Entrada destacada

Las fábulas egipcias y griegas (1 de 8)

DESVELADAS Y REDUCIDAS A UN MISMO PRINCIPIO, CON UNA EXPLICACIÓN DE LOS JEROGLÍFICOS Y DE LA GUERRA DE TROYA   Dom Antoíne-Joseph Pern...

Versículo al azar

El Mensaje Reencontrado

Libro XXVIII

NI REVÉTUEEL BARRO

27. Si nos preguntan qué es el Libro, respondamos: una piedra sobre la cual se apoyan firmemente los creyentes y un manantial del cual extraen agua sin cesar.

27'. 36 opiniones conocidas simultáneamente.
36 oficios aprendidos de una vez.
36 cosas hechas al mismo tiempo.
36 luces vistas de repente.
36 deseos realizados en uno solo.
36 religiones reunidas en una fe.
22 noviembre 2008
Dios Todopoderoso, Eterno, Padre de la luz, de quien vienen todos los bienes y todos los dones perfectos, imploro vuestra misericordia infinita. Dejadme conocer vuestra eterna sabiduría. Ella es quien rodea vuestro trono, quien ha creado y hecho, quien conduce y conserva todo. Dignaos enviármela del cielo de vuestro santuario y del trono de vuestra gloria, para que esté y trabaje en mí, pues es ella la dueña de todas las artes celestes y ocultas, quien posee la ciencia y la inteligencia de todas las cosas.

Haced que ella me acompañe en todas mis obras, que por su espíritu tenga la verdadera inteligencia, que proceda infaliblemente en el arte noble al cual me he consagrado, en la búsqueda de la milagrosa piedra de los sabios que vos habéis escondido en el mundo, pero que tenéis costumbre de descubrir, al menos, a vuestros elegidos. Que esta Gran Obra que he de hacer aquí abajo, la empiece, la continúe y la termine felizmente, que contento goce de ella para siempre. Os lo pido por Jesucristo...

Extraído de: Arola, Raimon. La cábala y la alquimia en la tradición espiritual de occidente: siglos XV-XVII
Leer más...
20 noviembre 2008

(extractos de El Mensaje Reencontrado)


La verdad que separa y que une. Unos. Dos. Uno y nada más.

La verdadera sabiduría consiste en separar lo que es bueno de lo que es malo y en unir lo que es bueno con lo que es mejor.

La extrema humillación de la muerte es la entrada obligatoria al esplendor de la vida celeste, pues la separación terrestre es el comienzo del cielo manifestado.

Ninguna palabra debe ser aceptada sin un riguroso y largo examen, a fin de separar lo verdadero de lo falso.

La separación y la reunión se realizarán por la reagrupación de las partes vivas y por el rechazo de la porción muerta.

Corresponde a cada uno imitar a Dios y separar lo verdadero de lo falso.

La guadaña del tiempo separa toda verdad, pero el fuego secreto es lo que la pone en evidencia y la madura.

La muerte separa lo que es malo y reúne todo lo que es bueno, pero necesita la ayuda de la vida celeste.

Es imposible reunirse con Dios y su gracia sin volver a atravesar las tinieblas franqueadas en el momento de la primera separación.

La separación es el comienzo del trabajo secreto que conduce a Dios. La reunión es su término.

Quien ha separado el cielo y la tierra los unirá de nuevo y los multiplicará en la perfección del oro vivo.

El Libro separará a muchos hombres en el mundo, ya que algunos serán confirmados en la vida y otros serán hundidos en la muerte.

El sol no puede habitar más que una tierra pura y separada de toda hez.

El deseo ferviente dirigido por una voluntad paciente se convierte en una fuerza que puede separar y unir, matar en el mundo y vivificar en Dios.

Abstenerse del veneno mitigado es lo propio de los santos, pero separarlo es el trabajo del Sabio.

El agua sale de la tierra y vuelve a la tierra para separar el mundo del inmundo.

He buscado la verdad hasta en la corrupción del mundo y he separado la vida de la muerte.

El retorno a Dios es como la separación de entre las tinieblas y como la reunión con la luz primordial.

El Innominado no podría suprimir el mal, esa noche que le rodea y oculta, como no podría crear el bien, esa luz que le viste y le guarda; pero él puede mezclar o separar la luz y las tinieblas exteriores, para el conocimiento de las potencias y de los límites de su Ser y de su no ser.
Leer más...
16 noviembre 2008

Tratado del siglo XV atribuido a Tomás de Aquino


(extractos)



[...] aurora es como hora de oro; así, esta ciencia posee una hora cuyo fin es dorado para quienes operan según la vía derecha (recte). [...] porque en la aurora los enfermos son curados de todas las enfermedades nocturnas y reposan. Así, en la aurora de esta ciencia, todos los olores y los malos vapores atacan el espíritu del operador, desvaneciéndose y desapareciendo, como lo dice el salmo: En la noche permanecen los llantos, y por la mañana la alegría.

En primer lugar calienta la tierra [...] En segundo lugar, apaga el fuego intenso provocado en la combustión, del que dice el profeta: y el fuego se encendió en su asamblea y la llama ha consumido los pecados sobre la tierra. Él apaga este fuego por medio de su acción moderadora, y de ahí esta alusión: refrescamiento en el calor ardiente.

En tercer lugar, ablanda, es decir, que licúa la dureza de la tierra y disuelve sus partes densas y muy compactas, y del que ha sido escrito: La lluvia del Santo Espíritu licúa. Y el profeta: Él envirá su palabra y los licuará; su espíritu soplará y las aguas fluirán. Y está escrito en el Libro de la Quintaesencia que el aire abrirá los poros de las partes de la tierra para que reciba la virtud del fuego y del agua. Y está dicho en otra parte: la mujer disuelve al hombre y él mismo la fija. En otras palabras: el espíritu disuelve y ablanda al cuerpo y el cuerpo endurece al espíritu. En cuarto lugar, ilumina cuando expulsa todas las tinieblas del cuerpo; de él se canta: Purga las horribles tinieblas de nuestro espíritu, enciende una luz para nuestros sentidos. Y el profeta: Toda la noche has sido guía para ellos en la iluminación del fuego, y entonces la noche se iluminará como el día. Y Senior: Vuelve blanco todo lo que es negro, y rojo todo lo que es blanco, ya que el agua blanquea y el fuego ilumina. Pues brilla a la luz como un rubí por su alma que tiñe, adquirida por la virtud del fuego, y de ahí que el fuego sea llamado tintureo. [...] En quinto lugar, separa lo puro de lo impuro cuando aleja todos los accidentes del alma, es decir, los vapores o malos olores, tal como ha sido dicho: El fuego separa las partes heterogéneas y agrupa las homogéneas. Por esta razón dice el profeta: Me has examinado con fuego y no has encontrado iniquidad en mí. [...] Y Hermes: Tú separas lo espeso de lo sutil, la tierra del fuego. [...] Rasis dice al respeto que la operación de la preparación perfecta es precedida de una cierta purificación de las sustancias, llamada por algunos preparación o limpieza, por otros rectificación, y por otros ablución o separación. Efectivamente, el mismo Espíritu, que posee siete formas, separa las partes más puras de las impuras a fin que una vez eliminadas las partes impuras, sea completada la obra con las puras. Hermes hace alusión a esta quinta virtud en su Secreto, cuando dice: Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso (etc). En sexto lugar, exalta las cosas bajas cuando lleva a la superficie el alma profunda y oculta en las entrañas de la tierra, de lo que dice el profeta: Él, que en su fuerza, hace salir a los encadenados. Y aún: Tú has hecho salir mi alma del fondo del infierno. E Isaías: El Espíritu del Señor me ha elevado. Y los filósofos: Aquel que vuelva lo oculto manifiesto conoce la obra toda entera, y aquel que conoce nuestro cambar (es decir, nuestro fuego), ése es filósofo. [...] En séptimo y último lugar, inspira, cuando por su soplo, vuelve espiritual el cuerpo terrestre, y del que se canta: Inspirando vuelves a los hombres espirituales. Salomón: El Espíritu del Señor ha llenado el círculo (orbem) de la tierra. Y el profeta: Toda su fuerza viene del soplo de su boca. [...] Todas estas cosas son realizadas y acabadas por nuestro espíritu, pues sólo él puede volver puro lo que ha nacido de una simiente impura. ¿No dice la Escritura: Lavaos en él y sed puros? Y a Naamán, el Sirio, le fue dicho: Ve y lávate siete veces en el Jordán y serás purificado. [...] A ello hacen alusión los filósofos con estas palabras: Destila siete veces y eres separado de la humedad corruptora.
Leer más...
20 octubre 2008
(extractos)
Ireneo Filaleteo

De otro modo lo que el Sabio ha predicho en parábolas se verificará: a saber, que los deseos del perezoso lo harán perecer. No es sorprendente que tanta gente que trabaja en la Alquimia sean reducidos a la pobreza, ya que huyen del trabajo aunque no temen el gasto.

¿Qué es nuestra obra? ¿Acaso hacer la piedra?. Verdaderamente es la obra final, pero la verdadera obra consiste en descubrir la humedad en la que el oro se licúa como el hielo en agua tibia; encontrar ésto es nuestra obra.

Sin nuestro cuerpo perfecto, nuestra descendencia de Venus y de Diana, que es el oro puro, no se puede obtener ninguna tintura permanente. Nuestra piedra es, por una parte, respecto a su nacimiento, vil, inmadura y volátil, y por otra parte es perfecta, preciosa y fija: las especies del cuerpo y del espíritu son el Sol y la Luna, el oro y el azogue.

Cualquier proceso que sigas, ya sea con el sol vulgar, ya sea con el nuestro, te será necesario operar con un calor igual y continuo. Has de saber también que tu Mercurio en ambas obras, aunque sea radicalmente uno, es diferente en cuanto a su preparación, y tu piedra, con nuestro oro, es perfecta dos o tres meses antes de que nuestra primera materia haya sido extraída del sol o de la luna vulgares, y que el Elixir de uno estará en su primer grado de perfección y con mayor virtud que el otro en la tercera rotación de la rueda.

Digo, pues, que las dos vías son ciertas, pues no es más que una sola vía al final, y no al principio. Pues todo nuestro secreto se encuentra en nuestro Mercurio y en nuestro sol. Nuestro Mercurio es nuestra vía, y sin él no se hará nada. Del mismo modo, nuestro sol no es el oro vulgar y sin embargo en el oro vulgar se encuentra nuestro sol, de otro modo, ¿cómo serían homogéneos los metales?

Por ello, si hubieras operado con el sol vulgar, procura en el principio de las nupcias de tu Mercurio realizar el matrimonio de Diana con Venus, luego ponlas en un nido, y con el debido fuego verás el emblema de la gran obra, a saber: el negro, la cola del pavo real, el blanco, el citrino y el rojo. Entonces reitera en esta obra con Mercurio, que es llamado leche de virgen, dándole el fuego del baño de rocío, o como máximo el de arena templada con cenizas, y entonces, no sólo el negro, sino el negro más negro que el negro y toda la negrura, así como el blanco y el rojo perfectos, y esto a través de un proceso suave. Dios, en efecto, no estaba en el fuego ni en el viento, pero su voz llamó a Elías.

Hay una operación muy secreta y puramente natural que se hace en nuestro Mercurio con nuestro sol, y es a esta operación que deben ser atribuidos todos los signos descritos por los Sabios. Ésta operación no se realiza ni con el fuego ni con las manos, sino solamente con un calor interior; el calor exterior no hace más que expulsar el frío y vencer los síntomas.

Hay una segunda operación en el sol vulgar y en nuestro Mercurio que se hace con un fuego ardiente durante largo tiempo, en el que ambos cuecen, mediante Venus, hasta que la pura sustancia de ambos salga, que es el jugo de la luna. Se recogen estas abyectas impurezas, que sin embargo no son aún la piedra, sino nuestro verdadero azufre que se cuece con nuestro Mercurio, que es su propia sangre, hasta que es una piedra de fuego muy penetrante y tingente.

Finalmente, hay una tercera operación, mixta, mezclándose oro vulgar con nuestro Mercurio, con el debido peso, y añadiéndole el fermento de nuestro azufre en cantidad suficiente. Entonces se realizan todos los milagros del mundo y se hace el Elixir capaz de dar a su poseedor las riquezas y la salud.

¡Oh, santa naturaleza, que sola realizas lo que es en el fondo imposible a todos los hombres!

DEL RÉGIMEN DE SATURNO. QUÉ ES Y PORQUÉ SE LLAMA ASÍ

I

TODOS los magos que escribieron sobre este tratado filosófico han hablado de la obra y del régimen de Saturno, lo que muchos entendieron equivocándose y cayeron en diversos errores, algunos a causa de sus prejuicios, otros a causa de una confianza demasiado grande en estos escritos, han trabajado sobre el plomo pero con poco provecho. Has de saber que nuestro plomo es más precioso que cualquier plomo. Es el limo donde el alma del oro se junta con el Mercurio para producir luego a Adán y a Eva, su esposa.

II

Por ello él, el más grande, se ha humillado hasta tal punto de tomar el último lugar, esperando la redención de todos sus hermanos en su sangre. Así, la tumba donde nuestro rey está sepultado, se llama Saturno en nuestra obra, y es la llave de la obra de la transmutación. Feliz aquel que pueda saludar a este planeta de lenta marcha. Ruega a Dios, hermano, que te haga digno de esta bendición, pues no depende de aquel que la busca o la desea, si no únicamente del Padre de las luces.

DE LOS DIVERSOS REGÍMENES DE ESTA OBRA

I

TEN por seguro, estudioso aprendiz, que de toda la obra de la piedra sólo permanece escondido el régimen, del que el Filósofo ha dicho esta verdad: aquél que tendrá su conocimiento científico será honrado por los Príncipes y los Magnates de la tierra. Y de buena fe te juro que si este fuera expuesto abiertamente, los mismos necios se burlarían del arte.

II

De hecho, una vez conocido, todo se reduce a un trabajo de mujeres y un juego de niños: basta con cocer. Por ello los Sabios ocultaron con gran arte este secreto y cree firmemente que yo he hecho lo mismo (...)

DEL PRIMER RÉGIMEN DE LA OBRA QUE ES EL DE MERCURIO

I

HABLAREMOS primeramente del régimen de Mercurio, que es un secreto a propósito del cual ninguno de los sabios se ha expresado nunca. Estos han comenzado, por ejemplo, en la segunda operación o régimen de Saturno, y no han mostrado al principiante ninguna luz antes del signo capital de la negrura. En esto ha callado el buen Conde Bernardo Trevisano que enseña en su parábola que el Rey, cuando viene a la fuente, dejando atrás a todos los extranjeros, entra solo en el baño, revestido de un vestido de oro, del que se desembaraza y lo entrega a Saturno, del cual recibe uno de seda negra. Pero no enseña cuanto tiempo pasa antes de que se desembarace de este vestido de oro, y pasa por alto todo un régimen de quizás cuarenta o cincuenta días, tiempo durante el que, sin un guía, los pobres principiantes caen en experimentos inciertos. Desde la llegada de la negrura hasta el final de la obra, sin duda el artista es reconfortado por nuevos signos que aparecen, pero reconozco que sin un guía es fastidioso errar durante cincuenta días, sin indicaciones ni garantías.

(...) Atiende pues a mi doctrina, toma el cuerpo que te he mostrado y ponlo en agua de nuestro mar y cuécelo con el fuego continuo que le conviene hasta que asciendan el rocío y las nubes, y caigan en forma de gotas, noche y día sin interrupción. Has de saber que el Mercurio asciende por esta circulación a su naturaleza primitiva, hasta que después de largo tiempo, el cuerpo empieza a retener un poco de agua, y así participan uno y otro de sus cualidades.

VII

Pero como toda el agua no asciende por sublimación y permanece aún una parte de ella con el cuerpo en el fondo del vaso, por esto el cuerpo es continuamente hervido y filtrado en esta agua, mientras que las gotas, al caer, perforan la masa residual, y el agua es hecha más sutil por esta circulación continua, y finalmente extrae delicada y suavemente el alma del sol.

VIII

Así, mediante el alma, el espíritu se reconcilia con el cuerpo y la reunión de ambos se realiza en el color negro, y esto, como mucho, al cabo de cincuenta días. Se dice que esta operación es el régimen de Mercurio, ya que el Mercurio circula elevándose, mientras que en él hierve el cuerpo del sol, abajo; y este cuerpo en esta operación es pasivo hasta el momento de la aparición de los colores, que aparecen parcamente después de más o menos veinte días de una ebullición firme y continua. Después los colores se refuerzan y se multiplican y varían hasta la perfección en el negro muy negro que te será dado en el cincuentavo día, si los astros te llaman.

DEL SEGUNDO RÉGIMEN DE LA OBRA QUE ES EL DE SATURNO

I

ACABADO el régimen de Mercurio, cuyo trabajo consiste en despojar al Rey de sus vestiduras de oro, agitar y extenuar al león con varios combates hasta la más grande fatiga, aparece el próximo que es el régimen de Saturno.

III

Al menos tú cuida del fuego que has de regir con sano juicio, y te juro de buena fe que si a fuerza de aumentarlo hicieras sublimar alguna cosa en este régimen, perderás irrecuperablemente toda la obra. Estáte pues contento con el buen Trevisano de ser retenido en la cárcel durante cuarenta días y cuarenta noches, y permite que permanezca la tierna materia en el fondo, que es el nido de su concepción. Ten por seguro que, transcurrido el período determinado por el Todopoderoso para esta operación, el espíritu resurge glorioso y glorificará a su cuerpo, ascenderá, digo, y circulará suavemente, sin violencia, y ascenderá desde el centro hasta los cielos y redescenderá de los cielos al centro, recogiendo la fuerza de lo superior y de lo inferior.
Leer más...
27 septiembre 2008
ANÓNIMO DEL SIGLO XVI 
Prólogo
Viaje al Oeste: La novela total


Esta nueva edición de Viaje al Oeste viene a llenar un vacío tan enorme como la novela en sí, pues estamos hablando de todo un clásico de la literatura universal que, hasta épocas muy recientes, ha permanecido desconocido para los lectores españoles. El asunto es todavía más grave si se tiene en cuenta que el Rey Mono, uno de los protagonistas de la narración, es en China un personaje tan popular como lo pueden ser entre nosotros Don Quijote y Sancho Panza: ni algo menos ni algo más. Y cuando los personajes literarios llegan a esa forma absoluta de la fama es porque son capaces, por sí mismos, de representar a toda una cultura y hasta de incluir en su mecánica lógica y mitológica claves fundamentales para interpretar esa misma cultura. Por lo demás, Viaje al Oeste es la recreación, profusamente detallada, del mito de Xuanzang (Hsüan-Tsang): el monje que partió hacia la India en busca de los verdaderos textos budistas. Se trata de un viaje evidentemente iniciático (para los personajes que lo protagonizan y para el lector que los sigue), jalonado por toda clase de catástrofes interiores y exteriores, y en el que le acompañan tres discípulos. El Rey Mono es uno de ellos. Posee poderes mágicos que le permiten llevar a cabo setenta y dos transformaciones de su apariencia y está capacitado para «identificar a los demonios en un abrir y cerrar de ojos», como suelen decir los chinos, que desde el primer emperador a los tiempos de Mao se han especializado en identificar demonios de toda suerte y en clasificarlos, siguiendo operaciones mentales no tan diferentes a las que empleaba el venturoso Emmanuel Swedenborg para clasificar a las poblaciones angélicas. En China los demonios formaban una auténtica multitud. En términos específicos, se trata de una creencia muy alejada de nuestra cultura, pero no en términos generales, ya que en los evangelios el mismo Jesucristo hace varias referencias a la «multitud» de demonios que pueden asaltar a las almas descuidadas. Se trata, con toda evidencia, de demonios diferentes pero que tienen en común su naturaleza perturbadora y posesiva. Como otras grandes narraciones del Reino del Medio, Viaje al Oeste es una creación del período Ming, el más glorioso de la novela china, y es al mismo tiempo la obra de todo un pueblo, como la muralla china y como el mismo imperio, en la que intervienen muchos creadores, hasta cristalizar como narración plena de sentido y perfectamente estructurada en el siglo XVI, gracias a la probable intervención del escritor Wu Chengen, que la dotó de una poderosa estructura. En ese y otros aspectos se trata de una creación parecida a la que llevó a cabo la Grecia arcaica con la Ilíada y la Odisea hasta su fijación definitiva en Homero. Pero su relación con las dos epopeyas griegas es sólo parcial ya que, como narración en sí, Viaje al Oeste se emparenta más con dos novelas fundamentales de Occidente: Don Quijote y Tristram Shandy. Ni estoy hablando de una relación sólo formal ni de una relación sólo de fondo; estoy hablando de una relación estructural que implica una concepción del tiempo con la que ya no estamos demasiado familiarizados.

Da la impresión de que en Europa todo cambió, en la estructuración de las novelas, con la aparición de El Lazarillo de Tormes, que impone una configuración narrativa en el fondo absolutamente racional, dando la impresión de que la historia está trascurriendo en «el tiempo real» y creando justamente por eso un enorme «efecto realidad».

Que esa novela sea hija de Renacimiento no ha de extrañarnos, ya que en el fondo fue el primer «siglo de las luces» de la civilización occidental. Pero desde entonces la novela europea no ha podido despegarse del «efecto realidad» que crea El Lazarillo y del empeño en dotar la narración de una gran coherencia, más allá o más acá de la misma historia, como llega a ocurrir hasta con Kafka, que es la razón llevada a su extremo más absurdo.

Lejos de esa estructuración del tiempo de la vida y el tiempo narrativo, El Quijote consigue, además de un efecto realidad periódicamente renovado en el transcurso de la novela, una relativización del tiempo, no tan excesiva como en Tristram, pero sí lo suficientemente amplia y elástica como para que el lector pueda entrar en una «duración» a veces vaporosa y vasta, y a veces relampagueante y concentrada, que la novela occidental sólo vuelve a recuperar plenamente con en Ulises de Joyce.

Y bien, el tiempo narrativo en el que entramos cuando empezamos a leer Viaje al Oeste es también muy relativo y a la vez alcanza dimensiones absolutas.

Como todas las novelas chinas del mismo período, como En los márgenes del Agua o El romance de los Tres Reinos, la narración avanza pausadamente y se ramifica en cientos de personajes de todas las clases sociales y de todas las formas de existir astrales y reales. Borges definió El sueño del pabellón rojo (otra de las grandes novelas chinas) como una narración «prácticamente infinita»: de igual manera podría definirse Viaje al Oeste. En ese sentido, son novelas que más que entrar en el tiempo de la «realidad» y su sucesión de hechos (de pragmas), entran en el tiempo de la existencia y su sucesión de demoras, desconciertos y repeticiones: los que Kierkegaard llamaba «la seriedad del existir», que se revela siempre de naturaleza tragicómica, como ocurre en Viaje al Oeste y como ocurre también en las grandes novelas occidentales ya mentadas.

Intentar imponer un tiempo ampliamente narrativo y «prácticamente infinito» al tiempo fragmentado y neurótico de la «realidad» es un empeño que entre nosotros sólo lo ha intentado el ingeniero Benet con Herrumbrosas lanzas y que se hace cada vez más difícil, también en China, ya que desde la aparición de los primeros relatos de Lu Xin, el lector chino descubrió la «racionalidad» narrativa de estilo occidental que aportaba Xin así como su fulminante «efecto realidad», y ahora la novela en China tiende a ser concebida en un tiempo real y mental muy parecido al nuestro. Desde esa óptica, Lu Xin llevó a cabo para los chinos una operación muy parecida a la que Mishima perpetró en la cultura japonesa: racionalizó y sistematizó la narración, introduciendo en ella el «tiempo» occidental.

Pero en Viaje al Oeste estamos lejos de esa concepción del tiempo narrativo, porque no es un tiempo que se pueda ver desde el lugar de los hechos. Es más bien un tiempo concebido desde el lugar del conocimiento y de su aliento irregular y muchas veces errático. Y es que el conocer, a diferencia del vivir, evoluciona en un tiempo lleno de arrugas, casi en un tiempo fractal, de una elasticidad desmedida, o fuera de toda medida, siguiendo un camino que, por ser el de la iluminación, está lleno de sombras que le exceden, como si siguiese esos versos terribles del primer poema del Tao que viene a decir:

Ser y no ser surgen del mismo fondo,
y ese fondo único se llama oscuridad.
Oscurecer esa oscuridad,
he ahí la puerta de la clarividencia.

Dicho lo cual, que el lector se prepare para salir de nuestro tiempo pragmático en cuanto acceda al primer capítulo de esta enorme novela que, en parte porque quiere ser una imagen del Mundo y en parte porque lo es, comienza refiriendo el origen del cosmos con frases casi bíblicas: «En el principio sólo existía el Caos. El Cielo y la Tierra formaban una masa confusa, en la que el todo y la nada se entremezclaban como la suciedad en el agua».

Una forma de contar el origen que tiene mucho que ver con los versos del Tao que acabamos de referir. De hecho parecen la misma reflexión, si bien desde ángulos diferentes, y que a su vez guardan muy estrecha relación con himnos védicos de unos mil años antes de Jesucristo.

Y que el lector se prepare también para fondear en el misterio de la muerte y de la vida desde una profundidad que está mucho más allá de nuestra sistematización del mundo, indisolublemente vinculada al espíritu griego que nos funda filosóficamente y que crea las marcas que van a determinar toda nuestra cultura. Porque el tiempo en el que va a entrar ni es lineal ni es circular, es más bien un tiempo en espiral, pero que en lugar de comenzar por el corazón mismo de la espiral comienza por su círculo más abierto, el que refiere la creación de todo el universo, y luego va estrechando sus aros comunicantes hasta detenerse en los seres, o en algunos seres, que pueblan ese vasto universo que quisieran descifrar, y a cuyas revelaciones y manifestaciones van asistiendo en el vasto curso de la novela, tan vasto como los grandes ríos chinos. Aunque si hemos de hacer honor a la estructurada desmesura de Viaje al Oeste, más que un río tiende a parecer un océano de significados en el que no importa perderse una y cien veces pues lo relevante, como en el poema Itaka de Kavafis, es el viaje mismo, un viaje que tiene su destino y su dirección, pero que olvidamos a menudo por la fascinación que va ejerciendo sobre nosotros cada momento del camino, en su purísima demarcación de su propio sentido, que ha de ser absorbido en su absoluta dimensión de instante en el seno del tiempo como agua en el seno de las aguas.

Y tras este breve paseo por el curso «ilimitado» de la novela volvamos a sus personajes y a sus fuentes. Inspirada en remotas leyendas budistas sobre los viajes de Xuanzang y las piezas teatrales Yuan y Ming basadas en él, la novela no es ajena al tono épico, si bien se trata de una épica tan desmitificadora que más que con los griegos tendría que ver con la teoría de la distanciación irónica que escritores como Dóblin pusieron en boga en la primera mitad del siglo pasado.

Y al igual que esa épica de Dóblin (que luego imitó Brecht), Viaje al Oeste va dibujando una dialéctica de la luz en su lucha contra todos los poderes de las sombras.

Dialéctica implícita en todos los protagonistas y muy especialmente en el Rey Mono, en el que los chinos de la época de Mao quisieron ver, con la simpleza que los caracterizaba, «la lucha del pueblo contra las dificultades así como su persistente desafío a la autoridad feudal». Difícilmente se puede concebir una apreciación tan brutal y tendenciosa de Viaje al Oeste, si bien la novela no oculta en ningún momento los antagonismos y antagonías de la sociedad china, la corrupción y la crueldad oscurísima y fundamental que sustenta el mundo objetivo y objetual y que en Viaje al Oeste tiende a conformar una relación especular con el mundo fantasmal, así como con el antes y el después de la vida, en esa abismal prolongación de la existencia que fueron desarrollando primero el hinduismo y luego el budismo y el taoísmo, y que se concreta en la idea de reencarnación.

Para terminar hablaré de las virtudes terapéuticas de esta novela, capaz de sacarnos del tiempo ortopédico que nos está tocando vivir y de conducirnos a un tiempo inmensamente relativo, inmensamente abierto, que curiosamente tiene más que ver con el tiempo que está descubriendo ahora mismo la ciencia que con el tiempo lineal que ha ido configurando la novela occidental durante un buen trecho de su historia, y que la nueva ficción debiera superar con más rigor y más esplendor que en el período de entreguerras del siglo pasado.

Viaje al Oeste nos obliga a afrontar el hecho literario desde dimensiones que pueden resultar muy enriquecedoras para los autores y lectores de ahora, pues lo liberan, durante todo el venturoso tiempo de la lectura, del mundo de los objetivos inmediatos y de las evidencias reductoras y reduccionistas que caracterizan nuestra época, en beneficio de un universo saturado de diamantes, en los que se concentran y dispersan, se dispersan y se concentran siglos y siglos de mitología y especulaciones filosóficas y religiosas, siglos y siglos de sentido y sinsentido, de luces y de sombras, condensándose en una novela donde a la vez que se narra la inmensa historia del cosmos se dibuja la trayectoria de cuatro personajes fundamentales en busca de las verdades más puras y más perdidas. Una novela que incluye, al final, la conquista de la inmortalidad y que termina con una descripción impagable del paraíso, donde no faltan los coros de los seres agradecidos que han obtenido la liberación. Un fin que la novela persigue desde el principio, cuando habla del Caos original que va a tener su espejo en el caos fundamental de cada ser, pero un fin al que el narrador no tiene prisa por llegar, pues la verdad está siempre algo más lejos, como los ojos del Buda de cristal y como la luz inmanente del mundo, que reinaba al principio y que presidirá también el final, cuando el inmenso juego de abalorios del universo vuelva a su dimensión original y el coro del final de la novela enmudezca por exceso de plenitud, bajo un cielo lleno de buenos augurios en el que halla fundamento y destino la alquimia interior, y en el que encuentran su término todas las modificaciones del mundo convertido en sustancia absolutamente transparente y absolutamente llena de su propio vacío.

Dije para terminar y no termino, pues no quisiera dejar en el lector la idea de que nos hallamos ante una narración más alegórica todavía que La Divina Comedia y absolutamente metafísica. No, no. Viaje al Oeste tiene su dimensión iniciática y su dimensión alquímica, pero ante todo es una novela de personajes y de peripecias, donde se ponen en funcionamiento todos los registros narrativos posibles, y presidida por un gran sentido del humor, que halla sus mejores efectos en Puerco y el Rey Mono. Y de no ser ante todo y sobre todo una novela, perfectamente accesible a pesar de su esoterismo, sus personajes no serían tan populares. Y no en vano el Rey Mono recorre todos los espacios de la ficción china, desde la novela, a la poesía, desde la poesía al cuento y a la ópera, y ha habido familias de actores que durante generaciones y generaciones han obtenido su sustento gracias a las representaciones de óperas en relación con el Rey Mono, finalmente presente entre nosotros gracias a la traducción de Enrique P. Gatón e Imelda Huang-Wang, que hacen funcionar en castellano la extraordinaria maquinaria verbal que se pone en marcha en esta prodigiosa novela que ahora tienes en tus manos, lector.

Jesús Ferrero
Traducción del chino de Enrique P. Gatón e Imelda Huang-Wang
Ediciones Siruela, Libros del Tiempo
España, 2004
Leer más...
19 septiembre 2008
(Extractos de El Mensaje Reencontrado)


La realización del deseo está en función de la precisión de la imagen concebida, de la potencia de proyección del deseo y de la regularidad paciente de la plegaria.

Más vale disipar en la caridad que ahorrar para la destrucción.
Empecemos por dar a fin de recibir sin pecar.

Pocos hombres se hacen dignos del don de Dios, que es la libertad del ser en la vida eterna; por eso tantas criaturas se debaten o languidecen en las trabas de la muerte. Hagamos, pues, de nuestra vida una perpetua acción de gracias y sepamos que todo lo que imaginamos y nombramos con fe y amor es realizado en el cielo y pronto será manifestado sobre la tierra.

Obtendremos del Señor todo lo que le pidamos. Pongamos, pues, mucho cuidado en lo que escogemos para no quedar ridículamente por debajo del don de Dios.

Demos gracias y alabemos a Dios en todas las circunstancias, así nos liberará de los males del inmundo y nos colmará de los bienes celestes y terrestres.
Esto es cierto.

Trabajemos para mantener nuestra vida, no obremos jamás para amontonar riquezas.

Dios satisface preferentemente la enormidad de la petición de sus Hijos porque está más acorde con su magnanimidad y con su omnipotencia.

Si nos sentimos débiles: socorramos.
Si nos sentimos rechazados: acojamos.
Si nos consideramos pobres: demos.
Si sufrimos: aliviemos.
Si estamos desconsolados: reconfortemos.
Si somos odiados: bendigamos.
Si somos tentados: recemos.
Si estamos solos: alabemos a Dios.

Enseguida es cuando debemos dejar de hacernos nuevos enemigos, y ahora es cuando debemos reconciliarnos con nuestros antiguos enemigos. Enseguida es cuando debemos cuidar y ayudar a todos los seres de la creación.
Ahora es cuando debemos colmar el déficit enorme de nuestros actos de amor para con el Creador y las criaturas.
«Observemos que lo que nos pasa es precisamente lo que deseamos a los demás o lo que les hacemos padecer».

Tendamos la mano sólo para nosotros mismos y no para los demás. Basta con que señalemos en secreto el desamparo de un fiel para que todos acudan a socorrerle, si somos tal como debemos ser, o sea, santificados por el amor.
-Más vale obedecer sólo a Dios antes que a los hombres y al mundo, como hacen muchos ahora.

Basta con que socorran directamente a los que les designamos en secreto o que ellos mismos descubran.
-Así pues, no nos alejemos de los sencillos y de los pobres y no descuidemos la raíz de los pueblos donde se esconde la gloria de Dios.
-Esto nos dará la alegría del corazón que aparece en la fraternidad de los humildes, los verdaderos hijos de Dios.

No nos inquietemos demasiado por cómo viviremos, pues Dios proveerá por la inspiración y el socorro si se lo pedimos con confianza, pues él vigila, inspira y sostiene a sus hijos en todas las ocasiones.

Un ladrón que da está más cerca de Dios que un justo que conserva lo que ha recibido.

La ayuda nos viene de Dios por la inspiración de los ángeles y por el ministerio de los hombres.
¿Quién será tan estúpido como para rechazar el consejo de los santos y rehusar la ayuda de los hombres después de haber solicitado el socorro del Altísimo?
¿Quién será tan ignorante como para alabar el instrumento y descuidar al artista?
¿Quién será lo bastante inteligente como para remontar hasta el obrero pasando por la herramienta y por la obra?

Esforcémonos cada día en fortalecer nuestra fe en la promesa asombrosa del Todopoderoso. Esforcémonos en aumentar nuestro amor por el generoso que nos alimenta. Esforcémonos en soportar sin desfallecer las pruebas de nuestras vidas oscurecidas. No nos cansemos de solicitar el socorro de la Providencia del Altísimo. No nos desanimemos nunca en nuestra búsqueda del tesoro santo.

La violencia del deseo impide finalmente su realización. Por eso, después de haber rogado mucho, es prudente confiar a Dios el cuidado de concedernos lo que le pedimos, permaneciendo simplemente muy atentos a lo que ocurre en nosotros y alrededor nuestro.

«Cuanto más demos, más recibiremos». Así, el enriquecimiento viene de la libre circulación de bienes y el empobrecimiento viene de su inmovilización.
Quien ama a Dios y su creación también será amado por todos los seres, ya que amando salvaremos y seremos salvados.

Toda la creación nos es ofrecida por Dios, basta con que escojamos y sembremos para cosechar en abundancia, ya sea las obras de vida, ya sea las obras de muerte.

«Si amamos y bendecimos constantemente a Dios y su creación, él también nos amará y nos bendecirá siempre a través de ella».

Volvámonos benévolos y corteses con nuestro prójimo y enviemos buenos pensamientos incluso a nuestros enemigos para que se conviertan a Dios en su corazón. Pues las maldiciones no pueden más que hundirles en sus opiniones y en sus odios oscuros.
No obstante, guardémonos de ellos mientras su maldad no se haya apagado.
Los malvados provienen de nuestra falta de bondad, los pobres de nuestra falta de caridad, los incrédulos de nuestra falta de fe, los rebeldes de nuestra falta de obediencia y así con todo lo demás.
He aquí por qué siempre es culpa nuestra y nunca de los demás, al contrario de lo que solemos creer.

La plegaria y la alabanza que suben hacia Dios recaen sobre nosotros en bendiciones multiplicadas, como los buenos pensamientos que enviamos a los vivos y a los desaparecidos nos vuelven en dones inesperados.

Todo lo que pensamos, nombramos y hacemos se corporifica y se precipita hacia nosotros. Tengamos, pues, mucho cuidado con nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones a fin de no crear nuestra propia desgracia sin saberlo.

Todo lo que pidamos con fe y perseverancia se realizará algún día ante nuestros ojos, aquí abajo.
Vigilemos, pues, atentamente todo lo que entra y todo lo que sale, para no caer en la trampa de las apariencias engañosas de este mundo.

¡Oh, cómo borran el pecado del mundo el buen pensamiento, la buena palabra y la buena acción!
¡Oh, cuánto liberan el alma del creyente la alabanza, la plegaria y la caridad en Dios!
Quien nos ha dado el ser también nos lo puede volver a tomar y a dárnoslo todo de nuevo.
¿Quién puede creer esto en su corazón antes de haberlo visto con sus propios ojos?

Seamos imanes de vida y no imanes de muerte, y sepamos que todo lo que pensamos se corporifica en nosotros y alrededor nuestro y se alimenta de nuestras palabras y de nuestros actos.

Así pues, tengamos mucho cuidado con lo que pensamos y con lo que decimos, ya que si es el bien, el bien aparecerá y si es el mal, el mal vendrá igualmente.

Si amamos a Dios en la humanidad y en la naturaleza, Dios nos amará también en los hombres y a través de toda su creación.

Podremos amar tanto más a los hombres en la medida en que no les pidamos nada, y podremos amar tanto más a nuestro Señor en la medida en que se lo pidamos todo.

Los holgazanes de Dios lo reciben todo de las manos de su Señor, mientras que los trabajadores del mundo penan duramente para carecer de todo aquí abajo.
«Estos holgazanes pueden trabajar como los trabajadores, pero ¿qué trabajador podría holgazanear como estos holgazanes?»

Ni un pensamiento, ni una mirada, ni una palabra, ni un gesto para el mal; así, éste no tomará cuerpo y vida en nosotros ni alrededor nuestro, y si aparece por efecto de la antigua falta, pensaremos el bien, veremos el bien, nombraremos el bien y realizaremos el bien, para que la luz de vida nos invada y sea lo único que subsista en nosotros y alrededor nuestro.

Atemos las buenas palabras alrededor de nuestro cuello y vivamos con ellas hasta que hayan entrado en nosotros.
Primero, contemos con la Providencia del Señor, luego obremos santamente a fin de dar cuerpo a su bendición transformante.
«¿Quién comerá el verbo nacido del cielo y de la tierra a fin de poseer la vida que no perece?»

Nombraremos nuestra esperanza con fe contra toda apariencia contraria y contra toda razón que se oponga, eliminando así la duda y el miedo que matan el alma.

Ejercitémonos diariamente en los actos de fe, nombrando santamente la cosa deseada hasta que se realice ante nuestros ojos.

El santo Nombre del Señor es una magia todopoderosa en la boca del que cree y ama verdaderamente.

Cada imaginación parece absurda hasta que sea realizada en el mundo, entonces, todos se extrañan, después todo el mundo se acostumbra al prodigio y, finalmente, ya nadie le presta atención.

Eliminando la duda de la razón por el ejercicio constante de la fe en acción, no sólo llegaremos a no tener en cuenta las apariencias contrarias, sino también a modificarlas milagrosamente.

Abandonad vuestros embarazosos equipajes a los ávidos, y pedid al Señor de amor y de conocimiento el camino y el viático, como hijos extraviados y arrepentidos, ya que lo inaudito, lo increíble y lo enorme es lo que debemos pedir a Dios, que es todopoderoso para satisfacernos.

Nuestros malos pensamientos, nuestras malas palabras y nuestras malas acciones son lo que da entrada en nosotros a los demonios de la desdicha, del desespero y de la muerte y, por encima de todo, la curiosidad imprudente de nuestros primeros padres.

Nuestros buenos pensamientos, nuestras buenas palabras y nuestras buenas acciones son lo que nos salva de la mezcla infame y de la muerte putrefacta; pero, por encima de todo, es el amor de Dios lo que nos ilumina y purifica del veneno antiguo.

La creación es como la imaginación de Dios coagulada por el verbo. El reposo es como la imaginación divina licuada por el Espíritu Santo.

Los que siembran el amor serán liberados por el amor. Los que siembran el odio serán aplastados por el odio. Con un poco de paciencia, la cosa es fácil de verificar en el mundo.

La realidad es lo que el hombre encarna con la suficiente nitidez como para volverlo sensible en el mundo.
-El ideal es lo que el hombre no encarna con la suficiente potencia como para darle vida y cuerpo aquí abajo.

La creación es un secreto de Dios que muy pocos han conocido o conocerán claramente, y esto humilla a los inteligentes del mundo, que no pueden llegar a penetrarlo con su pequeña inteligencia.

El verdadero Sabio es como un niño pequeño que sigue la naturaleza divina y que se hace obedecer por los elementos, sin sorprenderse en absoluto por ello.

Dios ha reposado en el hombre puro para gozar de su propia creación tan maravillosa y variada.

Si caemos o si creemos caer, mantengamos los ojos fijos en nuestro bello Señor de eternidad en lugar de analizar el barro donde nos debatimos lamentablemente desde la primera caída, pues no son la inteligencia ni la mano del hombre las que separan lo verdadero de lo falso y salvan de la muerte, sino la gracia y el amor del Señor muy sabio y todopoderoso, que perdona y libera a sus hijos bienamados.

La generosidad hacia los demás y hacia uno mismo es la mejor inversión que pueda hacerse en este mundo y en el otro; demos, pues, algo de nuestros bienes antes de que todo nos sea arrebatado y no neguemos nuestra ayuda a los humildes buscadores de Dios.

Finalmente, cada uno tendrá que habérselas con las imágenes buenas o malas de su fe particular. Sólo quien haya esperado a Dios sin imaginar nada gozará plenamente del reposo y de la libertad del Único.

El reposo, el silencio, la plegaria, la meditación, el olvido de sí mismo son los medios para llegar a la presencia divina y a la comunión con Dios, que nos proporcionará todo lo que le pidamos.

Después de haber rogado al Señor generoso, añadamos siempre esto: «Satisfaz mi deseo, Padre todopoderoso, si ello no ha de perjudicarme ni perjudicar a tus hijos».

Que cada cual honre a Dios dentro del tabernáculo secreto de su corazón y que cada cual escuche al profeta interior que le conducirá al Muy Único, al Muy Perfecto, al Muy Viviente, al Muy Puro.

El santo Nombre de Dios es una realidad viva y palpable que lo puede todo. Es un misterio que muy pocos han conocido o conocerán.

Debemos enseñar a nuestros hermanos a rogar a Dios para que obtengan su gracia y su socorro, en lugar de llevarlos a cuestas, lo cual no podría enseñarles a caminar en la fe ni hacernos avanzar en el camino de la libertad de los hijos de Dios.

Manifestemos lo de dentro afuera como lo ha hecho nuestro bello Señor descendido del cielo.
«Bendición y maldición proceden de la visión interior del espíritu y de la fe en acción por el verbo».

El deseo da la substancia.
La imaginación da la forma.
El verbo da el peso.
La fe da la vida, pero la pureza del corazón es lo único que permite la unión con el Dios creador y renovador de todas las cosas.

La Providencia de Dios se manifiesta preferentemente por mediación de los creyentes de buena voluntad; pero puede excepcionalmente actuar por medio de los espíritus o incluso directamente combinando los elementos primordiales.

No imaginemos los medios de realización de nuestra plegaria, ya que las vías de la Providencia del Señor son imprevisibles, desconcertantes e impenetrables para nuestra pequeña razón.

Dios forma y disuelve imágenes, pero salva algunas por medio del Hijo, que es semejante al Padre.

Lo que está netamente establecido adentro ya está en vía de realización afuera en el mundo.

Todo está en potencia dentro de la substancia oculta, y nuestros pensamientos son lo que manifiesta lo deseable o lo indeseable.

El mundo de adentro es lo que cambiará primero, luego el mundo de afuera también será hecho claro y bello.

Nuestra visión interior es lo que hemos de ejercitar y animar, hasta que aparezca en el mundo viva y pura.

La fe viva es loca y absurda, ya que ni siquiera tiene en cuenta las apariencias razonables de la muerte.

No imaginemos ni nombremos lo indeseable para no darle cuerpo y vida en nosotros ni alrededor nuestro.

Es más seguro estar con Dios que contra cualquiera, ya que de esta manera tenemos la seguridad de no equivocarnos jamás y de ir por el camino más corto.

Pongamos nuestras causas en manos del Señor de justicia, y nuestro sueño será apacible y ninguna mancha ensombrecerá la luz de nuestros corazones.

Seamos exigentes con nosotros mismos, pero no violentemos nada ni dentro ni fuera; pidamos más bien el socorro del Todopoderoso, que nos tiende constantemente una mano auxiliadora.

Lo que hemos hecho con nuestras manos vacila y ya se derrumba detrás de nosotros, pero lo que hemos de hacer con nuestro corazón puede volverse imperecedero como la piedra celeste. «Los ignorantes separan brutalmente lo que el Sabio desanuda con paciencia».

Los ignorantes del mundo se burlarán de la ciencia de Dios así como de los que la buscan y dirán: «Si la cosa fuera verdadera todo el mundo lo sabría». De este modo, se excluyen del secreto señorial para siempre y su luz permanece sepultada en las tinieblas de la muerte.

Cuando todo se haya vuelto evidente y claro, pero allí donde ninguna mano podrá alargarse para asir la vida resplandeciente de los hijos de Dios, ¿quién llorará y quién se regocijará verdaderamente?

No recriminemos continuamente lo que nos desagrada: abandonémoslo más bien y contentémonos con el pan de la tierra y con el agua del cielo con el reposo y la alegría del Perfecto.

Si no vamos audazmente hacia el Señor con los ojos cerrados, el Señor no vendrá a nosotros y no quitará la venda que nos ciega y que impide nuestra aproximación a la luz asombrosa del Único.

Lo que hayamos negado y combatido nunca podrá pertenecernos. Tengamos mucho cuidado con lo que pensemos y digamos acerca de la resurrección y del juicio anunciados por los profetas.

Cuando hayamos alcanzado la luz del Único, todos los que tienen deseos los verán realizarse y nadarán en la plenitud de Dios. Pero los que no tengan deseos verán a Dios, entrarán en Dios y Dios penetrará en ellos, y reposarán en el vacío de Dios, que es el cubo de rueda de la plenitud de Dios. Pero eso está reservado a un pequeño número de elegidos, que poseen el aceite del amor y del conocimiento.

Quien ha reconocido la unidad de la vida no se avergüenza de socorrer una lombriz, pues sabe sin ninguna duda que se ayuda a sí mismo socorriendo a cualquier ser vivo.

Si deseamos que Dios nos escoja, no omitamos escogerle también, y si queremos que nos elija en su reino, no olvidemos elegirlo primero en nuestros corazones.

Cada mal pensamiento y cada maldición que suscitamos en el mundo es como una piedra añadida al fardo invisible que nos inclina hacia la desgracia y la muerte.

Si habéis hecho o hacéis una mala acción, no escaparéis al dolor, por lejos que huyáis.
BUDA
Lo que hacéis de bueno o de malo, lo hacéis a vosotros mismos.
CORÁN

Que quien se sienta solitario y abandonado en el mundo se anime, que ruegue al Señor y a sus santos en su corazón y recibirá lo que haya pedido.

Que reflexione bien en su petición, a fin de no recibir cortezas vacías en vez de la almendra substancial que es lo único que colma a los hijos de Dios.

Hay que dar para recibir.

Sólo los creyentes de Dios piden la ayuda del Señor en todas las circunstancias de su vida exiliada aquí abajo; pero la piden con humildad, con fe, con amor, con perseverancia, con violencia, con desespero, con anonadamiento, que es la verdadera humildad que el Señor fecunda y endereza en la vida eterna.

Si intentamos obtener los bienes de este mundo para nosotros mismos y fraudulentamente, sólo cosecharemos su lepra. Pero si pedimos honestamente a nuestro Señor y dueño lo que nos es necesario, lo recibiremos sin daño alguno.

No nos alejemos de los bienes que dependen directamente de la bendición de Dios, a fin de no estar nunca separados del Señor de abundancia, y a fin de no creer jamás que nos bastamos a nosotros mismos, como hacen los insensatos de las ciudades.


Leer más...
26 agosto 2008

Sólo la evidencia de la vida no se ve ni se cree aquí abajo. Es cierto que la evidencia de la muerte no se entiende mejor. Incluso los sencillos ya no ven ni adoran al Señor de vida. ¿Quién nos enviará un misionero salvaje para convertirnos a la evidencia y al amor del Altísimo?

El Mensaje Reencontrado


(extractos)

Cada aurora que llega es un acontecimiento sagrado, y todos los días son sagrados, pues la luz viene de vuestro Padre Wakan-Tanka; y debéis también acordaros siempre que los hombres y todos los demás seres que están en esta Tierra son sagrados y deben ser tratados como tales.

Tú nos has enseñado que la cazoleta redonda de esta Pipa es el verdadero centro del Universo y el corazón del hombre.

«Éste es el fuego que ayudará a las generaciones futuras si lo emplean según el misterio. Pero si no hacen un buen uso de él, este fuego tendrá el poder de causarles un gran daño.»

«Abuelo, este muchacho que Te ha ofrecido el Calumet ha oído una voz que le decía: ¡estáte atento cuando camines! Desea saber qué significa este mensaje; ahora hay que explicárselo. Este mensaje quiere decir que deberá siempre acordarse de Ti, oh Wakan-Tanka, cuando camine por el sendero sagrado de la vida, y que debe prestar atención a todos los signos que nos has dado. Si siempre actúa así, se convertirá en un hombre sabio y será un guía para su pueblo. ¡Oh Wakan-Tanka. ayúdanos a estar siempre atentos!
Este muchacho ha visto también las cuatro edades en esta estrella del lugar donde sale el sol. Son las edades por las que deben pasar todas las criaturas a lo largo de su viaje que va del nacimiento a la muerte. Todos los pueblos y todas las cosas deben pasar por estas cuatro edades.
Oh Wakan-Tanka, cuando este muchacho vio la aurora del día, vio como tu luz venía al Universo; es la luz de la sabiduría. Has revelado todas estas cosas porque tu voluntad es que los pueblos del mundo no vivan en las tinieblas de la ignorancia.
Oh Wakan-Tanka, Tú has establecido un parentesco con este muchacho, y con este parentesco comunicará vigor a su tribu. Los que estamos aquí sentados representamos a toda la nación y Te damos gracias, oh Wakan-Tanka. Elevamos ahora las manos hacia Ti y decimos: Oh Wakan-Tanka, Te damos gracias por este conocimiento y este parentesco que nos has dado. ¡Muéstrate siempre misericordioso con nosotros! Que este parentesco exista hasta el fin.»

Este joven que ha implorado una visión por primera vez se convertirá quizá en un hombre santo; si camina con el pensamiento y el corazón fijos en el Gran Espíritu y en sus Poderes, como se le ha enseñado, andará ciertamente por el sendero rojo que conduce a la bondad y a la santidad. Pero todavía deberá implorar una visión por segunda vez, y entonces los malos espíritus pueden tentarle; pero si es realmente un elegido resistirá firmemente y vencerá a todos los pensamientos dispersantes; será purificado de todo lo que es nocivo y podrá recibir entonces alguna gran visión que dará vigor a la nación. Si después de esta segunda lamentación todavía tiene dudas, que lo intente una tercera y aún una cuarta vez; y si permanece sincero y se humilla ante todas las cosas, recibirá ayuda con seguridad, pues el Gran Espíritu ayuda siempre a los que le imploran con el corazón puro.

Haréis un círculo de piel sin curtir que represente el sol; estará pintado de rojo, pero el centro será un círculo azul, pues este centro, que es el más íntimo, representa el Gran Espíritu en su aspecto de Abuelo nuestro. La luz de este sol ilumina a todo el Universo, y al igual que las llamas del sol nos llegan con la aurora, así desciende sobre nosotros la gracia del Gran Espíritu, que ilumina a todas las criaturas. Ésta es la razón por la que los cuadrúpedos y los seres alados se alegran cuando aparece la luz.

Sabéis que a lo largo del cañón de la Pipa hay una vía que va derecho al centro y al corazón del Calumet; que vuestros pensamientos sean tan rectos como esta vía.

A cada lado de la entrada se habían colgado unas pieles que formaban un sendero de una longitud de diez pasos; el tabique de pieles tenía una altura de cuatro pies; éste es el sendero de la vida, que conduce a la tienda. El que entra por él no puede desviarse del camino, pues los tabiques se lo impiden; debe, pues, caminar en línea recta hacia el centro.

El empleo de este color azul es muy importante; su santidad es evidente cuando se comprende su significado, pues, como he dicho a menudo, el poder de una cosa o de un acto reside en la comprensión de su sentido. El azul es el color de los cielos; al poner el azul sobre el tabaco, que representa a la tierra, hemos unido el cielo y la tierra, y todo ha sido unificado.

«Oh Tú, Huntkd, Ser y Poder del lugar de donde viene la aurora del día y la luz del Gran Espíritu, Tú que eres de largo aliento y que das el conocimiento a los hombres, da hoy algo de tu sabiduría a esta virgen, La Mujer Bisonte Blanco Aparece, que va a ser purificada. ¡Ayúdanos con tus dos días rojo y azul! Hay un lugar para Ti en el Calumet.»

«Oh Tú, Cisne Blanco, Poder del lugar hacia el que siempre nos volvemos, que controlas el sendero de las generaciones y de todo cuanto se mueve, vamos a purificar a una virgen para que sus generaciones futuras puedan caminar de un modo conforme al misterio por el camino que Tú controlas. Hay un lugar para Ti en el Calumet. ¡Ayúdanos con tus dos días rojo y azul!»

¡Que las aguas purificadoras del lugar donde se pone el sol desciendan para purificarte! ¡Que seas como la nieve purificante que viene del lugar donde vive Wazia! ¡Que el lucero del alba te dé sabiduría cuando la aurora del día descienda sobre ti! ¡Que el Poder del lugar hacia el que siempre nos volvemos te purifique, y que los pueblos que han caminado por este sendero recto y bueno te ayuden a purificarte! ¡Que seas como el Cisne Blanco que vive en el lugar hacia donde miras, y que tus hijos sean tan puros como los hijos del Cisne!»
Leer más...