Saltar al contenido

·

La Clavícula de la Ciencia Hermética (3/5)

III



Michael Maier, Atalanta Fugiens

"Así, pues, la materia resulta más inútil de lo que uno podría pensar, sin un exacto conocimiento del fuego, del recipiente y del atanor."

La naturaleza proporciona el alimento y es el fuego interior quien lo digiere y lo transmuta. Quien pretende hacerlo mejor no es más que un presuntuoso ignorante.

El hombre se convierte en su propio instructor, su propio juez y su propio salvador cuando penetra hasta el centro secreto de su corazón.
IX: 55-55’

"Personalmente sigo apoyando que la Naturaleza es el único guía y la única maestra en esta obra; puesto que, al recordar a su autor, no podría equivocarse ni hacer que se equivoquen los demás."

La naturaleza enseña al Sabio y el Sabio ayuda a la naturaleza, a fin de que el fruto aparezca a la vida y se vuelva perfecto.

Quien sabe unir los contrarios de igual naturaleza posee la ciencia.
III: 34-34’

"Conociendo la materia de esta forma me queda todavía por considerar y buscar cómo debe ser corregida y depurada. Esto no se hace por ningún fuego elemental ni artificial, en ningún recipiente ni horno, sino por su propio fuego que el Creador ha dado, inmediatamente y desde el principio, a la Naturaleza, y que nosotros heredamos.

El labrador la conoce a pesar de la rudeza de su instinto, y el Alquimista más experto la ignora por completo.”

El jardinero es el más sabio de los hombres, pero lo ignora, porque trabaja con simientes oscurecidas y sobre una tierra mezclada con muerte.
I: 25'

"Asimismo, el recipiente tampoco es artificial, ni hecho a mano, sino natural y homogéneo, oblongo con un cuello, es cerrado y abierto según las exigencias de las necesidades, es opaco y oscuro. En éste, que es único en la Tierra, la materia empieza, es cocida y perfeccionada. Cualquiera puede hacerse con él en todas partes y en todo momento y no cuesta tanto como el fuego cuya materia cuesta a tanta gente. Se cierra por sí mismo herméticamente y se vuelve a abrir. No recibe más de lo que conviene y rechaza lo que es superfluo; de modo que no cabe preocuparse en absoluto por las proporciones ni cantidades; puesto que la Naturaleza no ignora lo que necesita mientras se le proporcione los auxilios necesarios."

El ignorante habla de suprimir el mal, el Sabio se limita a separarlo y a rechazarlo a fin de glorificar el bien sin trabas.

Él reúne los contrarios con peso y medida, ya que hace falta mucho cielo para mezclarlo con un poco de tierra.
VIII: 18’; VI: 53’

"Lo que dificulta esta obra es:

-El conocimiento y el cuidado que hay que tener durante las horas del parto, pues esta obra se asemeja bastante a la generación del hombre, por tener sus horas de concepción y parto."

Desde el instante de la concepción hasta el momento del alumbramiento, la virgen permanecerá bajo la custodia del Sabio.

Los cambios del mundo purgan la creación; el perfeccionamiento interior conduce al reposo en la paz eterna.
X: 35-35’