo de sus hermanos les favorece divinamente, pero ni unos ni otros lo saben todavía.
¿Quién conoce mejor al divino Señor de Vida? ¿Los sencillos pastores?
¿Los sabios magos? ¿Los fieles adoradores? ¿Los discípulos benditos? ¿Los creyentes abnegados? O bien ¿aquél que guarda la Virgen santa, le ayuda a dar a luz en secreto y cría al niño venido del cielo?
¡Oh, muy inteligentes!, ¡oh, muy sabios!, ¡oh, muy importantes, contestad si sois capaces de comprender la pregunta!
20 diciembre 2008
22 noviembre 2008
Dios Todopoderoso, Eterno, Padre de la luz, de quien vienen todos los bienes y todos los dones perfectos, imploro vuestra misericordia infinita. Dejadme conocer vuestra eterna sabiduría. Ella es quien rodea vuestro trono, quien ha creado y hecho, quien conduce y conserva todo. Dignaos enviármela del cielo de vuestro santuario y del trono de vuestra gloria, para que esté y trabaje en mí, pues es ella la dueña de todas las artes celestes y ocultas, quien posee la ciencia y la inteligencia de todas las cosas.Haced que ella me acompañe en todas mis obras, que por su espíritu tenga la verdadera inteligencia, que proceda infaliblemente en el arte noble al cual me he consagrado, en la búsqueda de la milagrosa piedra de los sabios que vos habéis escondido en el mundo, pero que tenéis costumbre de descubrir, al menos, a vuestros elegidos. Que esta Gran Obra que he de hacer aquí abajo, la empiece, la continúe y la termine felizmente, que contento goce de ella para siempre. Os lo pido por Jesucristo...
Extraído de: Arola, Raimon. La cábala y la alquimia en la tradición espiritual de occidente: siglos XV-XVII
20 noviembre 2008
(extractos de El Mensaje Reencontrado)
La verdad que separa y que une. Unos. Dos. Uno y nada más.
La verdadera sabiduría consiste en separar lo que es bueno de lo que es malo y en unir lo que es bueno con lo que es mejor.
La extrema humillación de la muerte es la entrada obligatoria al esplendor de la vida celeste, pues la separación terrestre es el comienzo del cielo manifestado.
Ninguna palabra debe ser aceptada sin un riguroso y largo examen, a fin de separar lo verdadero de lo falso.
La separación y la reunión se realizarán por la reagrupación de las partes vivas y por el rechazo de la porción muerta.
Corresponde a cada uno imitar a Dios y separar lo verdadero de lo falso.
La guadaña del tiempo separa toda verdad, pero el fuego secreto es lo que la pone en evidencia y la madura.
La muerte separa lo que es malo y reúne todo lo que es bueno, pero necesita la ayuda de la vida celeste.
Es imposible reunirse con Dios y su gracia sin volver a atravesar las tinieblas franqueadas en el momento de la primera separación.
La separación es el comienzo del trabajo secreto que conduce a Dios. La reunión es su término.
Quien ha separado el cielo y la tierra los unirá de nuevo y los multiplicará en la perfección del oro vivo.
El Libro separará a muchos hombres en el mundo, ya que algunos serán confirmados en la vida y otros serán hundidos en la muerte.
El sol no puede habitar más que una tierra pura y separada de toda hez.
El deseo ferviente dirigido por una voluntad paciente se convierte en una fuerza que puede separar y unir, matar en el mundo y vivificar en Dios.
Abstenerse del veneno mitigado es lo propio de los santos, pero separarlo es el trabajo del Sabio.
El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra para separar el mundo del inmundo.
He buscado la verdad hasta en la corrupción del mundo y he separado la vida de la muerte.
El retorno a Dios es como la separación de entre las tinieblas y como la reunión con la luz primordial.
El Innominado no podría suprimir el mal, esa noche que le rodea y oculta, como no podría crear el bien, esa luz que le viste y le guarda; pero él puede mezclar o separar la luz y las tinieblas exteriores, para el conocimiento de las potencias y de los límites de su Ser y de su no ser.
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