(Estudio comparativo del texto copto de Nag Hammadi con El Mensaje Reencontrado)
1. Y dijo: «Quien encuentre el sentido de estas palabras no gustará la muerte».
Demasiada gente pretende enseñarnos el sentido oculto de las Escrituras, cuando a la vista está que no gozan de las bendiciones que proporciona tal conocimiento, ya que las obras de vida deben confirmar las palabras santas y Sabias, a ejemplo de la creación que manifiesta la virtud del verbo divino.
«Si somos ignorantes estudiemos la naturaleza y si nos creemos instruidos volvámonos sencillos en Dios».
VI: 62
2. Dijo Jesús: «El que busca no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo».
¡Oh, terrorífico misterio del salvamento o de la perdición del hombre extraviado en la mugre de la muerte!
Nos fundimos de terror, nuestros dientes castañean y nuestro pelo se eriza a pesar de nuestra loca esperanza.
XXXVI: 30-30'
3. Dijo Jesús: «Si aquellos que os guían os dijeren: Ved, el Reino está en el cielo, entonces las aves del cielo os tomarán la delantera. Y si os dicen: Está en la mar, entonces los peces os tomarán la delantera. Mas el Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y caeréis en la cuenta de que sois hijos del Padre Viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, estáis sumidos en la pobreza y sois la pobreza misma».
El mundo caído es, en realidad, el inmundo bajo el cual está oculto el verdadero mundo que debemos reencontrar y magnificar en Dios.
Predicamos el cielo terrestre y la tierra celeste, y no el cielo desencarnado ni la tierra exiliada, como hacen los extremistas que separan pero que no saben unir.
Deseamos el reino unido, el reino completo, el reino de Dios.
XXXVII: 63-63"
4. Dijo Jesús: «No vacilará un anciano a su edad en preguntar a un niño de siete días por el lugar de la vida, y vivirá; pues muchos primeros vendrán a ser últimos y terminarán siendo uno solo».
¿Los primeros no vienen ahora en último lugar? ¿Y los últimos no están en primer lugar? ¿Abriremos los ojos y comprenderemos la lección del Altísimo? ¿Veremos la luz brillar y enderezarse?
XXIX: 22'
5. Dijo Jesús: «Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto».
El inaccesible se mueve ante nuestros ojos y descansa en nuestras manos.
¿Quién lo hará visible? Y ¿quién le dará el peso de la encarnación divina?
X: 11'
6. Le preguntaron sus discípulos diciéndole: «¿Quieres que ayunemos? ¿Y de qué forma hemos de orar y dar limosna, y qué hemos de observar respecto a la comida?» Jesús dijo: «No mintáis ni hagáis lo que aborrecéis, pues ante el cielo todo está patente, ya que nada hay oculto que no termine por quedar manifiesto y nada escondido que pueda mantenerse sin ser revelado».
La malicia de los malvados les permite engañar y robar a los hombres durante algún tiempo, pero jamás les permitirá engañar y robar a Dios, ni tan sólo un segundo. Esto está totalmente asegurado.
XXXVII: 59
7. Jesús dijo: «Dichoso el león que al ser ingerido por un hombre se hace hombre; abominable el hombre que se deja devorar por un león y éste se hace hombre».
En vano intentaremos creer, ver e incluso tocar; si no poseemos la Madre eterna y el Padre divino jamás alcanzaremos al Hijo santo.
La virtud del león domado prevalece sobre la dulzura natural del cordero y, ambos reunidos, engendran la perfección del Señor último.
XIII: 18-18'
8. Y dijo: «El hombre se parece a un pescador inteligente que echó su red al mar y la sacó de él llena de peces pequeños. Al encontrar entre ellos un pez grande y bueno, aquel pescador inteligente arrojó todos los peces pequeños al mar y escogió sin vacilar el pez grande».
El mundo es plural pero el hombre es singular.
El gran conocimiento mora en el fondo de nosotros.
III: 28-28'
9. Dijo Jesús: «He aquí que el sembrador salió, llenó su mano y desparramó. Algunos (granos de simiente) cayeron en el camino y vinieron los pájaros y se los llevaron. Otros cayeron sobre piedra y no arraigaron en la tierra ni hicieron germinar espigas hacia el cielo. Otros cayeron entre espinas —éstas ahogaron la simiente— y el gusano se los comió. Otros cayeron en tierra buena y (ésta) dio una buena cosecha, produciendo 60 y 120 veces por medida».
Basta con que el labrador labre, pues Dios es quien siembra, riega, hace germinar, florecer, fructificar y quien multiplica la simiente.
XV: 49'
10. Dijo Jesús: «He arrojado fuego sobre el mundo y ved que lo mantengo hasta que arda».
Las sutilezas intelectuales son nimiedades respecto al conocimiento del mundo total.
Arrojemos nuestra ciencia al fuego y nos producirá por fin algo bueno, como la simplicidad de las cenizas.
XI: 3-3'
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Fuente del texto (excepto notas comparativas): Los Evangelios Apócrifos, por Aurelio De Santos Otero, BAC
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